Viernes, 27 de Marzo del 2026
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«El amor no muere»: El legado de Elisabeth Kübler-Ross

Publicado el 27/03/26

Lima, 27 de Marzo del 2026.- En el mes de la mujer, queremos rendir homenaje a una figura extraordinaria -médica psiquiatra, autora y docente- que, desde el primer momento, ha inspirado a Casa Khuyana. Elisabeth Kübler-Ross fue una mujer adelantada a su época. Valiente y compasiva, se atrevió a acercarse a quienes muchos evitaban: a las personas en proceso final de vida.

En un tiempo en el que la muerte era un tema silenciado, Elisabeth decidió mirar de frente el sufrimiento, escuchar, acompañar y aprender de quienes estaban atravesando ese momento. Fue pionera en darle voz a estas experiencias y en humanizar el final de la vida. Su legado es una gran inspiración para Casa Khuyana, no solo por lo que enseñó, sino por cómo lo hizo: con valentía, sensibilidad y una mirada muy humana.

También fue quien nos dejó uno de los marcos más conocidos para comprender el duelo, compuesto por cinco momentos: la negación, la ira, la negociación, la tristeza y la aceptación. Hoy sabemos que el duelo no es lineal ni igual para todos; puede tomar distintas formas, con idas y vueltas y tiempos propios en cada persona. Sin embargo, su aporte sigue siendo fundamental, porque nos ayudó a ponerle palabras a lo que sentimos.

El duelo es una experiencia personal, aunque no necesariamente solitaria. Las etapas que identificó Kübler-Ross no son rígidas, sino orientadoras: reflejan emociones y vivencias que muchas personas reconocen en su camino.

En Casa Khuyana compartimos esa forma de entender el final de la vida. Por eso, nuestro foco está en brindar la mayor normalidad posible en ese proceso, tanto a los niños que lo atraviesan como a sus familias. Que cuenten con acompañamiento psicoemocional, social, médico y espiritual, contemplando al ser humano en todas sus dimensiones. Y nada menos que en el corazón del Valle Sagrado de los Incas, rodeados de jardines verdes y floridos, y del aire puro que envuelve los sentidos en días especiales.

Sabemos que el cuidado no termina con la muerte, sino que continúa en los momentos posteriores, en la vivencia del duelo de los seres queridos. Como decía Elisabeth: “el amor no muere”.

Honrar ese legado, desde la escucha y la contención, es un compromiso de nuestro hospice pediátrico, el primero del Perú. Queremos sumar vida a los días de los niños que esperamos pronto recibir. Y estamos trabajando con todo el corazón para hacerlo posible.

 



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