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	<title>CIRO ALEGRÍA en Serperuano.com</title>
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	<description>Un Sentimiento, Tu identidad</description>
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		<title>CIRO ALEGRÍA</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Ricardo]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 03 Nov 2018 13:00:30 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Historia del Dia]]></category>
		<category><![CDATA[CIRO ALEGRÍA]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Nació el 4 de noviembre de 1909 en la hacienda de Quilca ("Marcabal Grande"), provincia de Huamachuco, La Libertad.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"><strong><a href="http://www.serperuano.com/2012/11/ciro-alegria/ciro-alegria-4/" rel="attachment wp-att-193774"><img fetchpriority="high" decoding="async" class="alignleft size-full wp-image-193774" title="CIRO ALEGRIA" src="http://spmedia.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2012/11/CIRO-ALEGRIA.jpg" alt="" width="290" height="376"></a>Ciro Alegría Bazán</strong> nació el 4 de noviembre de 1909 en la hacienda de Quilca («Marcabal Grande»), provincia de Huamachuco, departamento de La Libertad. Sus estudios escolares los realizó en el colegio Nacional San Juan de Trujillo, teniendo como maestro a César vallejo, quien enseñó a leer y escribir. Vivió un tiempo en la hacienda de su abuelo, Marcaval Grande, donde conoció la vida de los indígenas. Manuel Baca, peón de la hacienda y eximio narrador, lo introdujo en el mundo de las fábulas, mitos y leyendas andinos.</p>
<p style="text-align: justify;">En 1924 regresó a Trujillo para culminar sus estudios secundarios, fundó un periódico, “Tribuna Sanjuanista”, ingresó a la universidad, formó parte del movimiento de reforma universitaria y se afilió al APRA. A causa de su militancia a este partido, Alegría sufrió encarcelamiento, tortura y destierro. Tuvo que esperar tres largo años en el exilio para poder retornar a su país. Durante ese lapso vivió en Chile, los Estados Unidos, Puerto Rico y Cuba. En Chile escribió su primera novela La serpiente de oro, con la cual obtuvo el premio convocado por la editorial Nascimento en 1935. Al año siguiente tuvo que ser internado en el sanatorio San José de Maipú, debilitado por las prisiones, el destierro y los problemas económicos.</p>
<p style="text-align: justify;">En Santiago de Chile contrae nupcias con su tía segunda, Rosalía Amézquita Alegría, con la que tuvo dos hijos, Ciro y Alonso. Para poder terminar la novela El mundo es ancho y ajeno, recibió la ayuda de de un grupo de amigos, quienes se encargaron de pasarle una pensión anual. Con esta novela Ciro obtuvo el primer concurso de novela latinoamericana, convocado por la casa Farrar and Reinhardt de Nueva Cork.</p>
<p style="text-align: justify;">El mundo es ancho y ajeno es el último libro que publicó en vida; El hombre que era amigo de la noche, Lázaro y El dilema de Krausse quedaron inconclusas y fueron editadas póstumamente.</p>
<p style="text-align: justify;">En su exilio en Nueva York, Alegría renuncia al APRA. A su regreso se inscribe al partido Acción Popular, por el cual fue electo diputado en 1963. Ciro Alegría falleció en Lima en 1967, a los 58 años.</p>
<p style="text-align: justify;">Acerca de Ciro Alegría, el poeta y crítico Washington Delgado dice: “Hay grandes novelistas que no logran escribir buenos cuentos; asimismo hay cuentistas notables que fracasan al escribir novelas. Son raros quienes destacan en el ejercicio de ambos géneros. Ciro Alegría es, fundamentalmente, un novelista: la parte más importante de su obra literaria se haya constituida por sus novelas. Sin embargo, sus cuentos y relatos breves poseen también valores estéticos notables”.</p>
<p style="text-align: justify;">A Ciro Alegría se le inscribe dentro de la denominada corriente indigenista, específicamente en el indigenismo ortodoxo, según la clasificación del crítico Tomás Escajadillo. El indio es que, según el crítico Tomás Escajadillo, se divide en tres modalidades: Indianismo, Indigenismo Ortodoxo y Neoindigenismo. Ciro Alegría está comprendido en el Indigenismo Ortodoxo.</p>
