Viernes, 22 de Septiembre del 2017
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Pianista András Schiff tocará Bach en el Gran Teatro Nacional

Publicado el 16/08/17

El grupo de melómanos limeños que en 1907 fundó la Sociedad Filarmónica no habría podido imaginar que su institución sería, ciento diez años más tarde, la más antigua corporación musical del país y una de las decanas de su tipo en América Latina. La única que, contra viento y marea, se ha mantenido en actividad ininterrumpida en la tarea de difundir la buena música.

Presidida por el filósofo Salomón Lerner Febres, esta institución ofrece una temporada de 34 conciertos este año y se apresta a festejar su aniversario con un recital a cargo de András Schiff, uno de los mayores pianistas de nuestro tiempo, quien ofrecerá un programa dedicado íntegramente a los preludios y fugas del libro primero de “El clave bien temperado” de Juan Sebastián Bach, obra que es una cumbre del barroco y una de las catedrales de la música occidental.

LA OBRA

Preludios. Fugas. Las definiciones de unos paisajes –unas escalas, un universo de acordes– y luego, la forma de las formas, aquella en que la música, supuestamente, solo habla de música. Con veinte años de diferencia, en 1722 y en 1742, Johann Sebastian Bach escribió dos libros, cada uno de ellos con 24 preludios y fugas en cada una de las tonalidades mayores y menores. Los tituló Das wohltemperierte Klavier (El clave bien temperado). Ni más ni menos que las dos tablas de la Ley, dictadas por quien la música de tradición académica acabó asumiendo como su Dios indiscutido. Una obra maestra en sentido doble: por su maestría pero, también, por su efecto de potestad sobre los sonidos por venir.

Lejos de la idea actual de lo que es una obra de concierto, estas colecciones en que se presentaba la summa del saber de la época, articulada con toda la creatividad de la que su artífice era capaz, no tenía un fin específico y tampoco estipulaba con exactitud el instrumento en que debía interpretarse. Su escritura indicaba que se trataba de música para teclado pero eso era todo. “Tocar esta música en un piano moderno implica confrontarse con varias preguntas fundamentales; las respuestas nunca son simples”, explica András Schiff, uno de los pianistas más importantes de las últimas décadas.

El intérprete que grabó para el sello ECM una integral de referencia de las sonatas de Beethoven y las Variaciones Goldberg, de Bach, actuará mañana en el Gran Teatro Nacional. Y tocará el primer libro de El clave bien temperado. “La primera pregunta –precisa– es cuál es el instrumento ‘correcto’ para esta obra: ¿el clavicordio, el clavicembalo, el órgano, el clave con pedalera? ¿Podemos permitirnos tocar Bach en un instrumento que él no pudo haber conocido?”

El musicólogo Paul Griffiths, en sus notas para la edición discográfica de la obra, escribe: “Todo, en El clave bien temperado, aparece en pares, pero esos pares, a diferencia de las alas de las mariposas, despliegan una asimetría esencial. Una asimetría que suena inevitable, siempre natural”. Para Schiff, “la música de Bach nunca es blanca o negra; está llena de colores.” En todo caso, hay allí una tensión que construye gran parte de su atractivo y en la que la distancia –y los posibles acercamientos– pugnan con lo contextual, lo que solo existe cuando es interpretado por alguien. Sonido puro y, también, sonido de lo puro. Y, al mismo tiempo, un tratado acerca de lo posible. Del sonido real de un intérprete recorriendo el mapa –y las fronteras– delimitadas por las distintas escalas.

EL pianista

Schiff ya tocó en Lima en 2012, huésped de la Filarmónica. “Hasta que tenga algo para decir que no haya sido dicho ya hace 60 años por un genio como Arthur Schnabel, no tengo por qué grabarlas”, decía antes de registrar su interpretación de las Sonatas de Beethoven. Después grabó a Schumann y a Bach. Ha registrado todas las sonatas de Schubert, cuando nadie tocaba, con suerte, más que las tres últimas –que él grabó en un fortepiano de época–. Su interpretación de la casi secreta D 850, en Re Mayor, que el novelista Haruki Murakami convirtió en virtual coprotagonista de Kafka en la orilla, es extraordinaria.

Schiff también ha registrado la obra pianística del checo Leos Janacek, música de Mozart, Schumann, Bartók y poco más. Asegura que “se puede vivir sin Rachmaninov, pero no sin Bach”, y concluye: “No digo que la música de Liszt o Rachmaninov sea mala; los respeto como compositores y pianistas, pero prefiero consagrarme a los músicos que adoro, como Mozart, Schubert, Schumann, Bartók o Bach, el más genial de todos los compositores”.