Miercoles, 8 de Diciembre del 2021
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Salsa Dura, Salsa Romántica, Salsa Juvenil

Publicado el 20/02/12

“No vaya a creerse que el valor de la música está en razón directa de su atractivo sonoro, ni que la música de sonoridades más deliciosas sea la escrita por el compositor más grande. Si ello fuera así, Ravel sería un creador más grande que Beethoven” (Aaron Copland)

 

Visualizar páginas web donde se realizan antologías del denominado  ritmo salsa no deja de ser llamativo. Sin ningún inconveniente se alternan temas de Rubén Blades, Eddie Palmieri, Eddie Santiago e incluso de Servando y Florentino. Como sabemos, Blades y Palmieri forman parte de la denominada salsa dura; Santiago de la salsa romántica y Servando y Florentino de la salsa juvenil, aunque, salvo por el hecho de ser una salsa cantada por adolescentes, púberes o, incluso, niños, no es otra cosa que salsa romántica.

Según algunos entendidos la denominada salsa romántica viene de antaño, posiblemente en la década del sesenta, pero recién explotó a mediados de los ochenta. La salsa romántica cubre un espació dejado por la salsa dura, que había ingresado a una etapa crítica, ocasionada, entre otras razones, por la repetición hasta el hartazgo de una fórmula musical. En rigor, la salsa romántica no sería otra cosa que una fusión de la balada con la salsa, pero haciendo hincapié que no sólo se trata de la letra de la balada sino también de la melodía en ritmo de salsa. A la postre a la salsa dura se le reemplazó por otra fórmula, que paradójicamente sigue teniendo vigencia hasta nuestros días.

La estrategia marketera consistía en seleccionar baladas poco o nada conocidas (o antiguas) y acelerarlas en ritmo tropical. Desde el punto de vista comercial la simbiosis fue positiva ya que incorporó al público femenino, el cual permitió aumentar considerablemente las ventas; pero desde el punto de vista musical, significó una merma en la calidad: La riqueza de los arreglos musicales y la variedad temática de los mejores momentos de la salsa dura quedaron de lado para centrar la atención en el vocalista y en los temas alusivo al amor (romántico o sensual). Además, la salsa dura contaba con un carácter distintivo: Era un género eminentemente latinoamericano, del  pueblo latinoamericano, para ser exactos. Al fusionarse la salsa con la balada pierde ese carácter; ésta se universaliza y se vuelve intemporal. 

Eddie Santiago, un emblemático de la salsa sensual, se dedicó a cantar baladas de Luis Ángel Márquez (“Lluvia”, “Tú me quemas”, “Nadie mejor que tu”, “Antídoto y veneno”, etc.) en ritmo de salsa. Similar situación se produjo con sus pares Frankie Ruiz, Willy González, Hildemaro, David Pavón, Jerry Rivera, entre otros. Es decir, la creatividad, factor primordial a la hora de valorar un producto musical, quedó reducida a su mínima expresión. No pretendemos, por supuesto, ignorar los aportes de cantantes de mayor jerarquía como Andy Montañez, Ray de la Paz,  Gilberto Santa Rosa, Marc Anthony, Tony Vega, Víctor Manuelle, Tito Nieves, Luis Enrique, Rey Ruiz, pero aun cuando destacan por su registro vocal e interpretan temas originales, en la mayor parte de su repertorio debían lidiar con letras poco inspiradas. A diferencia de la salsa dura – surgida de los barrios latinos de Nueva York – cuyo rasgo característico era la agresividad, que se manifestaba tanto en la letra como en los arreglos musicales, según lo expuesto por César Miguel Rondón en su imprescindible estudio El Libro de la Salsa, la salsa romántica nos ofrece un producto edulcorado, melifluo, y, por ende, fácilmente digerible. Repárese en la interpretación en vivo que Gilberto Santa Rosa realiza con la canción “Perdóname”. En su afán por emular a los grandes soneros de la salsa dura, la letra y la melodía sólo le permiten lucir un soneo plañidero.

