Miercoles, 4 de Agosto del 2021
turismo


“Devoción al Brasil “

Publicado el 27/06/11

LIMA – Siendo adolescente se me quedó grabada una escena que vi en la principal avenida de Río cuando se pararon en seco algunos autos de donde salieron unos cariocas en ropas de baño que se pusieron a bailar en medio de la pista cantando “pega ela peru, pega ela peru”, para luego volver a sus carros y salir embalados.

Me pregunté por qué querían pegarle al Perú. Aún no hablaba bien el portugués y me explicaron que en esa lengua “peru” significa pavo (y también el miembro masculino) y que ese carnavalesco estribillo sugería que a uno le “cojan el pájaro”.

Nunca me imaginé que luego el Perú “se la pegara” al Brasil y decidiera “pavamente” copiarle su principal ícono. Hasta ahora lo único que Lima le había calcado a Río eran ciertos malecones, pero hoy se está imitando a su “Cristo Redentor”.

Esta obra se inició cuando Brasil celebraba su centenario de independencia en 1922 (aunque los planes para hacerla datan desde 1859 cuando una rama de la realeza portuguesa les gobernaba) y se inauguró el 12 de octubre de 1931 en el aniversario de cuando Colón llegó a las Américas. Su construcción realzó a la ingeniería brasilera, pues sobre un pico de 700 metros sobre la bahía se hizo la mayor estatua de Cristo del mundo (mide casi 40 metros de alto y 30 de ancho).

Una segunda réplica de éste se hizo tras que el cardenal de Lisboa visitara en 1934 a Río y quiso que los dos Estados luso-fascistas tuviesen sus respectivos Cristos. En Almada mirando hacia Lisboa se construyó en 1949-59 el “Cristo Rey” de 115 metros de alto.
Y, precisamente, en Lisboa 2007 se consagró al Cristo carioca como una de las 7 maravillas del mundo moderno.

Hasta hace menos de un año éste era el Cristo más grande del mundo, pero en noviembre 2010 se concluyó uno mayor en Swiebodzin (Polonia), aunque hay uno aún más descomunal que se viene edificando en Ohio (EE.UU.). El nuevo Cristo limeño les supera a todos ellos en ser más chico y barato y en que no será quien presida el paisaje (pues Lima desde sus inicios tiene a la Cruz del San Cristóbal que siempre le ganará en altura y devotos).

Si los Cristos de Río y Almada tardaron una década en construirse y se inauguraron durante los gobiernos más largos que hayan tenido sus respectivas repúblicas (Getulio Vargas en Brasil 1930-45 y Antonio de Salazar en Portugal 1932-68), el de Lima se hizo en tiempo récord y casi como una sorpresa de despedida de un presidente que busca dejarnos una estatua para la posteridad.

García no deja un inconcluso tren eléctrico sino una estación más en la transamazónica política que pone a Lima más cerca del coloso del costado. Así termina su último gobierno el que fuera el mayor partido peruano, el mismo que se gestó oponiéndose al plan de Leguía de “consagrar el Perú al corazón de Jesús”. La nueva consagración de García al Jesús carioca muestra, tal como antes pasó con Portugal, una escondida devoción al emergente Brasil.



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