Lima, ene. 06 El período vacacional para los escolares debe ser de relajo y descanso, y no de estrés, por ello especialistas recomiendan no recargar a los menores de actividades y más bien dejar que participen en cursos motivadores que los distraigan y ayuden a elevar su autoestima.
Advierten que si el niño continúa con asignaturas, cursos o talleres en exceso generará estrés y se sentirá irritado, cansado, con desgano, aburrido, y además con temores en su comportamiento.
Muchos padres de familia creen necesario tener ocupados a sus hijos en vacaciones y los matriculan en cursos que son la prolongación del período escolar. Por ello, especialistas del Instituto Guestalt de Lima (IGL) recomiendan a los padres que más bien permitan a sus hijos aprovechar el tiempo libre, pues vienen de un largo período de clases escolares.
Es tiempo para jugar, correr, divertirse con sus amigos y abocarse a desarrollar actividades sin ningún tipo de presión.
«Matricularlos en varios cursos generará una actitud hostil, rebelde y hasta depresiva, porque no encuentra un espacio libre para realmente respirar o relajarse, que son los verdaderos objetivos de las vacaciones de verano”, sostuvo Manuel Saravia, director del IGL.
“En realidad, llenarlos de asignaturas o talleres ocasionará más perjuicio que otra cosa, porque elevará sus niveles de estrés y ansiedad. Los chicos deben estudiar algo que les pueda servir, pero también compensarlos con una actividad extracurricular que sea muy motivadora. No todo puede ser exigencias, tiene que haber un taller que los divierta, que los haga sentirse bien, de esa manera usted podrá concluir que las vacaciones fueron realmente provechosas.”
El tiempo libre de vacaciones es propicio para buscar nuevas opciones y tomar clases de música, desarrollar expresiones artísticas como danza y pintura, practicar deportes y otras relacionadas con la valoración de sí mismo, nuestra naturaleza y patrimonio cultural.
Saravia indica: “Sobre todo es importante que sus hijos se sientan a gusto con lo que van a hacer. No se les puede obligar a llevar los cursos tradicionales que exigen más concentración, porque terminarán haciéndolo de mala gana.»
Está demostrado que si las actividades se imponen y no son del total agrado de sus hijos puede llegarse al extremo de provocarles traumas que los marcarán toda la vida, por lo cual hay que intentar, por lo menos, tomarse un tiempo para saber qué es realmente lo que les puede interesar.