Martes, 29 de Septiembre del 2020
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Miopía no deja de aumentar en Europa y los Estados Unidos

Publicado el 11/08/20

La cantidad de personas miopes se ha incrementado en las últimas décadas, sobre todo en los países asiáticos, y la tendencia ha llegado a los Estados Unidos y Europa: según el Instituto Internacional para la Miopía (IMI), en Hong Kong la enfermedad visual tiene una incidencia del 62%, en Singapur del 53% y en China del 47%, mientras que los Estados Unidos superan el 42%. Hay grupos que padecen particularmente la miopía, como por ejemplo los adolescentes asiáticos, cuyas tasas exceden el 80 por ciento. Otros países desarrollados, como Australia (31%) y el Reino Unido (23%) también van en aumento.

En promedio, según un estudio de la publicación académica Investigative Ophthalmology and Visual Science (IOVS) realizado en 2019, más del 32% de la población mundial tiene miopía, o la incapacidad de ver con nitidez algo a distancia, y hacia 2050, si el ritmo de progreso continúa, “casi el 60% de la población global tendrá algún nivel de miopía, sobre todo en los países desarrollados”. El estudio también observó, como el IMI, un aumento desde el año 2000: además de las grandes ciudades asiáticas, en los Estados Unidos la cantidad de personas miopes ha aumentado un 14% y en Europa, un 15 por ciento.

“La miopía se ha vuelto una epidemia”, dijo a The Outline Fuensanta Vera-Díaz, profesora del New England College of Optometry. “La preponderancia es muy elevada y continuará en aumento si no hacemos nada al respecto”.

También ha aumentado la gravedad de los cuadros: además de la miopía común, la miopía magna, una forma extrema que causa una distensión en la parte de atrás del ojo (lo cual cambia las estructuras de la retina, la membrana coroides y hasta el nervio óptico) duplicó su incidencia, según la Organización Mundial de la Salud (OMS), del 2,2% en 2000 al 4% del total de la población en 2020. Si la tendencia no se revierte, el 10% de la población sufrirá esta manifestación particularmente grave de la miopía, que se asocia al glaucoma y la degeneración macular, hacia 2050.

En Medium, el periodista de ciencias Robert Roy Britt rastreó que entre 1971 y el presente las tasas de miopía promedio pasaron del 25% a más del 40% en los Estados Unidos, según el Instituto Nacional de la Visión (NEI). “En las grandes ciudades de los países desarrollados de Asia, la tasa supera el 80% entre los estudiantes al terminar la escuela secundaria”, confirmó. Si bien los mecanismos de la miopía son complejos y la herencia juega un papel de importancia, “las pruebas apuntan a dos responsables probables y asociados entre sí, durante los años críticos (de la infancia al fin de la adolescencia) en los cuales el globo ocular crece y desarrolla su forma definitiva”, señaló:

Y entonces llegó la pandemia de COVID-19

En esa situación, debida a la difusión de nuevas tecnologías —y en algunos países asiáticos, también a la gran exigencia académica del primario y el secundario—, la pandemia de COVID-19, con la consecuente escolaridad por videoconferencia, constante tarea en el hogar y entretenimiento en línea, por no hablar de la imposibilidad de salir al exterior a recibir el sol, resultó otro golpe importante. “El tiempo de pantalla ha aumentado dramáticamente y continuará consumiendo nuestras vidas tanto en lo educativo como en lo recreativo”, sintetizó el oftalmólogo Vittorio Mena en InVision.

“Las tabletas, los dispositivos, los teléfonos inteligentes, los videojuegos de mano y las computadoras requieren una gran demanda a la visión cercana, que puede causar tensión y fatiga ocular, dolores de cabeza, ojo seco y a veces visión borrosa”, detalló. Citó un artículo de Forbes que mensuró la cuestión entre los más jóvenes: “El 73% de la Generación Z o Centennials emplea dispositivos conectados a internet para comunicarse con los amigos y la familia, actividad seguida por el entretenimiento (59%) y los juegos (58%)”.

En general la miopía se trata con anteojos o lentes de contacto, y últimamente con cirugía láser, pero el estiramiento del globo ocular, que es lo que causa visión borrosa al mirar objetos en la distancia, no se cura. Se suele diagnosticar entre los 3 y los 12 años, pero sigue progresando, según la Asociación Nacional de Optometría (AOA) de los Estados Unidos. Cada vez más se comprueba que aumenta las probabilidades de enfermedades más difíciles como las cataratas, el glaucoma, la maculopatía y el desprendimiento de la retina, que pueden causar pérdida de visión.

