Domingo, 24 de Septiembre del 2017
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Cine / TV

Publicado el 25/07/17

CINEMA copia

Cinema Partito. Existe abundante material cinematográfico sobre el fútbol peruano, tanto que es imprescindible llevar a cabo una selección, ya que no todas las películas son buenas ni se ven con interés. Algunas adolecen de fallas técnicas en la grabación, otras denotan lentitud y muchas de ellas poseen un desenlace demasiado previsible. Una película de visión obligatoria es Argentina-Perú en la Bombonera. En un medio sumamente hostil como La Bombonera, estadio de Boca Junior (Buenos Aires, Argentina), y ambientada en el año 1969, la selección peruana de fútbol debe conseguir al menos un empate ante la selección argentina, a fin de clasificar por primera vez a un mundial. En cualquier estadio los argentinos son muy difíciles de vencer; en La Bombonera, son prácticamente invencibles. Por la proximidad de las graderías con la cancha, la presión de los aficionados se hace extenuante para los visitantes, logrando que éstos reduzcan considerablemente su rendimiento. Se trata, pues, de una historia de supervivencia y superación. La cinta está en blanco y negro, carece de nitidez, las imágenes parpadean regularmente, pero el desarrollo de la historia se sigue con sumo interés, sobre todo la segunda parte que es cuando se convierte cuatro anotaciones. Aunque cuenta con personajes destacados, como Héctor Chumpitaz, Teófilo Cubillas, Roberto Challe, “PLeón, el héroe de la jornada es Oswaldo “Cachito” Ramírez, quien tuvo una actuación descollante anotando los dos goles para Perú. En este mismo género, épico, se puede ver Perú-Chile (Eliminatorias Argentina 78). La rivalidad entre ambos contendores es histórica, se remonta a la época de la llamada Guerra del Pacífico. Sin embargo, el film carece del suspenso y de la emoción de Argentina-Perú en la Bombonera, puesto que aun cuando el equipo peruano está compelido a derrotar a Chile para clasificar al mundial (Argentina 78), el encuentro se lleva a cabo de local y con el público a favor. En la celebración del triunfo y, por ende, la clasificación, un personaje ingresa a la cancha, saluda a los jugadores, canta el himno nacional y se coloca la casaquilla del jugador Julio Meléndez Calderón. Se trata del general Francisco Morales Bermúdez, presidente de facto de la República del Perú. Sin duda es un final engañosamente feliz. Parece darle una dimensión nacionalista a la clasificación, pero en realidad se trata del aprovechamiento político de un dictador de un suceso favorable. De impostergable visión es la cinta Argentina-Perú en Argentina 78. Es un encuentro en el cual Perú no tiene nada que perder, salvo el honor; su antagonista, Argentina, en cambio, no sólo está obligado a ganar sino a golear por una diferencia de cuatro goles. Si lo logra, jugará la final del mundial, su mundial. El resultado para los gauchos es contundente, pues vencen por seis goles a cero. Por el score abultado y demoledor, algunos críticos catalogan a la película de género catástrofe. Otros, en cambio, la califican de comedia, por lo ridículo de varias de las anotaciones. Sin embargo, estas perspectivas parecen no tomar en cuenta la presencia de dos personajes vitales antes del inicio del enfrentamiento: Henry Kissinger, secretario de Estado de EEUU y Jorge Rafael Videla (1976-1981), presidente de facto de Argentina. Ambos visitan el camarín del equipo peruano y conversan con los jugadores peruanos. Luego se produce una elipsis, el foco de atención se traslada a la cancha, pero se presume que en ese intervalo se ha producido un hecho doloso. Se piensa que algunos jugadores peruanos recibieron dinero para dejarse golear. En los primeros minutos del encuentro el trámite es normal, a partir del tercer gol argentino la suspicacia comienza a aflorar y en la cuarta anotación todos los futbolistas peruanos se vuelven sospechosos. Factor que torna a la cinta de un carácter más complejo; la coloca en el género de corte político, aunque muy cercano al policial.  