<p style="text-align: center;"><strong>CALIXTO CARMENDIA</strong></p>
<p style="text-align: justify;"><em><br />
</em><span style="color: #800080;"><strong>Déjame contarte —le pidió un hombre llamado Remigio Garmendia a otro llamado Anselmo, levantando la cara—. Todos estos días, anoche, esta mañana, aún esta tarde, he recordado mucho&#8230; Hay momentos en que a uno se le agolpa la vida&#8230; Además, debes aprender. La vida, corta o larga, no es de uno solamente.</strong></span></p>
<p><span style="color: #800080;"><strong>Sus ojos diáfanos parecían fijos en el tiempo. La voz se le fraguaba hondo y tenía un rudo timbre de emoción. Blandíanse a ratos las manos encallecidas.</strong></span></p>
<p><span style="color: #800080;"><strong>—Yo nací arriba, en un pueblito de los Andes. Mi padre era carpintero y me mandó a la escuela. Hasta segundo año de primaria era todo lo que había. Y eso que tuve suerte de nacer en el pueblo, porque los niños del campo se quedaban sin escuela. Fuera de su carpintería, mi padre tenía un terrenito al lado del pueblo, pasando la quebrada, y lo cultivaba con la ayuda de algunos indios a los que pagaba en plata o con obritas de carpintería: que el cabo de una lampa o de hacha, que una mesita, en fin. Desde un extremo del corredor de mi casa, veíamos amarillear el trigo, verdear el maíz, azulear las habas en nuestra pequeña tierra. Daba gusto. Con la comida y la carpintería teníamos bastante, considerando nuestra pobreza. A causa de tener algo y también por su carácter, mi padre no agachaba la cabeza ante nadie. Su banco de carpintero estaba en el corredor de la casa, dando a la calle. Pasaba el alcalde. «Buenos días, señor», decía mi padre, y se acabó. Pasaba el subprefecto. «Buenos días, señor», y asunto concluido. Pasaba el alférez de gendarmes. «Buenos días, alférez», y nada más. Pasaba el juez y lo mismo. Así era mi padre con los mandones. Ellos hubieran querido que les tuviera miedo o les pidiese o les debiera algo. Se acostumbran a todo eso los que mandan. Mi padre les disgustaba. Y no acababa ahí la cosa. De repente venía gente del pueblo, ya sea indios, cholos o blancos pobres. De a diez, de a veinte o también en poblada llegaban. «Don Calixto, encabécenos para hacer ese reclamo». Mi padre se llamaba Calixto. Oía de lo que se trataba, si le parecía bien aceptaba y salía a la cabeza de la gente, que daba vivas y metía harta bulla, para hacer el reclamo. Hablaba con buena palabra. A veces hacía ganar a los reclamadores y otras perdía, pero el pueblo siempre le tenía confianza. Abuso que se cometía, ahí estaba mi padre para reclamar al frente de los perjudicados. Las autoridades y los ricos del pueblo, dueños de haciendas y fundos, le tenían echado el ojo para partirlo en la primera ocasión. Consideraban altanero a mi padre, quien no los dejaba tranquilos. El ni se daba cuenta y vivía como si nada le pudiera pasar. Había hecho un sillón grande, que ponía en el corredor. Ahí solía sentarse, por las tardes, a conversar con los amigos. «Lo que necesitamos es justicia», decía. «El día que el Perú tenga justicia, será grande». No dudaba de que la habría y se torcía los mostachos con satisfacción, predicando: «No debemos consentir abusos».</strong></span></p>
<p><span style="color: #800080;"><strong>Sucedió que vino una epidemia de tifo, y el panteón del pueblo se llenó con los muertos del propio pueblo y los que traían del campo. Entonces las autoridades echaron mano de nuestro terrenito para panteón. Mi padre protestó diciendo que tomaran tierra de los ricos, cuyas haciendas llegaban hasta la propia salida del pueblo. Dieron de pretexto que el terreno de mi padre estaba ya cercado, pusieron gendarmes y comenzó el entierro de muertos. Quedaron a darle una indemnización de setecientos soles, que era algo en esos años, pero que autorización, que requisitos, que papeleo, que no hay plata en este momento&#8230; Se la estaban cobrando a mi padre, para ejemplo de reclamadores. Un día, después de discutir con el alcalde, mi viejo se puso a afilar una cuchilla y, para ir a lo seguro, también un formón. Mi madre algo le veía en la cara y se le prendió del cogote y le lloró diciéndole que nada sacaba con ir a la cárcel y dejarnos a nosotros más desamparados. Mi padre se contuvo como quebrándose. Yo era niño entonces y me acuerdo de todo eso como si hubiera pasado esta tarde.</strong></span></p>
