Jueves, 21 de Septiembre del 2017
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Modelos / Vedettes

Publicado el 25/07/17

  

SHIRLEY ARICA

Shirley Arica. La distancia entre las canchas de fútbol y las pasarelas se ha estrechado considerablemente desde hace muchos años. Carece de importancia saber si fueron los futbolistas o las modelos los que tomaron la iniciativa de aproximarse. Se buscaron porque ambos se necesitaban: Las modelos para encontrar un punto de apoyo que les permita consolidar su carrera; los futbolistas para abocarse a una actividad que les permita distenderse de la rigidez de los entrenamientos. Nacida en Santa Marina el Callao, de piel canela, pequeña de estatura, pero con una mirada penetrante, pechos desafiantes y un derriére demoledor, Shirley Arica alborotó  las portadas de los diarios con una revelación (2010) sobre Reimond Manco. Aunque en el ámbito deportivo ya se hablaba de sus aires de grandeza, la inmensa mayoría de aficionados lo ignoraba. Reimond Manco había invitado a Shirley Arica para ir a Chiclayo. En una reunión Reimond le pidió tener una relación y Shirley le contestó que lo iba a pensar. “Déjame masticarlo” le remarcó. Desconcertado por su diplomática negativa, Reimond la miró fijamente a los ojos y le dijo: ‘Tócame que soy realidad’. Shirley repitió mentalmente la frase en varias oportunidades tratando no de descifrar su contenido, sino de entender al cretino que la profirió. Cuando la invitó a Chiclayo, le pagó los pasajes y le envió a su mayordomo para llevarla al aeropuerto, Shirley pensaba que sus encantos físicos habían doblegado su ego hasta ponerlo de rodillas. Con argumentos físicos suficientes como para hacer sucumbir al futbolista más exigente, era Reimond quien debía tocarla a fin de asegurarse que era realidad. Y se pretendía ingresar a su fabulosa anatomía, explorar los lugares más recónditos de su ser y activar sus zonas más sensibles sólo exigía tres condiciones: Cortesía, amabilidad y cariño. Pero estaba claro que había cifrado demasiada expectativa en Reimond, quien había demostrado que no era otra cosa que un creído, un patán y un ridículo.

 

Tilsa Lozano. Musa inspiradora del jugador Juan Manuel Vargas, más conocido en el ámbito local como el “Loco” Vargas. A pesar de ser feliz con su pareja y con sus hijos, y de contar con una casa lujosa, un automóvil último modelo, relojes de las mejores marcas y vestimenta europea, Juan Manuel Vargas sintió, al contemplar a la popular modelo Tilsa Lozano, que su vida era insípida, vacía y sin sentido, en buena cuenta miserable. Si su despampanante figura de metro setenta y tres de estatura perturbó la solidez de su posición en el mundo, sus movimientos de cadera le hicieron remover los cimientos de sus principios morales, y su tono de voz y maneras de chiquilla  consentida resquebrajaron totalmente lo que hasta ese momento entendía por felicidad. Tilsa Lozano  logró, pues, lo que parecía improbable: Apartarlo, siquiera temporalmente, de su familia y desplazar su máxima pasión, el fútbol a un segundo plano. En adelante Juan Manuel Vargas concentraría toda su atención en la persona de Tilsa Lozano, la felicidad en carne y hueso, a la cual podía tocar, jugar, disfrutar y desvariar. El “Loco” requirió de la voluntad mancomunada de su familia y amigos para recuperar el equilibrio emocional y enrumbar su carrera profesional. Tilsa, por su parte, no pudo soportar la traición de un hombre que luego de dos años de relación terminara con ella y regresara con su mujer e hijos, razón por la cual decidió participar en El Valor de la Verdad a fin de ventilar su relación en dos capítulos. Así como no permitió que factores económicos contaminaran su relación, motivo por el cual rechazó el departamento que el “Loco” le propuso en Italia, de la misma manera no dejó que el dinero que iba a obtener por su participación en el programa televisivo afectara su versión de los hechos. Su escultural anatomía podrá oscilar (en las pasarelas del mundo), pero su honra, su imagen y su prestigio jamás.