A pesar de tratarse de una película con incuestionables virtudes artísticas, es inhallable en el Perú. Quien quiera adquirir el DVD o el Blu-ray de la cinta tendrá que viajar a la Argentina, donde es considerada una película de culto. Es más, fanáticos, más de fútbol que de cine, ciertamente, se las habrían arreglado para visualizar los goles en tercera dimensión. Aun cuando no fue un éxito de taquilla, los productores se lanzaron a filmar otra película en la misma línea: Polonia-Perú en Italia 90. De no ser porque el encuentro se realiza en Italia y está desprovista de contenido político se diría que se trata de un remake de Argentina-Perú en Argentina 78. La cinta quiere presentar una derrota sin atenuantes: La de Perú ante Polonia por cinco goles a uno. Es una cinta plana, casi esquemática, en suma, carente de interés. A pesar de su fracaso comercial, se continuaron filmando películas de derrotas calamitosas pero ya con otro giro: Derrotas con sabor a victoria. Una de ellas está ambientada en el Preolímpico de Paraguay de 1992. Es el último encuentro de Perú en el campeonato clasificatorio. El partido es ante Paraguay y con situaciones adversas: El clima, la cancha, la hinchada, el árbitro parcializado, la pelota, los recogebolas, la suerte, etc. En el clímax de la película el equipo peruano sufre tres expulsiones. Los paraguayos castigan sin piedad a los peruanos por siete goles a cero. Por más esfuerzo que hacen estos últimos por irradiar gloria, al final queda la sensación que se trata de un revés vergonzoso. El tema de las derrotas heroicas se convirtió en un filón inagotable para los cineastas peruanos. Por suerte uno de ellos se animó a filmar una de corte distinto: Bajo la premisa de que el “querer es poder”, Perú se enfrenta a Brasil, una selección pletórica de cracks. El equipo peruano ofrece un rendimiento pobrísimo y sufre un castigo inclemente: Pierde por siete goles a cero. El film se denomina Perú-Brasil en Copa América 1997 y los entendidos han sido unánimes en sostener que se trata de una sátira demoledora a las técnicas de superación personal. Aunque moleste el hecho de que el equipo peruano sea el objeto de esta burla, la cinta es altamente recomendable. Interesante por su propuesta novedosa, más no por la plasmación de la misma, es la cinta Perú campeón mundial. Es una película futurista, está enmarcada en el 2090 y, aunque se desconoce la sede del mundial, se presume que se trata de un país europeo. Narra las peripecias del equipo peruano desde su clasificación al máximo evento deportivo hasta la obtención del mismo. La película pretende transmitir un mensaje de esperanza a los peruanos, pero conspira contra ella la falta de verosimilitud que se traduce en la proximidad del suceso, el nivel de excelencia del plantel, el orden y la disciplina de los jugadores, la variedad de tácticas, el físico privilegiado de cada uno de ellos, la conducta respetuosa, y el hecho que en la final derrote por tres goles a cero a Brasil, que para ese entonces ya había acumulado diez copas mundiales.