<p><span style="color: #800080;"><strong>Mi padre no era hombre que renunciara a su derecho. Comenzó a escribir cartas exponiendo la injusticia. Quería conseguir que al menos le pagaran. Un escribano le hacía las cartas y le cobraba dos soles por cada una. Mi pobre escritura no valía para eso. El escribano ponía al final: «A ruego de Calixto Garmendia, que no sabe firmar, fulano». El caso fue que mi padre despachó dos o tres cartas al diputado por la provincia. Silencio. Otras al senador por el departamento. Silencio. Otra al mismo Presidente de la República. Silencio. Por último mandó cartas a los periódicos de Trujillo y a los de Lima. Nada, señor. El postillón llegaba al pueblo una vez por semana, jalando una mula cargada con la valija del correo. Pasaba por la puerta de la casa y mi padre se iba detrás y esperaba en la oficina del despacho, hasta que clasificaban la correspondencia. A veces, yo también iba. «Carta para Calixto Garmendia?», preguntaba mi padre. El interventor, que era un viejito flaco y bonachón, tomaba las cartas que estaban en la casilla de la G, las iba viendo y al final decía: «Nada, amigo». Mi padre salía comentando que la próxima vez habría carta. Con los años, afirmaba que al menos los periódicos responderían. Un estudiante me ha dicho que, por lo regular, los periódicos creen que asuntos como ésos carecen de interés general. Esto en el caso de que los mismos no estén en favor del gobierno y sus autoridades, y callen cuanto pueda perjudicarles. Mi padre tardó en desengañarse de reclamar lejos y estar yéndose por las alturas, varios años.</strong></span></p>
<p><span style="color: #800080;"><strong>Un día, a la desesperada, fue a sembrar la parte del panteón que aún no tenía cadáveres, para afirmar su propiedad. Lo tomaron preso los gendarmes, mandados por el subprefecto en persona, y estuvo dos días en la cárcel. Los trámites estaban ultimados y el terreno era de propiedad municipal legalmente. Cuando mi padre iba a hablar con el Síndico de Gastos del Municipio, el tipo abría el cajón del escritorio y decía como si ahí debiera estar la plata: «No hay dinero, no hay nada ahora. Cálmate, Garmendia. Con el tiempo se te pagará». Mi padre presentó dos recursos al juez. Le costaron diez soles cada uno. El juez los declaró sin lugar. Mi padre ya no pensaba en afilar la cuchilla y el formón. «Es triste tener que hablar así —dijo una vez—, pero no me darían tiempo de matar a todos los que debía». El dinerito que mi madre había ahorrado y estaba en una ollita escondida en el terrado de la casa, se fue en cartas y en papeleo.</strong></span></p>
<p><span style="color: #800080;"><strong>A los seis o siete años del despojo, mi padre se cansó hasta de cobrar. Envejeció mucho en aquellos tiempos. Lo que más le dolía era el atropello. Alguna vez pensó en irse a Trujillo o a Lima a reclamar, pero no tenía dinero para eso. Y cayó también en cuenta de que, viéndolo pobre y solo, sin influencias ni nada, no le harían caso. ¿De quién y cómo valerse? El terrenito seguía de panteón, recibiendo muertos. Mi padre no quería ni verlo, pero cuando por casualidad llegaba a mirarlo, decía: «¡Algo mío han enterrado ahí también! ¡Crea usted en la justicia!» Siempre se había ocupado de que le hicieran justicia a los demás y, al final, no la había podido obtener ni para él mismo. Otras veces se quejaba de carecer de instrucción y siempre despotricaba contra los tiranos, gamonales, tagarotes y mandones.</strong></span></p>
