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Cáncer infantil: ¿Qué cambia cuando un niño se siente acompañado?

Publicado el 25/02/26
  • La experiencia que vive el niño durante su terapia influye en la adherencia y puede impactar en las tasas de curación.

Lima, 25 de Febrero del 2025.- En el país, más de 1930 niños y adolescentes han sido diagnosticados con cáncer, según cifras del Ministerio de Salud (Minsa). A nivel mundial, la incidencia ha mostrado un incremento; no obstante, las tasas de curación también continúan en aumento gracias a los avances en diagnóstico y tratamiento especializado.

Durante este mes se conmemora el Día Internacional de la Lucha contra el Cáncer Infantil, una ocasión que invita a reflexionar no solo sobre la detección oportuna, sino también sobre cómo viven los niños el proceso terapéutico.

El Dr. Juan García, especialista en Oncología Pediátrica de la Clínica Anglo Americana, señala que el objetivo no es únicamente tratar la enfermedad, sino procurar que el niño no atraviese esta experiencia en condiciones más difíciles de lo necesario.

“Nuestra política es que el paciente pediátrico pase por su tratamiento de la forma más llevadera posible. Cuando el niño se siente seguro, acompañado y contenido, desarrolla mayor confianza hacia el equipo de salud y mantiene una mejor adherencia. Esa continuidad en el tratamiento es un factor determinante para alcanzar mejores tasas de curación”, explica el Dr. Juan García, especialista en Oncología Pediátrica de la Clínica Anglo Americana.

El médico señala que cuando el proceso ocurre en un entorno de contención y confianza, el acompañamiento deja de ser un elemento accesorio y se integra como parte activa del tratamiento. Su impacto se hace visible en distintos momentos clave:

 

  • Adherencia al tratamiento: Cuando el niño se siente seguro y comprendido, enfrenta con mayor disposición sus controles y terapias. Esa experiencia positiva favorece la constancia y aumenta las probabilidades de que complete adecuadamente su esquema terapéutico.
  • Manejo del dolor y procedimientos invasivos: La confianza también influye en cómo el menor enfrenta los momentos más complejos, como la toma de muestras o la colocación de vías. Un entorno contenido permite anticipar, explicar y aplicar estrategias (como la sedación o el uso de catéteres que eviten punciones repetidas) para reducir el impacto físico y emocional.
  • Soporte emocional y psicológico: El acompañamiento profesional ayuda a que el niño procese lo que está viviendo con mayor tranquilidad. Cuando existe un vínculo sólido con la familia y el equipo tratante, disminuyen la ansiedad y el temor frente a cada etapa del proceso.
  • Participación activa de la familia: La familia no solo acompaña, sino que forma parte del tratamiento. Su actitud, confianza y contención influyen directamente en cómo el menor asume cada procedimiento y sostiene el proceso terapéutico.
  • Vínculo con el equipo de salud: Más allá del trabajo asistencial, el equipo de salud se convierte en una figura de referencia para el paciente. “Muchas veces el médico o la enfermera pasan a ser alguien en quien el niño confía, con quien puede expresar lo que siente. Ese vínculo es parte del proceso de recuperación”, añade el Dr. Juan García.

Frente a un diagnóstico de cáncer infantil, el impacto inicial en las familias suele ser profundo. Sin embargo, el Dr. García enfatiza que las expectativas de recuperación son cada vez mayores.

“Si bien es un diagnóstico que genera temor, hoy contamos con mayores tasas de curación. Con tratamiento oportuno, acompañamiento integral y una adecuada adherencia, las posibilidades de recuperación son significativamente mejores”, concluye.



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