Los bloopers de Juan “Chiquito” Flores

Los arqueros profesionales forman parte de la historia por haber destacado nítidamente, por haber mantenido su valla invicta en un número importante de encuentros, por haber impuesto un récord defendiendo la casaquilla de un club o de una selección. En el caso de Juan “Chiquito” Flores, guardameta que alternó en clubes importantes como Juan Aurich, Sport Boys y Universitario de Deportes, su nombre ha quedado perennizado por haber protagonizado los bloopers más desopilantes del futbol local.

En su larga e irregular carrera los bloopers se sucedieron en sus inicios de modo aleatorio, luego se volvieron costumbre, hasta que finalmente se convirtieron en su marca distintiva. Valgan verdades, no pocos de ellos son obras maestras, piezas de un acabado casi perfecto, escenas antológicas extraídas de una comedia de culto. Dada la cantidad, la calidad y la variedad de sus bloopers, parece que en Juan “Chiquito” Flores hubiese primado un franco deseo de superación.

De los nueve bloopers que se aprecian en el video confeccionado por Fútbol en América (2013), cuatro son provocados, es decir, errores forzados. En todos ellos se materializa un error garrafal inducido involuntariamente por un agente. Ante un centro al área o un disparo al arco, el arquero rechaza el balón hacia su propio arco, calcula mal el salto que le impide rechazar con firmeza el balón, se le escurre la pelota de las manos.

El vídeo incluye una jugada que pasa por blooper pero que en realidad se trata de un anti fairplay. Juan “Chiquito” Flores comete un foul descalificador contra el delantero Mauro “El Toro” Cantoro. Si lo vemos como un blooper es porque el rol protagónico lo encarna Juan “Chiquito” Flores. Con otro actor no dudaríamos en exigir que se vaya a la cárcel por mezclar el kick boxing con el fútbol. En el área de juego, el delantero argentino disputa un balón con el arquero, pero mientras él trata de lograr su objetivo con el pie izquierdo, el arquero sale raudamente de su arco con el pie derecho levantado para impedírselo, propósito que consigue al impactar los toperoles de su chimpún en la zona parietal de la cabeza. La escena es violenta a no dudarlo, pero la aparatosidad de Juan “Chiquito” Flores, su humanidad adiposa elevándose por los aires, no provoca indignación sino risa.

Otro de los bloopers no lleva la firma exclusiva de JuanChiquito” Flores; es más bien un blooper compartido. Y es que otra de sus cualidades indiscutibles es su capacidad para impulsar a sus compañeros de equipo y a los del bando contrario a cometer sus propios bloopers. Juan cae al suelo de dolor y deja la pelota a un costado; un compañero se acerca al balón y trata de despejarla, pero se aproxima un delantero del equipo contrario y patea la pelota. Esta choca con el defensa e ingresa al arco. Piero Alva, autor del tanto, ha sacado provecho de la oportunidad que se le presentó. Su sequía de goles en el campeonato no le permitió pensar ni remotamente en el fair play. El árbitro considera que el gol es legítimo y lo valida. Juan apela al fair play. Aun cuando no lo practica, Juan exige que se imponga el juego limpio. Al final del encuentro, se observa a Juan Flores cuestionando a Piero Alva por no haber practicado el fair play; y a Piero Alva justificando su acto por considerar que Juan Flores se tira al campo de juego para hacer tiempo. Debe de ser una de las escenas más descarnadas del fútbol peruano: por un lado, un inválido moral exigiendo fair play; por el otro, un faltoso tratando de cubrir su acto inmoral con un argumento falaz. Si se le percibe como un hecho aislado, estamos ante una comedia, pero si lo situamos como un capítulo más de la historia de la crisis del fútbol peruano, estamos ante un drama.

En cambio, tres bloopers llevan la impronta de Juan Flores. Ignoramos cuál es el móvil que le compele a generar jugadas destinadas a convertirse en bloopers de grandes dimensiones. ¿Incapacidad para reconocer sus limitaciones? ¿Afán de probar que domina los pies igual que sus manos? ¿Proclividad por subestimar al adversario de turno? En uno de los bloopers, Juan toma el control de la pelota y sale jugando, a pesar de que muy cerca merodea un delantero del bando contrario. El delantero disputa la pelota con Juan y se la quita, patea al arco, pero su remate choca en el palo. Es la quintaesencia del fútbol peruano: un blooper que genera otro blooper. En otra jugada Juan sale fuera de su área para impedir que delantero rival coja el balón. Juan le gana en velocidad y controla el balón, pero luego da un pase largo a otro jugador del equipo rival, quien al ver el arco desguarnecido, patea y convierte el gol. El tercero de esta serie es sin duda el mejor, quizás su obra maestra. Juan tiene al frente a un delantero muy hábil, como es Irven Ávila, pero eso no lo intimida y decide burlarse de él pateando no al balón sino al aire. Luego se agacha para cogerlo y lo agarra pero sin fuerza; con suma picardía, el delantero celeste se lo roba de las manos, se dirige al arco y convierte el gol. Ver a Juan “Chiquito” Flores gateando en el campo debería de suscitarnos compasión, pero, por más esfuerzo que hagamos, no podemos evitar que nos provoque risa.