<p><span style="color: #800080;"><strong>Yo fui creciendo en medio de esa lucha. A mi padre no le quedó otra cosa que su modesta carpintería. Apenas tuve fuerzas, me puse a ayudarlo en el trabajo. Era muy escaso. En ese pueblito sedentario, casas nuevas se levantarían una cada dos años. Las puertas de las otras duraban. Mesas y sillas casi nadie usaba. Los ricos del pueblo se enterraban en cajón, pero eran pocos y no morían con frecuencia. Los indios enterraban a sus muertos envueltos en mantas sujetas con cordel. Igual que aquí en la costa entierran a cualquier peón de caña, sea indio o no. La verdad era que cuando nos llegaba la noticia de un rico difunto y el encargo de un cajón, mi padre se ponía contento. Se alegraba de tener trabajo y también de ver irse al hoyo a uno de la pandilla que lo despojó. ¿A qué hombre, tratado así, no se le daña el corazón? Mi madre creía que no estaba bueno alegrarse debido a la muerte de un cristiano y encomendaba el alma del finado rezando unos cuantos padrenuestros y avemarías. Duro le dábamos al serrucho, al cepillo, a la lija y a la clavada mi padre y yo, que un cajón de muerto debe hacerse luego. Lo hacíamos por lo común de aliso y quedaba blanco. Algunos lo querían así y otros que pintado de color caoba o negro y encima charolado. De todos modos, el muerto se iba a podrir lo mismo bajo la tierra, pero aún para eso hay gustos.</strong></span></p>
<p><span style="color: #800080;"><strong>Una vez hubo un acontecimiento grande en mi casa y en el pueblo. Un forastero abrió una nueva tienda, que resultó mejor que las otras cuatro que había. Mi viejo y yo trabajamos dos meses haciendo el mostrador y los andamios para los géneros y abarrotes. Se inauguró con banda de música y la gente hablaba del progreso. En mi casa hubo ropa nueva para todos. Mi padre me dio para que lo gastara en lo que quisiera, así, en lo que quisiera, la mayor cantidad de plata que había visto en mis manos: dos soles. Con el tiempo, la tienda no hizo otra cosa que mermar el negocio de las otras cuatro, nuestra ropa envejeció y todo fue olvidado. Lo único bueno fue que yo gasté los dos soles en una muchacha llamada Eutimia, así era el nombre, que una noche se dejó coger entre los alisos de la quebrada. Eso me duró. En adelante no me cobró ya nada y si antes me recibió los dos soles, fue de pobre que era.</strong></span></p>
<p><span style="color: #800080;"><strong>En la carpintería, las cosas siguieron como siempre. A veces hacíamos un baúl o una mesita o tres sillas en un mes. Como siempre, es un decir. Mi padre trabajaba a disgusto. Antes lo había visto yo gozarse puliendo y charolando cualquier obrita y le quedaba muy vistosa. Después ya no le importó y como que salían del paso con un poco de lija. Hasta que al fin llegaba el encargo de otro cajón de muerto, que era plato fuerte. Cobrábamos generalmente diez soles. Déle otra vez a alegrarse mi padre, que solía decir: «Se&nbsp;<em>fregó</em>otro bandido, diez soles!» A trabajar duro él y yo; a rezar mi madre, y a sentir alivio hasta por las virutas. Pero ahí acababa todo. ¿Eso es vida? Como muchacho que era, me disgustaba que en esa vida estuviera mezclada tanto la muerte.</strong></span></p>
<p><span style="color: #800080;"><strong>La cosa fue más triste cada vez. En las noches, a eso de las tres o cuatro de la madrugada, mi padre se echaba unas cuantas piedras bastante grandes a los bolsillos, se sacaba los zapatos para no hacer bulla y caminaba medio agazapado hacia la casa del alcalde. Tiraba las piedras, rápidamente, a diferentes partes del techo, rompiendo las tejas. Luego volvía a la carrera y, ya dentro de la casa, a oscuras, pues no encendía luz para evitar sospechas, se reía. Su risa parecía a ratos el graznido de un animal. A ratos era tan humana, tan desastrosamente humana, que me daba más pena todavía. Se calmaba unos cuantos días con eso. Por otra parte, en la casa del alcalde solían vigilar. Como había hecho incontables chanchadas, no sabían a quién echarle la culpa de las piedras. Cuando mi padre deducía que se habían cansado de vigilar, volvía a romper tejas. Llegó a ser un experto en la materia. Luego rompió tejas en la casa del juez, del subprefecto, del alférez de gendarmes, del síndico de gastos. Calculadamente, rompió las de las casas de otros notables, para que si querían deducir, se confundieran. Los ocho gendarmes del pueblo salieron en ronda muchas noches, en grupos y solos, y nunca pudieron atrapar a mi padre. Se había vuelto un artista de la rotura de tejas. De mañana salía a pasear por el pueblo para darse el gusto de ver que los sirvientes de las casas que atacaba, subían con tejas nuevas a reemplazar las rotas. Si llovía era mejor para mi padre. Entonces atacaba la casa de quien odiaba más, el alcalde, para que el agua le dañara o, al caerles, los molestara a él y su familia. Llegó a decir que les metía el agua a los dormitorios, de lo bien que calculaba las pedradas. Era poco probable que pudiese calcular tan exactamente en la oscuridad, pero él pensaba que lo hacía, por darse el gusto de pensarlo.</strong></span></p>
