Lima, 21 de Julio del 2025.- Según el informe Women in Science 2024 de la UNESCO, las mujeres representan únicamente el 20,9 % de los profesionales en ingeniería a nivel mundial, una cifra que se ha mantenido estable en los últimos años a pesar del aumento de programas para incentivar su participación en el ámbito STEM. Aun así, la estadística no refleja del todo los cambios que ya se están produciendo en distintos espacios técnicos, donde cada vez más ingenieras asumen responsabilidades clave y aportan enfoques valiosos en la resolución de problemas complejos. Casos como los de Jennifer Vanessa Mejía Lara, Elena García Armada y Paola Santana permiten observar esta evolución de forma concreta.
En el caso de Mejía Lara, la ingeniera ha desarrollado su carrera en torno a proyectos de eficiencia energética. Su experiencia combina conocimientos técnicos con una comprensión clara del contexto ambiental y económico en el que trabaja. García Armada ha llevado la ingeniería biomédica a aplicaciones concretas, como el diseño de exoesqueletos para niños, que hoy tienen un impacto directo en su calidad de vida. Santana, desde el ámbito de la tecnología aplicada a la gestión pública, ha impulsado herramientas digitales que permiten modernizar procesos administrativos y mejorar la interacción entre ciudadanos y organismos estatales.
Cada una de estas trayectorias refleja una forma distinta de abordar la ingeniería. Los enfoques varían, pero todas comparten una manera de intervenir con rigor técnico y visión amplia. Las estadísticas globales todavía muestran una menor participación de mujeres en áreas como ingeniería informática, eléctrica o mecánica. Sin embargo, la presencia de perfiles profesionales como los de Mejía, García y Santana da cuenta de una realidad que avanza con pasos firmes.
Las propuestas que lideran están ancladas en la experiencia. Jennifer Mejía Lara, por su parte, ha diseñado soluciones energéticas que optimizan recursos en sectores industriales. Mientras que Elena García ha construido puentes entre la ciencia y la vida cotidiana, ofreciendo alternativas tecnológicas que responden a necesidades específicas. En el campo de la mejora del funcionamiento institucional se evidencia el caso de Santana, quien ha llevado su conocimiento para el desarrollo de herramientas que aumenten la eficiencia de los servicios públicos.
Además de los resultados, sus carreras marcan un camino en términos de influencia y consistencia. No han esperado que las condiciones sean perfectas. Han tomado decisiones, enfrentado obstáculos y generado resultados visibles en campos muy distintos. El interés que despiertan entre jóvenes estudiantes de ingeniería es prueba de su capacidad para actuar como referentes.
La evolución del sector también se nota en el entorno educativo. En la última década, la OCDE ha registrado un aumento sostenido en la matrícula femenina en carreras técnicas. Este cambio se refleja en el aula, en los laboratorios y en los equipos de trabajo, donde comienzan a ser más habituales las dinámicas diversas y colaborativas.
Los aportes de Mejía Lara, García Armada y Santana no obedecen a tendencias pasajeras. Son fruto de años de formación, experiencia y compromiso. Sus decisiones profesionales enriquecen los sectores donde trabajan y amplían las posibilidades de la ingeniería como disciplina. Al observar sus trayectorias, se percibe con claridad una transformación en marcha: más abierta, más concreta y con voces nuevas que aportan valor desde el conocimiento y la práctica.