LIMA – Tres semanas antes de asumir la presidencia peruana, Ollanta Humala estuvo en Washington. Él, quien habÃa decidido iniciar sus giras internacionales antes de asumir el mando empezando por toda Suramérica (y no por EE.UU.), fue bien recibido en Washington donde se entrevistó con la secretaria de Estado, Hillary Clinton, y el secretario general de la OEA, José Miguel Insulza.
El presidente de EE.UU. decidió mostrar un gran respeto y cortesÃa al hacerle una inesperada visita a Humala. Este gesto ha sido analizado por el prestigiado Council of Hemisferic Affairs (COHA) como un significativo paso que podrÃa implicar una nueva polÃtica hacia la región, la misma que aún no se ha demarcado plenamente de la que esgrimió Bush y que podrÃa inducir a que él designe nuevos embajadores en La Paz, Quito y Caracas que mantengan una relación de menor confrontación.
El Perú es clave en Latinoamérica. Está al medio de los 3 paÃses andinos del sur y los 3 del norte. Es la única nación con quien el gigante brasileño puede erigir una vÃa comercial terrestre directa al PacÃfico, locomotora de la economÃa global. Lima, que antes administraba el mayor territorio que haya tenido las Américas, cuenta hoy con una de las mayores tasas de crecimiento del mundo.
La elección de Humala es algo que cayó casi de sorpresa para Obama, quien hubiese preferido que en la primera ronda se clasificase Toledo y cuya embajadora en Lima (Rose Likins) -según COHA- habrÃa favorecido a Keiko Fujimori, siguiendo la misma orientación cuando ella fue embajadora en El Salvador donde ante las elecciones del 2004 ella amenazó con remover la asistencia de su paÃs si ganase el FMLN (quien fue electo en el 2009).
En los cálculos de Obama estaba que, al suavizar la tensión con Latinoamérica que produjo Bush, ello podrÃa repercutir en un declive de la «marea rosa», tal como podrÃa demostrar la elección de dos presidentes de derecha en Panamá y Chile (donde Piñera suplantó 2 décadas de gobiernos de la Concertación socialcristiana/ socialdemócrata).
Ante la posibilidad de que Humala pueda ser el primer presidente pro-izquierdista peruano, de que éste pueda afectar el arco pro- TLC del PacÃfico y de que él fortalezca el eje nacionalista que en distintos grados proponen los principales paÃses del oeste latinoamericano (Venezuela, Brasil y Argentina), Obama buscó mostrarle al debutante ocupante del Palacio de Pizarro que a él le conviene más mantener una buena relación con la Casa Blanca, con la cual se podrÃan tocar agendas sociales y ecológicas que «perfeccionasen» los TLC. Washington viene viendo cómo su influencia en su «patio trasero» va siendo minada por la emergencia de más gobiernos crÃticos a éste y de que nuevas competencias económicas le vaya quitando terreno (como China que está desplazando a EE.UU. como el principal socio comercial del Perú y otros paÃses al sur de Miami) por lo que muchos asesores de Obama le deben estar recomendando mayor cautela y concesiones ante esa región.