<p><span style="color: #800080;"><strong>El alcalde murió de un momento a otro. Unos decían que de un atracón de carne de chancho y otros que de las cóleras que le daban sus enemigos. Mi padre fue llamado para que hiciera el cajón y me llevó a tomar las medidas con un cordel. El cadáver era grande y gordo. Había que verle la cara a mi padre contemplando al muerto. Él parecía la muerte. Cobró cincuenta soles adelantados, uno sobre otro. Como le reclamaron el precio, dijo que el cajón tenía que ser muy grande, pues el cadáver también lo era y además gordo, lo cual demostraba que el alcalde comió bien. Hicimos el cajón a la diabla. A la hora del entierro, mi padre contemplaba desde el corredor cuando metían el cajón al hoyo, y decía: «Come la tierra que me quitaste, condenado; come, come». Y reía con esa su risa horrible. En adelante, dio preferencia en la rotura de tejas a la casa del juez y decía que esperaba verlo entrar al hoyo también, lo mismo que a los otros mandones. Su vida era odiar y pensar en la muerte. Mi madre se consolaba rezando. Yo, tomando a Eutimia en el alisar de la quebrada. Pero me dolía muy hondo que hubieran derrumbado así a mi padre. Antes de que lo despojaran, su vida era amar a su mujer y su hijo, servir a sus amigos y defender a quien lo necesitara. Quería a su patria. A fuerza de injusticia y desamparo, lo habían derrumbado.</strong></span></p>
<p><span style="color: #800080;"><strong>Mi madre le dio esperanza con el nuevo alcalde. Fue como si mi padre sanara de pronto. Eso duró dos días. El nuevo alcalde le dijo también que no había plata para pagarle. Además, que abusó cobrando cincuenta soles por un cajón de muerto y que era un agitador del pueblo. Esto ya no tenía ni apariencia de verdad. Hacía años que las gentes, sabiendo a mi padre en desgracia con las autoridades, no iban por la casa para que las defendiera. Con este motivo ni se asomaban. Mi padre le gritó al nuevo alcalde, se puso furioso y lo metieron quince días en la cárcel, por desacato. Cuando salió, le aconsejaron que fuera con mi madre a darle satisfacciones al alcalde, que le lloraran ambos y le suplicaran el pago. Mi padre se puso a clamar:</strong></span><br />
<span style="color: #800080;"><strong> —«Eso nunca! Por que quieren humillarme? La justicia no es limosna! Pido justicia!»</strong></span></p>
<p><span style="color: #800080;"><strong>Al poco tiempo, mi padre murió.</strong></span></p>The post <a href="https://www.serperuano.com/2018/11/ciro-alegria/">CIRO ALEGRÍA</a> first appeared on <a href="https://www.serperuano.com">Serperuano.com</a>.]]></content:encoded>
					
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		<title>Presentación del libro «Buenas Noticias para Gabriel y Raquel» en la FIL Lima</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Edu Solorzano]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 23 Nov 2017 15:51:03 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Cultural]]></category>
		<category><![CDATA[Buenas noticias para Gabriel y Raquel]]></category>
		<category><![CDATA[CIRO ALEGRÍA]]></category>
		<category><![CDATA[Gil Vásquez]]></category>
		<category><![CDATA[Manuel Cornejo]]></category>
		<category><![CDATA[Samuel Mattos Mc. Bride]]></category>
		<category><![CDATA[Universidad Nacional Federico Villarreal.]]></category>
		<category><![CDATA[Universidad Nacional Mayor de San Marcos]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Jueves 23 a las 7 p.m. en la Sala Ciro Alegría se realizará una nueva presentación del libro "Buenas noticias para Gabriel y Raquel"</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p style="font-weight: 400; text-align: justify;">Jueves 23 a las 7 p.m. en la Sala <strong>Ciro Alegría</strong> se realizará una nueva presentación del libro «<strong>Buenas noticias para Gabriel y Raquel</strong>«, pe Betsheba Gil que reúne una serie de cartas dirigidas a jóvenes y que es editado bajo el sello Arteidea. La idea es analizar esta publicación desde la mirada del psicólogo <strong>Samuel Mattos Mc. Bride</strong> y el antropólogo <strong>Manuel Cornejo</strong>.</p>
