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¿La IA reemplazará a los Humanos? Todavía no, según 3 casos de estudio

Publicado el 18/09/25

Pese a los impresionantes avances de la IA, todavía se necesita el factor humano

Lima, 18 de Setiembre del 2025.- La discusión está en la calle, en las oficinas y en todos lados. La inteligencia artificial avanza a un ritmo que impresiona y, con ella, la pregunta sobre el futuro de los trabajos humanos.

Las cifras resultan preocupantes. Por ejemplo, un informe de Goldman Sachs proyecta que hasta 300 millones de empleos podrían verse afectados por la IA a nivel mundial.

Sin embargo, a pesar de este avance formidable y su capacidad para optimizar procesos, la tecnología sigue chocando contra un límite muy claro. Todavía no puede reemplazar lo que nos define.

Estos son tres escenarios donde la inteligencia artificial ya es una realidad, pero el factor humano demuestra por qué, al menos por ahora, sigue siendo insustituible.

Jugadores de IA frente a la psicología

La inteligencia artificial encontró en los juegos de estrategia complejos su campo de pruebas definitivo.

La victoria de AlphaGo sobre Lee Sedol, el campeón mundial de Go, en 2016, demostró que una máquina podía dominar un juego que, por su complejidad casi infinita, parecía un terreno exclusivo de la intuición humana.

Estos sistemas aprenden tras jugar millones de partidas contra sí mismos, para así perfeccionar estrategias con una lógica fría y una capacidad de cálculo que ningún cerebro puede igualar.

Debido a esta velocidad de ejecución, precisión y simplificación de procesos, la mayoría de industrias utilizan cada vez más esta tecnología, especialmente en los juegos online.

Incluso se han creado algunos sistemas incluso en juegos con gran influencia humana y la IA todavía no puede ser tan efectiva como el poker. Las plataformas donde se juega al poker online ya han probado y utilizado crupieres con este sistema pero también contra sistemas de IA diseñados para jugar contra jugadores y hay algunos puntos en los que no es tan completo como el jugador humano, a pesar de entender e incorporar todas las fórmulas matemáticas en su toma de decisiones.

Un sistema como Pluribus, famoso por haber derrotado a los mejores jugadores de póker del planeta, puede ejecutar un bluff al considerarlo una jugada estadísticamente favorable, pero no comprende la psicología que esconde el engaño.

Es incapaz de percibir la duda en un gesto, el exceso de confianza en una apuesta o el sutil cambio de dinámica sobre la mesa. Carece de la astucia para manipular la mente de su oponente.

Ahí es donde la diferencia se vuelve evidente. La IA es una jugadora excepcional en el tablero y una guardiana imparcial en la red. Pero cuando hay que utilizar la parte psicológica que se libra el ser humano todavía conserva el control y lo mismo puede decirse de casi todos los ámbitos donde, a pesar de que la IA agiliza algunos procesos, siempre requiere de mediación y análisis por parte del lado humano.

Cuidadores robóticos y el valor de un gesto

El envejecimiento de la población es un desafío global que no solo afecta a las grandes superpotencias. En este escenario, la falta de personal sanitario ha acelerado la inversión en cuidadores robóticos.

Sistemas como Riba 2 ya ayudan a levantar pacientes vulnerables, mientras que JunoBot automatiza el transporte de insumos en residencias y libera a la gente de las tareas más pesadas.

El principal aporte de la IA en el cuidado de las personas es la vigilancia. Estos sistemas pueden detectar caídas, medir signos vitales y alertar a emergencias. Además, ayudan con los recordatorios para la medicación, un detalle que evita olvidos peligrosos.

Y la aceptación crece. En Japón, pionero en este desafío demográfico, un sondeo reveló que el 80 % de los ciudadanos no tendría problemas en recibir cuidados de un robot.

Este interés se ve en los números. De acuerdo con una investigación de Kings Research, el mercado de la robótica para rehabilitación podría superar los 1400 millones de dólares para 2031, y países como Corea del Sur ya lo tratan como una prioridad nacional.

Pero, a pesar de su eficiencia, estos sistemas todavía no logran superar la barrera infranqueable del «déficit de empatía».

Un robot puede simular una conversación o identificar una emoción básica, pero no puede forjar una conexión real. Una IA, por más avanzada que sea, no ofrece el consuelo que solo nace de la comprensión humana.

La IA en la policía

Las fuerzas de seguridad ya están usando inteligencia artificial para modernizar su trabajo contra el delito. De hecho, en nuestro país ya se están promulgando legislación que considera esta tecnología.

Por ejemplo, la startup Vaak desarrolló un software que analiza el lenguaje corporal en comercios para detectar posibles hurtos antes de que sucedan.

Estos sistemas procesan miles de horas de video y datos para encontrar patrones que permitan a la policía anticipar incidentes y usar mejor sus recursos.

Los beneficios son claros. El análisis de grandes volúmenes de datos destapa redes criminales complejas. De hecho, jurisdicciones que usan sistemas predictivos similares informaron mejoras de hasta un 29 % en los tiempos de respuesta.

Pero esta eficiencia tiene un precio. Los algoritmos pueden funcionar como una «caja negra» y tomar decisiones incomprensibles o, peor aún, replicar prejuicios.

Si los datos con los que se entrena al sistema están sesgados, la IA los amplificará, lo que podría llevar a una vigilancia desmedida sobre ciertas comunidades.

Un algoritmo no entiende el contexto. No tiene juicio ético ni la capacidad de calmar un conflicto con empatía. Por eso, la dependencia de estas herramientas amenaza la discreción policial, que es esa capacidad humana para evaluar una situación más allá de los datos fríos.

Foto: fundacionbankinter.org.

 

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