En suma, se trata de un vídeo altamente recomendable. Cuenta con un menú muy surtido, ya que no sólo reúne bloopers, sino anti fairplays, patada voladora y disparates por doquier. Además, cuenta con un valor agregado, las declaraciones de Juan “Chiquito” Flores, quien demuestra que también se puede aplicar el anti fairplay en el lenguaje e incurrir en bloopers semánticos sin ningún recato.

 

TV MUNDIAL copia

TV MUNDIAL En 1970 el mundial llevado a cabo en México acaparó la atención de los televidentes pues por vez primera Perú participaba en un evento de tal magnitud, luego de haber eliminado a una potencia sudamericana: Argentina. En el mundial de 1930, realizado en Uruguay, Perú había participado pero en calidad de invitado. Gracias al satélite de comunicaciones, los aficionados pudieron contemplar los encuentros de Perú en vivo y en directo, aunque en solo dos colores: Blanco y negro. Para el mundial Argentina 78, la situación no varió mucho. Aun cuando ya había la tecnología que permitía ver la televisión a colores, la mayoría de peruanos contaba con televisor en blanco y negro. Cuatro años después la situación cambió radicalmente: El mundial España 82 fue apreciado a colores por una amplia mayoría. Como se recuerda, el común denominador de la participación de Perú en estos mundiales fue que en los últimos encuentros encajó goleadas estrepitosas. En México 70, Perú perdió por 4 a 2 contra Brasil; en Argentina 78, cayó por 6 – 0 ante el equipo anfitrión; y en España 82 sufrió una nueva humillación al caer por 5 a 1 contra Polonia. Muchos aficionados se sintieron decepcionados, frustrados e impotentes ante una realidad tan desoladora. Si bien no se habían hecho demasiadas ilusiones con el equipo, tampoco esperaban una despedida tan calamitosa. Sintieron que todo lo buenos que había logrado en la primera fase lo había borrado de un plumazo. Con el objeto de volcar toda su rabia, algunos aficionados optaron por arrojar su televisor por la ventana de su departamento. Dos ciudadanos, uno de sesenta años y otro que frisa los cincuenta, narran sus testimonios de lo ocurrido: “Lo recuerdo muy bien. Fue un arranque de furia. Cuando se produjo el quinto gol de los polacos, cargué mi televisor Sonny Trinitron de 19 pulgadas y lo arrojé desde el séptimo piso. Apenas impactó contra la acera el aparato se hizo trizas. Por suerte, no había ni la más mínima posibilidad que el aparato le cayera encima a un transeúnte. Cuando Perú jugaba las calles estaban desiertas. Si esta operación la hubiese realizado en esta última eliminatoria, por lo menos hubiera matado a un par personas. Pero hoy en día por esta selección no sacrifico ni mi celular”, señaló A.M. Fernández. “Creo que nací con la predisposición de arrojar aparatos eléctricos por las ventana. En el quinto gol que los argentinos nos propinaron en su mundial, cogí el televisor en blanco y negro y me dirigí a la ventana, y cuando ya estaba a punto de tirarlo, mi padre me detuvo. Me dijo que el televisor lo había comprado él. Entonces fui a la cocina y le pedí permiso a mamá para que me permitiera arrojar su waflera. Como era de esperarse, también se negó. Para el mundial de España yo ya trabajaba, de manera que pude comprarme mi televisor Phillips de catorce pulgadas. Cuando vino el cuarto gol de los polacos, lo tiré por la ventana. Sentí un alivio que ni diez libros de autoayuda leídos al hilo me lo hubieran brindado”, sostuvo M.J. Ramírez

 

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