Viernes, 18 de Septiembre del 2020
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Colombia y Venezuela (I)

Publicado el 13/08/10

Durante 20 días las relaciones diplomáticas entre Colombia y Venezuela quedaron rotas. La quiebra se produjo el 22 de Junio, a los 22 días de que Juan Manuel Santos ganase la segunda ronda presidencial, y la recomposición de éstas se dio a 3 días de que él jurase como el nuevo mandatario de su país.

En los 8 años que duró el gobierno de Alvaro Uribe (2002-1010) las tensiones con sus únicos vecinos con quienes comparte la misma bandera amarillo-azul-rojo fueron en aumento, particularmente en la recta final. Tras que en Marzo 2008 las tropas colombianas capitaneadas por el entonces ministro de defensa Santos exterminasen a un campamento de las FARC en suelo ecuatoriano, Quito rompió relaciones con Bogotá y los ejércitos de Ecuador y Venezuela se movilizaron.

Gradualmente, los vínculos entre Uribe y Correa se fueron recomponiendo, mientras que la justicia ecuatoriana sigue pidiendo a Santos por haber violado su territorio. En tanto que las pugnas entre Uribe y Chávez, los dos presidentes latinoamericanos que más han gobernado al mismo tiempo, constantemente llegaban a planos agrios y personales.

Tras que Ecuador decide el fin de la base militar norteamericana en Manta, los EEUU llegan a un acuerdo con Colombia para establecer unidades militares suyas dentro de 7 bases colombianas. Todo ello genera una serie de ataques de Caracas quien sostiene que se busca preparar así una invasión contra ésta.

Durante las elecciones colombianas Chávez lanzó duros reproches contra Santos, el candidato de Uribe, las mismas que fueron capitalizadas por estos últimos para aparecer como abanderados de la nación y del antiterrorismo. Tras el balotaje del 30 de junio Uribe decide que uno de sus últimos actos antes de dejar la presidencia el 7 de Agosto sería demostrar la presencia de al menos 1,500 guerrilleros colombianos en suelo venezolano.

En respuesta a ello Caracas rompe oficialmente relaciones con Bogotá el 22 de julio aduciendo que las pruebas de la presencia de las FARC y el ELN en su territorio son fraguadas. Mientras tanto Uribe acentúa sus denuncias y, antes de dejar el poder, él presenta una demanda contra Chávez en la Corte Penal Internacional y contra su república ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos.

En todo momento Santos se mostró reticente a pronunciarse mientras que él no fuese el presidente, en tanto que diversos gobiernos buscaron mediar entre él y Chávez.

Santos decidió dar un giro en las relaciones aceptando restablecer éstas con Chávez. Esto ha sido interpretado por unos como un distanciamiento entre él y su mentor Uribe y por otros como una jugada doble calculada en la cual el ex presidente actúa como garrote y su sucesor como la zanahoria.

Colombia y Venezuela (II)

Cuando Caracas rompió con Bogotá era claro que ello iba a ser una medida circunstancial, la misma que sería usada por ambas partes para buscar una re-negociación. Para Chávez ello implicaba llegar al punto más bajo posible para, desde allí, reiniciar un acercamiento. Para Santos ha conllevado a mostrar que él es diferente a su mentor pues él le implantará al uribismo una nueva fase en la cual lo prioritario no es tanto la confrontación sino buscar tender las manos hacia la oposición (vía un gobierno de unidad nacional y con la posibilidad de ir hacia un dialogo con la insurgencia) y hacia sus 3 vecinos del ALBA (Venezuela, Ecuador y Nicaragua).

Si en su primera etapa el uribismo debió mostrar dureza ante la subversión y los ‘bolivarianos’, en la segunda etapa encabezada por Santos éste debe buscar consolidar el modelo tratando de enfriar el calentamiento producido por tanta belicosidad. Mientras tanto, Uribe, ahora como consejero del gobierno y como posible nuevo alcalde de Bogotá, deba limitarse al rol de ser el ala dura del régimen.

Para Chávez la recomposición de las relaciones con Bogotá muestra un aislamiento o un debilitamiento de Uribe y de las fuerzas que, tanto en Colombia como en EEUU y en su país, abrigan por un choque militar.

Lo cierto es que en las actuales condiciones de retiro norteamericano de Iraq, Washington no está interesado en abrir un nuevo frente de guerra en el otro lado del mar Caribe que da a sus costas. Claro está que una nueva guerra, como contra Irán, podría cambiar las cosas.

Por otro lado es Santos el más interesado en buscar consolidar al modelo uribista pero de una nueva manera. A diferencia del 2002 donde el eje de su movimiento consistía en frenar y derrotar a la ascendente guerrilla, ahora, cuando las FARC y el ELN han sufrido los peores golpes de su historia y cuando el eje del paramilitarismo ha sido desmovilizado o reabsorbido, su prioridad consiste en ganar el mayor consenso posible tanto a nivel interno como internacional para un programa que desarrolle las anteriores políticas económicas y contrasubversivas pero dándole peso a lograr una unidad nacional.

Lo más probable es que Chávez y Santos mantengan una relación distante en la cual ambos traten de no ir a fuertes enfrentamientos personales, y que el nuevo ocupante de palacio Nariño aproveche ello para mejorar las relaciones de su república ante una Sudamérica tirada hacia la izquierda y para buscar mejorar su imagen deteriorada internacionalmente con la incursión militar en Ecuador en el 2008.

Mientras tanto ambos países buscarán relanzar su comercio bilateral (el mismo que cayó en ¾ desde los 6 mil millones de dólares anuales que tuvo hasta hace poco), aunque nuevas tensiones no se descartan.

Santos querrá que Chávez le ayude a convencer a la guerrilla colombiana para que deponga las armas y se inserte en el proceso legal o electoral, para lo cual él ha ofrecido poder iniciar diálogos.



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