Bután fue noticia hace unos años cuando Jigme Singye Wangchuck, padre del actual soberano, anunció que el Producto Interno Bruto (PIB), el indicador que usan todos los Estados para medir su desarrollo económico, sería reemplazado en su país por la Felicidad Nacional Bruta (FNB). A ese fin, se creó una comisión nacional. Menuda tarea la de cuantificar una riqueza que es en buena medida inmaterial.

Al parecer, uno de los input de la dicha nacional en este pequeño país budista (tiene el tamaño de Suiza y no llega al millón de habitantes) es la monarquía. Según Tshering Tobgay, jefe de la oposición parlamentaria, la boda del quinto «rey dragón» de Bután,Jigme Khesar Namgyel Wangchuck, de 31 años -quien ocupó el trono tras la abdicación de su padre-, simboliza para los 700.000 butaneses la continuidad de la familia real. «Tenemos un auténtico amor por la monarquía«, dijo el político a la agencia AFP. «Nuestra devoción por el rey es muy fuerte porque él es un servidor del país y de su pueblo. El conoce a casi todos los habitantes del reino, nos escucha y se comporta como nosotros, tomando a su novia de la mano. El pueblo se lo agradece mucho».

Bután vive en efecto un verdadero cuento de hadas. El relato oficial dice que el rey conoció a quien pronto será su esposa durante un picnic. Fue «amor a primera vista», según la prensa local, aunque la futura reina tenía entonces sólo 7 años.
La belleza de la novia ha despertado el fervor de la gente y la capital está engalanada con retratos de la pareja y carteles con elogios al monarca. Este, a quien llaman «príncipe azul del Himalaya» y ven parecido a Elvis Presley, asistía una vez por semana a la misma escuela a la que años después iría su novia, Jetsun Pema, para mezclarse con sus súbditos. El resto de la semana, el entonces heredero al trono estudiaba con profesores particulares en el palacio. Luego completó su formación en el exterior: en la India y en Oxford, Inglaterra. Pero a su regreso al país, fue en busca de la mujer que lo había hechizado y decidió darle a su pueblo un ejemplo de cómo se alcanza la felicidad bruta.