
Los crecientes episodios de violencia ocurridos en las últimas semanas han colocado al
Perú en una situación sumamente grave. Para muchos peruanos, esto representa la
tristeza de haber perdido un familiar, la preocupación de tener algún pariente herido
sea civil o policÃa, la pena de ver a un hijo estudiante detenido, la desesperación por no
poder trabajar y sustentar a nuestras familias y la frustración por no poder comprar
productos de primera necesidad que siguen elevándose debido a la falta de
abastecimiento.
Cómo empresarios de diversos sectores económicos y clase trabajadora de todas las
regiones del paÃs, necesitamos condiciones de seguridad y estabilidad para el desarrollo
de nuestras actividades. Ese dÃa a dÃa que dedicamos al cultivo de la tierra, a recibir y
albergar turistas, a proveer productos y servicios a nuestros clientes, al transporte de
personas y de bienes, a la exportación de nuestros productos y materias primas, son el
sostén de millones de familias en nuestro paÃs. Necesitamos trabajar.
El derecho a la vida es de todos los peruanos. Los derechos humanos también son para
esa clase trabajadora que ha visto vulnerada su libertad en un escenario de pugnas y
violencia; y en algunos casos, han sido vÃctimas de extorsiones y amenazas por discrepar
con las medidas de protesta. Es deber de las autoridades proveer a los peruanos de
seguridad, pero sin vulnerar la integridad de nadie. Por su parte, el anhelo de grupos y
organizaciones polÃticas promotoras de protestas, debe canalizarse a través de vÃas
democráticas y de manera pacÃfica. La propiedad pública y privada debe siempre
respetarse.
Necesitamos propiciar una reconciliación nacional que involucre a las fuerzas polÃticas,
a las instituciones del Estado, la academia, a las fuerzas del orden, a los trabajadores y
los empresarios. Necesitamos de todos los peruanos, para seguir trabajando unidos en
aras del paÃs que todos queremos.