Yahaira Plasencia. Forjadora de su propio destino, Yahaira Maciel Placencia Quintanilla supo desde muy temprana edad cuáles eran los cambios corporales y faciales que debía realizar a fin de mejorar su imagen, así como también cuáles eran los espacios donde debía explotar al máximo sus indiscutibles talentos. Invirtió cerca de 15 mil dólares en perfilar su rostro, emparejar sus dientes, reducir su masa abdominal y afinar sus prominentes pechos. Concluida la construcción de su nueva persona, Yahaira Plasencia se desenvolvió a sus anchas en las cuatro coordenadas de su carrera artística: Centros comerciales, pasarelas, escenarios y campos de fútbol. Como anfitriona y modelo superó con creces las expectativas cifradas en ella, pero como cantante y bailarina no tuvo quien la igualara ni mucho menos la superara. Sin embargo, es en el arte de la seducción donde cosechó sus mayores logros, logros que no fueron fruto del azar sino de una elaborada estrategia consistente en estudiar detalladamente a sus candidatos, seleccionarlos con tino y concertar citas inopinadas. No le tomó mucho tiempo darse cuenta que las relaciones con sus preciadas conquistas no eran otra cosa que la prolongación de un encuentro de fútbol: un espacio delimitado, relaciones públicas, reglas de juegos propios, avances y retrocesos, ataque y defensa, y en el culmen del día, anotaciones, hartas anotaciones. Y si su pareja había tenido un mal partido, estaba compelida a hacer todo lo posible para ayudarlo a sortear los obstáculos que no pudo sortear, a convertir los goles que no pudo convertir, a ganar el partido que no pudo ganar. Con este gasto ingente de energías Yahaira Plasencia no solo consolidaba el vínculo con su pareja, sino que construía los cimientos sobre los cuales iba a edificar sus exigencias materiales. Tomando en cuenta las dimensiones del pedido que le formuló al jugador Hernán Hinostroza, un departamento para toda su familia y la manutención de todos sus integrantes, cuesta trabajo imaginar el grado de entrega, intensidad y despliegue de energías que debe haber derrochado en el campo de juego. Empero, Hernán Hinostroza no fue la valla más alta que superó en su trayectoria artística; Yahaira Plasencia sedujo a uno de los jugadores nacionales más cotizados del mercado internacional: Jefferson Farfán, un dribleador irreverente, titular indiscutible en la selección nacional, triunfador en un medio tan exigente como el fútbol europeo, en suma, un moreno de oro de 24 quilates. Mediante un bamboleo excitante, frenético e hipnótico, la Reina del Totó suspendió por varios segundos las facultades cognitivas y volitivas del delantero para luego incrementarle su ritmo cardiaco, desorientarle su sistema hormonal y descomponerle su reloj biológico. Cuando se despertó del éxtasis libidinal, sintió que se había despojado de un peso descomunal. Atando cabos descubrió que se trataban de las rígidas ataduras maritales y familiares, y las responsabilidades profesionales para con su club y con la selección. Ya ligado oficialmente a ella, Yahaira no tardó en superar el inconveniente de la distancia geográfica – Farfán jugaba en el fútbol de Turquía -, pues sin mayores inconvenientes encontró su suplente, Jerson Reyes, que si bien no estaba a la altura del titular al menos lo cubría satisfactoriamente. Segura de que su flamante relación con el arquero de la Copa Perú y de la Segunda División era un secreto bien guardado, se quedó paralizada cuando vio al propio jugador haciéndolo público en un programa sintonizado de televisión. Jamás imaginó que la gratitud y la lealtad, la privacidad y la intimidad alcanzaran una cotización tan elevada en los medios de comunicación.