Lima, 24 de Marzo de 2026.- La Generación Z (Gen Z), conocida también como Centennials o post–millennials, está transformando el consumo de productos financieros, ya que es un grupo demográfico que creció en un entorno completamente digital, con acceso temprano a Internet, redes sociales y dispositivos móviles, lo que marco profundamente su forma de consumo, aprendizaje y comunicación.
Estos jóvenes, nacidos entre 1997 y 2012, están transformando la forma en la que se toman las decisiones financieras, ya que para ellos viajar ya no es un lujo ocasional, sino una extensión natural de su propio estilo de vida. Las escapadas cortas, experiencias auténticas, destinos que puedan compartir en redes sociales y, por supuesto, opciones que se ajusten a presupuestos flexibles, hacen parte de su estilo de vida. En este contexto, las herramientas financieras que utilizan, especialmente sus tarjetas, se han convertido en parte esencial de cómo viven, se mueven y se conectan con el mundo.
De acuerdo con el reciente informe global “De Estadios a Spas” de Collinson International, empresa propietaria de Priority Pass, el 77% de los jóvenes latinoamericanos afirma que sus intereses de viaje influyeron directamente en la elección de su tarjeta de crédito. Este dato muestra una generación que ya no separa sus decisiones financieras de sus expectativas de movilidad y bienestar. Ya no se trata de solo de tener opciones de pago rápidas y seguras, sino también beneficiarse en su estilo de vivir la vida.
Entre quienes ya cuentan con beneficios relacionados con viajes, el impacto emocional es igual de claro. Según el informe, el 55% afirma sentirse valorado por su banco, una señal de que las personas interpretan estos beneficios como reconocimiento y acompañamiento, no como un simple extra.
Esa percepción positiva tiene consecuencias directas en el comportamiento financiero. De acuerdo con Enrique Seminario, Commercial Market director de Collinson International, el 45% de los jóvenes que tienen beneficios de viaje dice que esto los motiva a usar más su tarjeta para gastos del día a día. “En otras palabras, cuando una tarjeta se ajusta a lo que buscan, no solo mejora la experiencia de viaje, sino que también se convierte en su método de pago más recurrente”.
El bienestar, se ha convertido en una razón constante para viajar y en la región, el 57% asegura que viaja principalmente para relajarse o desconectarse, una cifra que refleja la importancia que han tomado el descanso y la salud mental en un contexto donde la vida rápida, las ciudades grandes y la tecnología generan más presión que nunca.
Y si de afición al deporte hablamos…
Cuando se trata de eventos deportivos, las motivaciones también son intensas, según datos del informe, el 46% de los jóvenes latinoamericanos dice que viaja movido por la pasión hacia un equipo o una disciplina. Para ellos, asistir a un partido, torneo o competencia no es solo entretenimiento, sino un motor para explorar nuevos lugares, organizar viajes y justificar gastos que antes podrían haberse visto como secundarios.
En Perú, esta tendencia también es muy visible, ya que los jóvenes priorizan aquellos productos financieros que les permitan mejorar sus experiencias de vida, viajar más y acceder a beneficios que les permitan ahorrar tiempo y dinero. Collinson reporta en su informe que el 72% de los encuestados en Perú que no tienen tarjetas con beneficios de viajes están interesadas en adquirirlas y el 54% de quienes tienen los beneficios se sienten muy valorados y el 71% de quienes cuentan con beneficios de viaje, fueron influenciados a adquirir su tarjeta de pago debido a sus intereses en viajes deportivos y de bienestar.
Así mismo, el 61% de los viajeros afirma que le interesan más los viajes enfocados al bienestar, el 15% a los deportes y el 25% a ambos. En cuanto a los jóvenes, se puede decir que es una generación que mezcla intereses personales, bienestar emocional y decisiones financieras de forma integrada. La Gen Z peruana no busca lujo ni estatus: busca coherencia. Si un medio de pago le facilita lo que quiere vivir -viajar más. Gastar mejor- la adoptan; si no, la reemplazan sin dudarlo.
En conjunto, estas tendencias revelan a una generación que mezcla intereses personales, bienestar emocional y decisiones financieras de una manera completamente distinta a generaciones anteriores. Entender esta lógica se ha vuelto indispensable para cualquier institución que quiera conectar con los jóvenes en la región, pero también para comprender hacia dónde se mueve el comportamiento económico de las nuevas generaciones en Latinoamérica.