<p style="font-weight: 400; text-align: justify;"><strong><em>Buenas Noticias para Gabriel y Raquel</em></strong>  nace como una respuesta a «largas conversaciones con mis alumnos, cuando dictaba los talleres de Lectura y debates y también en  largas sesiones en mis clases de Literatura, una  respuesta a sus miedos e inseguridades, un aliento a seguir adelante, viviendo y creyendo en lo que hacen, que cada reto nuevo que le presente la vida sea una lucha optimista y victoriosa», nos dice la autora.</p>
<p style="font-weight: 400; text-align: justify;">El libro está dividido en cartas para chicos y chicas, no obstante; las cartas pueden ser leídas por cualquiera de los dos. «Gabriel y Raquel son mis hermanos menores de 18 y 15 años, respectivamente, a quienes he visto “sufrir” y “morirse de miedo” frente a todo lo nuevo que les toca afrontar», asegura Betsheba.<img decoding="async" class=" wp-image-477213 alignright" src="http://www.serperuano.com/wp-content/uploads/2017/11/bhetsabe-gil.jpg" alt="" width="539" height="546" srcset="https://www.serperuano.com/wp-content/uploads/2017/11/bhetsabe-gil.jpg 632w, https://www.serperuano.com/wp-content/uploads/2017/11/bhetsabe-gil-100x100.jpg 100w, https://www.serperuano.com/wp-content/uploads/2017/11/bhetsabe-gil-60x60.jpg 60w" sizes="(max-width: 539px) 100vw, 539px" /></p>
<p style="font-weight: 400; text-align: justify;"><strong>Sobre Betsheba Gil Vásquez</strong></p>
<p style="font-weight: 400; text-align: justify;">Es licenciada en Lingüística y Literatura por la <strong>Universidad Nacional Federico Villarreal</strong>  y licenciada en Educación a nivel Secundaria por la<strong> Universidad Nacional Mayor de San Marcos</strong>.</p>
<p style="font-weight: 400; text-align: justify;">Cuenta además con un diplomado en Docencia Universitaria por el FIDE/ <strong>Universidad Nacional Mayor de San Marcos</strong>, así como estudios de Maestría en Escritura Creativa de la misma universidad; así como estudios del tercer ciclo de Psicología en la Universidad Inca Garcilaso de la Vega.</p>
<p style="font-weight: 400; text-align: justify;">Adicionalmente, participa en talleres de Dramaturgia y de Dirección Teatral; es autora de la obra teatral Erick y Anastasia, y jefa de escena de la puesta Mientras escribes de Cinthia Delgado.</p>
<p style="font-weight: 400; text-align: justify;">Ha laborado en colegios particulares en “Formas de motivar a los adolescentes a la lectura, factores que contribuyen a la formación del hábito de la lectura, discusión sobre textos para adolescentes. Formas de leer con una población joven” entre otros modelos de capacitación.</p>The post <a href="https://www.serperuano.com/2017/11/presentacion-del-libro-buenas-noticias-para-gabriel-y-raquel-en-la-fil-lima/">Presentación del libro «Buenas Noticias para Gabriel y Raquel» en la FIL Lima</a> first appeared on <a href="https://www.serperuano.com">Serperuano.com</a>.]]></content:encoded>
					
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		<title>Coloquio sobre Ciro Alegría a 50 años de su fallecimiento</title>
		<link>https://www.serperuano.com/2017/11/coloquio-sobre-ciro-alegria-a-50-anos-de-su-fallecimiento/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[Edu Solorzano]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 07 Nov 2017 20:38:31 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Cultural]]></category>
		<category><![CDATA[CIRO ALEGRÍA]]></category>
		<category><![CDATA[escritor peruano]]></category>
		<category><![CDATA[JOSÉ MARÍA ARGUEDAS]]></category>
		<category><![CDATA[ULima]]></category>
		<category><![CDATA[Universidad de Lima]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>El lunes 13 de noviembre, se llevará a cabo en la Universidad de Lima (Ulima) un homenaje al escritor peruano Ciro Alegría, al cumplirse 50 años de su fallecimiento.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>El lunes 13 de noviembre, se llevará a cabo en la <strong>Universidad de Lima</strong> (<strong>Ulima</strong>) un homenaje al <strong>escritor peruano</strong> <strong>Ciro Alegría</strong>, al cumplirse 50 años de su fallecimiento.</p>
