Jueves, 8 de Diciembre del 2016


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La comparación de Trump con Hitler

Publicado el 15/03/16

Andres-OppenehimerANDRÉS OPPENHEIMER

El presidente de México, Enrique Peña Nieto, no debió haber comparado al candidato republicano Donald Trump con Adolfo Hitler. Debería haberlo comparado con Herbert Hoover.

Hoover, como recordarán, fue el presidente estadounidense que según la mayoría de los economistas condujo a Estados Unidos a la Gran Depresión de la década de 1930. Al igual que Trump, Hoover era un populista republicano que durante su campaña presidencial propuso elevar las tarifas aduaneras para proteger a los trabajadores estadounidenses. Una vez electo, se produjo una guerra comercial que llevó a la Gran Depresión.

En una entrevista publicada con el diario mexicano Excelsior, Peña Nieto comparó el discurso de Trump con los de Hitler y Benito Mussolini. Refiriéndose a los ataques de Trump contra los inmigrantes mexicanos indocumentados, Peña Nieto dijo: “Así llegó Mussolini, así llegó Hitler”.

Pero la comparación no fue ni original ni adecuada para un presidente mexicano. Ya se había hecho un millón de veces en Estados Unidos después de que el ex líder del KKK, David Duke, anunció que iba a votar a favor de Trump.

Lo que es más importante, la comparación de Trump con Hitler trivializa el horror de la muerte de millones de víctimas del Holocausto, y hace que muchos seguidores de Trump piensen que todo lo que se dice sobre su candidato es exagerado, y parte de una campaña de difamación.

En cambio, el presidente de México debería haber hecho la comparación con Hoover. Durante su campaña presidencial de 1928, Hoover propuso elevar las tarifas aduaneras de los productos agrícolas para ayudar a los agricultores estadounidenses.

El problema fue que, una vez electo, aumentó los aranceles sobre las importaciones agrícolas, y otras industrias estadounidenses exigieron tarifas aduaneras similares para proteger sus propios productos. Muy pronto, todas las industrias estadounidenses –afectadas por el desplome de Wall Street en 1929– estaban pidiendo subir las tasas aduaneras.

En 1930, Hoover firmó la Ley Arancelaria Smoot-Hawley, que elevó las tasas aduaneras a niveles récord. Eso llevó a otros países a responder subiendo sus propias tarifas aduaneras a sus importaciones de productos estadounidenses.

La guerra comercial que siguió condujo a una caída del 66 por ciento del comercio mundial entre 1929 y 1934. Según cifras del Departamento de Estado, las exportaciones de Estados Unidos a Europa cayeron de $1,334 millones en 1929 a $784 millones en 1932.

Los economistas debaten hasta el día de hoy si la Ley Smoot Hawley y los aumentos de las tarifas aduaneras que la precedieron causaron la Gran Depresión. Pero pocos discuten que fueron factores que aceleraron la crisis de 1930.

Trump ha dicho que va a imponer una tarifa aduanera del 35 por ciento sobre las importaciones de automóviles de México. Cuando se le preguntó el 25 de febrero si eso no desencadenaría una guerra comercial con México, Trump respondió: “Bueno, ya sabes, no me importan tanto las guerras comerciales cuando estamos perdiendo $58,000 millones al año”.

Al margen del hecho de que se trata de una estadística tramposa –no toma en consideración el hecho que el 40 por ciento de los componentes de los automóviles hechos en México son estadounidenses– Trump olvida los peligros de una guerra comercial como la que aceleró la Gran Depresión.

Además, Hoover –como Trump hoy– culpó a los inmigrantes mexicanos indocumentados por gran parte de los problemas económicos de Estados Unidos. En 1929, Hoover puso en marcha un programa de repatriación que obligó a medio millón de mexicanos indocumentados a regresar a su país de origen.

Mi opinión: No, presidente Peña Nieto, su analogía puede ser buena para consumo interno en México, pero trivializa el Holocausto y desperdicia una oportunidad de oro para decirles a los electores estadounidenses que el populismo simplista de Trump podría llevar a otra Gran Depresión.

Su argumento debe ser que los estadounidenses que ahora pagan $24,000 por un carro Ford Fusion importado de México pasarían a pagar $32,000 con la tarifa aduanera que propone Trump, y que la industria automotriz en Estados Unidos ya no podría competir en otros mercados del mundo sin piezas automotrices de bajo costo producidas en México.

Mientras Trump no tenga sangre en sus manos, no se le debe comparar con Hitler, sino con Hoover.

Columnista de Miami Herald