Compárese con el repertorio de los grandes exponentes de la salsa dura. Bastará con citar algunos ejemplos para dar cuenta de la variedad temática.  Temas de corte social: “Pedro Navaja”, “Calle Luna, Calle Sol”, “Decisiones”; de corte navideño: “La murga”, “Aires de navidad”, “Felicidades”; de corte religioso: “El Nazareno”, “Si echo pa’ lante”, “El Todopoderoso”; de corte político: “Tiburón”, “La Libertad Lógico”, “Buscando América”, y si bien también se tocaban temas de corte amoroso, éstos no se reducían a quejas, súplicas, llantos, como suceden con la mayoría de salsas románticas, sino que ofrecían una mayor riqueza, acorde con la complejidad del tema (“Guaguancó del adiós”, “Ligia Elena”, “Tú no haces nada”).

Dignos herederos de los grandes cantantes como Orlando Guerra, Miguelito Váldez, Benny Moré, Tito Rodríguez, los exponentes de la salsa dura, Cheo Feliciano, Héctor Lavoe, Celia Cruz, Adalberto Santiago, Ismael Rivera, Justo Betancourt, Rubén Blades, por citar a los más representativos, nos deleitaban con su particular timbre de voz, sus fraseos y su capacidad para improvisar.

En el plano estrictamente musical, cómo no recordar los solos de piano de Larry Harlow en “La Cartera” y de Richie Ray en “Guaguanco en jazz”; el violín de Alfredo de La Fe en “Nada de ti”; la flauta de  Johnny Pacheco en “Vuela la paloma” o la de Eddy Zervigón en “Isla del Encanto”; el solo de timbal de Endel Dueño en “Herencia rumbera”.

Algunos músicos, incluso, llevaron a cabo experimentos musicales, con el objeto de renovar el género. Willie Colón y Eddie Palmieri destacaron por sus propuestas vanguardistas.  Aquél sorprendió con un tema del connotado compositor Catalino “Tite” Curet Alonso en ritmo de salsa sinfónica: “El periódico de ayer”. Palmieri fue aún más osado al grabar una pieza de 14:20 minutos de duración. Hablamos de “Un día bonito”, cuya  introducción cuenta con más de seis minutos de piano. Asimismo, podemos citar a la Típica 73, Roberto Roena y sus Apolo Sounds, y a la Sonora Ponceña con sus arriesgadas innovaciones en cada álbum que producían.

No podemos dejar de lado el estrecho vínculo que había en ciertos músicos salseros y el jazz, el cual les permitió enriquecerse musicalmente, así como también brindar aportes importantes al denominado latin jazz. Es de sobra conocido por los salseros el influjo que tuvieron en Eddie Palmieri figuras como Art Tatum, Bill Evans, Horace Silver, Bud Powell y McCoy Tyner. Como testimonio de su contribución al género están: Arete (1995), Vortex (1996) y Listern Here (2005). Ray Barreto, quien había alternado con destacadas figuras del jazz como Max Roach, Charlie Parker, Dizzy Gillespie, Lou Donaldson, Red Garland, Wes Montgomery, Freddie Hubbard, graba en 1973 The Other Road. Veinte años después le rinde homenaje a Art Blakey, uno de los más grandes bateristas de la historia del Jazz, con el álbum Homage to Art Blakey and The Jazz Messengers (2003). El excepcional timbalero Tito Puente también realizó importante aportes: Tito Puente’s Golden Latin Jazz All Stars (1994), Golden Latin Jazz All Stars: In Session (1999). En el año 2000 el destacado cineasta español Fernando Trueba lo convocó para participar en el documental Calle 54, que reunió a los mejores exponentes del jazz latino. En él vemos cómo van desfilando Paquito D’Rivera, Eliane Elias, Chano Domínguez, Jerry González, Michel Camilo, Gato Barbieri, Chucho Valdés, Chico O’Farril, Cachao, Patato, Puntilla Ríos, Bebo Valdés y, por supuesto, Tito Puente.

Para terminar, diremos que este artículo no tiene otro objeto que el de destacar el papel que desempeñó la salsa dura en sus mejores años. Intérpretes notables, músicos excepcionales, arreglistas descollantes, compositores con inventiva y creatividad permitieron a los aficionados gozar de una época dorada. La salsa romántica y la salsa juvenil son opciones perfectamente válidas, y si bien gozaron (y siguen gozando) de una popularidad aún mayor que la salsa dura, consideramos que nunca alcanzaron el mismo nivel de calidad.

Por: Ricardo Vargas Pinto



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