<p>La obra de <strong>Ciro Alegría</strong> es de capital importancia en la narrativa peruana del siglo XX. Fue, junto con <strong>José María Arguedas</strong>, uno de los representantes más importantes del indigenismo y legó a la posteridad novelas como <em>Los perros hambrientos</em> y <em>El mundo es ancho y ajeno</em>, que retratan la complejidad y las tensiones del mundo andino con gran expresividad y fuerza narrativa.</p>
<p>A medio siglo de su muerte, es justo rendirle un tributo que, además, ponga en valor una trayectoria fundacional en el tratamiento de esta temática y sus representaciones culturales.</p>
<p>El coloquio, organizado por el Programa de Estudios Generales de la <strong>Ulima</strong>, contará con dos mesas de ponentes, formadas por invitados especiales y profesores de esta Casa de Estudios.</p>The post <a href="https://www.serperuano.com/2017/11/coloquio-sobre-ciro-alegria-a-50-anos-de-su-fallecimiento/">Coloquio sobre Ciro Alegría a 50 años de su fallecimiento</a> first appeared on <a href="https://www.serperuano.com">Serperuano.com</a>.]]></content:encoded>
					
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		<title>Viuda de Ciro Alegría presenta libro testimonial en la Casa de la Literatura</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Ricardo]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 09 Oct 2014 16:47:25 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Cultural]]></category>
		<category><![CDATA[Casa de la Literatura]]></category>
		<category><![CDATA[CIRO ALEGRÍA]]></category>
		<category><![CDATA[Viuda de Ciro Alegría]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Lima, oct. 08. El próximo viernes 10 de octubre, en la Casa de la Literatura Peruana (jirón Áncash 207, Centro Histórico de Lima), a las 19.00 horas la poeta y narradora cubano-peruana Dora Varona presentará junto a Genaro Llanqui el libro testimonial «Todo tiene su tiempo». Dora Varona, viuda del escritor Ciro Alegría, comienza a [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"><strong>Lima, oct. 08.</strong> El próximo viernes 10 de octubre, en la<strong> Casa de la Literatura Peruana</strong> (jirón Áncash 207, Centro Histórico de Lima), a las 19.00 horas la poeta y narradora cubano-peruana <strong>Dora Varona</strong> presentará junto a Genaro Llanqui el libro testimonial «Todo tiene su tiempo».</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>Dora Varona</strong>, viuda del escritor <strong>Ciro Alegría</strong>, comienza a narrar esta historia a la edad de 80 años.</p>
<p style="text-align: justify;">En ella convergen la vida de un joven aymara (Genaro Llanqui) y esta mujer con sus cuatro niños huérfanos. La necesidad económica y afectiva une a estos dos seres.</p>
<p style="text-align: justify;">La narración nos confronta con los conflictos sociales y políticos del Perú de 1967 en adelante.</p>
<p style="text-align: justify;">Este testimonio nos muestra la historia de<strong> Dora Varona y Genaro Llaqui</strong>, quienes superando las adversidades económicas y los prejuicios de toda índole llevan ahora 38 años de casados y trabajan como pastores y consejeros cristianos.</p>
<p style="text-align: justify;">De las 53 partes que componen el libro, una docena está narrada por Llanqui, ofreciéndonos un inusual atisbo del mundo aymara donde se crió.</p>
<p style="text-align: justify;">Todo tiene su tiempo es un importante documento para las letras peruanas, ya que en él se esboza la figura de uno de sus más importantes narradores por alguien que lo conoció íntimamente, al igual que a su obra.</p>
<p style="text-align: justify;">Tras la muerte de Alegría, Varona se dio a la tarea de recopilar, editar y divulgar en ediciones tanto académicas como populares de la obra completa de su esposo, tarea editorial cuyos pormenores narra.</p>The post <a href="https://www.serperuano.com/2014/10/viuda-de-ciro-alegria-presenta-libro-testimonial-en-la-casa-de-la-literatura/">Viuda de Ciro Alegría presenta libro testimonial en la Casa de la Literatura</a> first appeared on <a href="https://www.serperuano.com">Serperuano.com</a>.]]></content:encoded>
					
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