Sábado, 24 de Julio del 2021
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La última carta de Alan García

Publicado el 14/06/11

Para quienes votaron en blanco, viciaron su voto o se abstuvieron de votar, el resultado del domingo 5 de junio les debe haber ocasionado sentimientos encontrados: Por un lado, alegría por la derrota de Keiko Fujimori; por otro lado, desazón por el triunfo Ollanta Humala. Pero quien debe haber sentido una desazón aún mayor es nada menos que el presidente de la República Alan García Pérez, pues confiaba en que saldría ganador la lideresa de Fuerza 2011.

Aún recordamos su memorable frase: “Puedo impedir que un candidato gane las elecciones”. Pudo evitar que Alejandro Toledo no pase a la segunda vuelta, mas no pudo impedir que Ollanta Humala gane.

A lo largo de las jornadas electorales el presidente de la República apostó sucesivamente por tres candidatos: Luis Castañeda Lossio, Pedro Pablo Kuczynski y Keiko Fujimori Higuchi.

Nada pudo hacer para evitar la caída vertiginosa del ex alcalde de Lima en las encuestas, a raíz de las acusaciones en su contra: Enriquecimiento ilícito y corrupción por el caso “Comunicore”, así como también cuestionamientos por el sobrecosto del proyecto de transporte El Metropolitano. A Castañeda Lossio sólo le quedaba retirarse de la contienda a fin de salvar en algo su prestigio, pero siempre les restó importancia a las encuestas, aduciendo que se trataban de fotografías del momento. Luego de su contundente derrota en los comicios, le debe haber quedado claro que más que fotografías del momento, las encuestas son el vivo retrato de su futuro político.

El presidente García no percibió en Pedro Pablo Kuczynski al gringo que estaba dispuesto a sacrificar su nacionalidad norteamericana si ocupaba la presidencia de la República, sino al oponente directo de su mayor enemigo en los comicios presidenciales: Alejandro Toledo Manrique. Aun cuando su candidato no pasó a la segunda vuelta, al menos impidió que este último lograra su propósito.

Con Keiko Fujimori Higuchi se jugaba su última carta, por tanto tenía que explotar al máximo las virtudes de su candidatura: Su simpatía y condición de mujer, la proverbial amnesia del pueblo peruano, la visión acuartelada de su oponente, el escozor que provoca una política económica centrada en los más necesitados, la participación del “capitán Carlos” en Madre Mía en Tocache (Alto Huallaga).

No contó, sin embargo, con la respuesta de los asesores de campaña del comandante Ollanta, quienes se dedicaron a recordar el lado tenebroso de la década de los noventa, de modo que la imagen de su candidata Keiko Fujimori Higuchi fue tomando progresivamente su verdadero rostro: la del ex presidente de la República Alberto Fujimori Kenya (1990-2000). Menos aún pudo sospechar que personas de su propio entorno estaban trabajando para la campaña del comandante: Martha Chávez, quien se manifestó dispuesta a hacerle pagar al Presidente de la Corte Suprema, César San Martín Castro su delito por haber sentenciado a 25 años al ex presidente Alberto Fujimori; Jorge Trelles, para quien el genocidio no está determinado por el exterminio sistemático propiamente, sino por la cantidad de muertos; Rafael Rey, quien trató de exculpar a Vladimiro Montesinos al no haber sido testigo de que haya cometido un asesinato.

No sólo por prudencia y decoro la Iglesia Católica debía mantenerse al margen de esta disputa electoral, sino también por razones estratégicas, sin embargo el arzobispo de Lima, cardenal Juan Luis Cipriani expresó su enojo cuando el premio Nobel de Literatura Mario Vargas Llosa pidió a los peruanos que votaran a favor de Ollanta Humala, pues consideró que estaba incurriendo en un grave error.

¿Esta secuencia de desaciertos – que en realidad comienza con la derrota de la candidata del PPC-UN, Lourdes Flores Nano en las elecciones municipales del 2010 – no ponen en cuestionamiento la capacidad del presidente de la República Alan García Pérez para designar a los perdedores de los comicios? ¿Aceptará finalmente que no están bajo su domino todos los componentes que actúan en una contienda electoral? Sólo sabemos que su atención la ha dirigido hacia el inquilino privilegiado de la DIROES, a fin de realizar una operación que le permita equilibrar fuerzas en el próximo Congreso de la República.

Por: Ricardo Vargas Pinto



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