Lima, 04 de Agosto del 2025.-Una rutina sin reflexión puede ser más perjudicial de lo que parece. Levantarse, cumplir con responsabilidades, regresar a casa y repetir el ciclo se ha convertido en el patrón de vida de miles de personas que estudian o trabajan sin un propósito claro. Esta forma de vivir en “modo automático” está afectando la salud emocional, la motivación y el rendimiento tanto en jóvenes como en adultos.
Según un informe de la Organización Mundial de la Salud (OMS), los cuadros de ansiedad y depresión han aumentado significativamente en personas que experimentan desconexión con su rutina diaria, especialmente en quienes sienten que su vida carece de dirección o sentido. El problema no es la carga, sino la falta de claridad sobre para qué se asume.
Susan Llontop, docente de Innova Teaching School, advierte que una de las principales causas de este agotamiento silencioso es la ausencia de objetivos personales definidos. “Cuando las personas no comprenden por qué hacen lo que hacen, su vida pierde coherencia. Esto no solo disminuye el desempeño académico o laboral, también debilita el compromiso consigo mismos”, señala.
Este fenómeno ha sido poco abordado como un problema educativo y emocional. No se trata solo de estrés o cansancio, sino de una desconexión existencial que impacta en la toma de decisiones y en la calidad de vida. Frente a ello, Llontop propone cinco acciones concretas para comenzar a vivir con propósito.
Llontop enfatiza que este tipo de agotamiento no se resuelve con más productividad, sino con sentido. “No se trata de dejar las obligaciones, sino de elegir vivirlas con dirección. Estudiar o trabajar sin propósito no solo agota, también desconecta”.
El desafío, señala la especialista, está en que el sistema educativo y laboral todavía valora más el cumplimiento que el propósito. En medio de un contexto de alta demanda, el riesgo de funcionar en automático sin saber para qué se hace lo que se hace se convierte en una nueva forma de desgaste.