Lima, 23 de Diciembre del 2025.- El Perú enfrenta un desafío estructural en su transición hacia una matriz eléctrica más limpia y resiliente. Si bien en la última década se han desarrollado proyectos solares y eólicos en distintas regiones del país, la generación eléctrica continúa altamente concentrada en el gas natural, que representa casi la mitad de la producción nacional de electricidad. Esta dependencia limita la diversificación del sistema y lo expone a riesgos asociados a fallas de infraestructura, restricciones de suministro o cambios regulatorios, además de ralentizar el avance hacia un modelo energético de menores emisiones.
“La elevada concentración de la generación eléctrica en una sola fuente reduce la resiliencia del sistema. Diversificar no es solo una decisión ambiental, sino una medida técnica para mejorar la seguridad energética y reducir riesgos operativos a largo plazo”, señaló Cristóbal Monzó, Ingeniero de desarrollo de Quempin.
Esta estructura también impacta directamente al sector productivo. Las industrias requieren un suministro eléctrico estable, competitivo y predecible para sostener su crecimiento. Un sistema con baja diversificación puede verse afectado por eventos climáticos extremos, limitaciones en la red de transmisión o variaciones en los costos asociados a los combustibles, generando presiones sobre los costos operativos y la competitividad del país.
“Las empresas necesitan certeza energética para planificar inversiones y crecer. Un sistema eléctrico poco diversificado introduce incertidumbre y puede afectar la competitividad de sectores clave de la economía. El desarrollo de energías renovables permite desacoplar parte del sistema eléctrico de la volatilidad de los combustibles y avanzar hacia una matriz más limpia, estable y competitiva, en línea con los compromisos climáticos del país”, enfatizó Monzó.
Para materializar esta transición, resulta clave fortalecer la infraestructura eléctrica, en particular los sistemas de transmisión, y consolidar instrumentos de política pública que incentiven el desarrollo de proyectos renovables modernos, tanto a gran escala como en zonas con acceso limitado a un suministro eléctrico confiable. Iniciativas como la Política Energética Nacional al 2040, el marco de promoción de Recursos Energéticos Renovables y los lineamientos emergentes en torno al hidrógeno de bajas emisiones ofrecen una base concreta para avanzar de manera ordenada y gradual.
“El desafío no es solo tecnológico, sino también de planificación e inversión. Fortalecer la infraestructura y los incentivos adecuados permitirá aprovechar de mejor manera el potencial solar, eólico y de bioenergía del país. El reto consiste en transformar la matriz energética de forma segura y técnicamente robusta, de modo que la electricidad no solo cubra la demanda, sino que se convierta en un habilitador de competitividad, sostenibilidad ambiental y mejora de la calidad de vida para millones de peruanos”, concluyó Monzó.