Jueves, 24 de Mayo del 2018
turismo


Un total de 1.5 millones de turistas ya se encuentran en Río de Janeiro para vivir los carnavales más famosos del mundo

Publicado el 12/02/18

El Rey Momo. Millones de brasileños esperaron todo el año para olvidar los problemas económicos, la sequía en el sureste, el escándalo de corrupción de Odebrecht y la incertidumbre política que anteceden las elecciones generales del presente año.

La billetera. Cualquier persona que desea disfrutar de una noche de majestuosidad y color en las gradas del sambódromo necesita invertir entre 70 y 180 dólares por persona, mientras que estar en primera fila puede costar entre 1,430 y 2,500 dólares para un grupo de seis personas. Hay precios para todos los gustos y bolsillos.

El pueblo. Se puede ingresar al sambódromo pagando entre uno y tres dólares para ver de lejos los desfiles, aunque la visibilidad no es buena y la seguridad tampoco.

Algarabía. Los más entusiastas participantes son los habitantes de las favelas de Río, donde las escuelas de samba son tan veneradas como el club de fútbol de su corazón.

Mundo invertido. La fiesta acepta cowboys de chaleco y botas rosadas, hombres de piernas velludas vestidos de Blancanieves y jóvenes disfrazados de bebés con biberones con cerveza.

Ordenanza. Durante estos días, los ‘súbditos’ del Rey Momo solo se dedican a obedecer su real decreto: olvidar las preocupaciones cotidianas y disfrutar de las celebraciones.

El Carnaval de Brasil (Carnaval do Brasil en portugués) es una celebración anual que tiene lugar en Brasil con fecha variable entre febrero y marzo según el año. La fiesta se extiende por cuatro días y finaliza en la víspera al Miércoles de Ceniza (que marca el comienzo de la cuaresma). Tiene algunas variaciones con respecto a sus contrapartes europeas, y también diferencias a lo largo del territorio brasileño.

Las celebraciones de carnaval fueron llevadas a Brasil por navegantes españoles y portugueses, donde se mezclaron con la cultura afro-brasileña, adquiriendo su carácter especial, y se asocian con desfiles con carrozas, disfraces, bailes populares y excesos.1​ A pesar de la inspiración católica, sus orígenes europeos se remontan a una clase de carnaval llamado introito (“entrada” en latín) y entrudo en idioma portugués, que se caracteriza por el juego de tirarse agua de una persona a otra para purificar el cuerpo. El entrudo fue prohibido sin demasiado éxito a mediados del siglo XIX, porque era considerado violento por las clases sociales altas (se dice que algunas personas morían por infecciones y otras enfermedades debido a que algunas veces se lanzaban frutas podridas).

Los blocos (bloques), otro nombre para los cordões, son algunas de las actuales representaciones del carnaval popular de Brasil. Están formados por personas que se disfrazan de acuerdo a ciertos temas o celebran el carnaval de forma específica. Las escuelas de samba son verdaderas organizaciones que trabajan todo el año con el objetivo de prepararse para el desfile de carnaval, son especialmente notables los desfiles en el Sambódromo, estadio diseñado por el arquitecto Oscar Niemeyer, en el que unas 70.000 personas se dan cita cada año.

Las celebraciones principales se llevan a cabo en Río de Janeiro, Salvador de Bahía, Recife/Olinda y São Paulo, en donde las escuelas de samba, blocos y bandas ocupan barrios enteros. Algunas de ellas son:

En Río de Janeiro

Mangueira, Portela, Salgueiro, Beija-Flor, Imperatriz, Império Serrano, Mocidade Independente, União da Ilha, Estácio de Sá, Unidos do Viradouro.

En São Paulo

Nenê de Vila Matilde, Vai – Vai, Mocidade Alegre, Camisa Verde e Branco, Rosas de Ouro, Unidos do Peruche, Leandro de Itaquera, X-9 Paulistana, Barroca da Zona Sul.