“Llevo 15 años ejerciendo y mi impresión general es que cada vez encuentro más [miopía], y no son sólo la forma leve”, dijo a Halley Bondy, de The Outline, Aaron Miller, cirujano ocular de Houston y vocero del área clínica de la AOA. “También veo más niños entre los que empiezan con formas leves, pero la progresión se da a mayor velocidad”.

Langis Michaud, profesor de optometría en la Universidad de Montreal, dijo a Britt que cuando comenzó a trabajar en el campo de la miopía, hace 35 años, solía ver gente joven, que en general presentaba “una miopía modesta hacia los 13 años, que se estabilizaba en un nivel moderado hacia los 18″. Bastaban anteojos, lentes de contacto y, en la adultez, láser para controlarla. “Ahora, cada semana veo niños de tan sólo siete años cuya miopía es tan grave como la de los chicos de 18 años que veía hace 35 años”.

Tanto por la cantidad de casos como por el aumento de los de miopía magna, la situación actual “merece que la consideremos un fenómeno epidémico”, agregó. Coincidió Barbara Caffery, titular de la AOA: “Estamos siendo testigos de una epidemia, una que traerá tragedia, morbilidad y depresión”, escribió en 2019 en una carta abierta a sus colegas.

Más pantallas en la educación y en la vida social

Dado que no hay manera de determinar el origen de la miopía, sino que sólo se la puede identificar, dado que la genética humana no ha cambiado la principal sospechosa de la mayor incidencia es la tecnología. Según un estudio de AOA realizado en 2018, cuatro de cada cinco padres dijeron que sus hijos pasan al menos una hora por día frente a una computadora o dispositivo móvil. Pero —advirtió Miller a The Outline— los padres tienden a “subestimar groseramente” la cantidad de horas de pantalla que sufren los ojos de sus hijos en edad escolar.

Muchas veces los niños no comprenden que su incapacidad para ver las cosas en la pizarra es una señal de que algo está mal: piensan que es normal por la distancia y no informan lo que les sucede a sus padres o sus maestros. Según la AOA, los chequeos de visión de los estudiantes —obligatorios en 40 de los 50 estados, aunque según un estudio de Education Week dejan fuera a la tercera parte de los niños— fallan en un 75% de los casos y no detectan los problemas.

A eso se suma la paradójica relación entre causa y efecto de la miopía en menores en edad escolar, como describió Britt: “Aunque la miopía puede hacer difícil la lectura de una pizarra lejana, el tiempo que un niño pasa en clase o haciendo los deberes, concentrando la vista en libros o pantallas y otras tareas de visión cercana, parece estar contribuyendo a la miopía, según las investigaciones”.

Por otra parte, aun antes de la pandemia la educación se apoyaba cada vez más en los recursos de la tecnología, como tabletas y computadoras, y menos en pizarras. “Y a los niños de hoy se les pide que hagan más tarea que en las décadas pasadas, lo que a menudo implica pantallas pequeñas y otras tareas de visión cercana”, agregó el especialista en Medium. Las pantallas que se miran a corta distancia “causan una demanda visual que el sistema de los niños pequeños no puede manejar”, le dijo Michaud.

¡Sal a la calle!

Vera-Díaz señaló a The Outline que, si bien todo eso es cierto, hay que prestar atención también a otro dato: la tendencia al aumento de la miopía comenzó antes de 1999, por lo cual precede a los teléfonos inteligentes y de los dispositivos de toda clase para niños. “La mayoría de los estudios existentes responsabilizan al hecho de que los niños no salen al exterior tanto como antes”, interpretó el artículo.

En un día luminoso el ojo humano puede recibir 10.000 o más lux (la unidad de medida del brillo de la luz). En cambio, en un ámbito cerrado como la escuela o la oficina, el ojo humano recibe unos 500 lux. Y aun antes de la pandemia, el estilo de vida de los países desarrollados ha hecho que los niños (y también los adultos) pasen cada vez menos tiempo en la calle o al aire libre en general.

“Aunque ninguna nación o etnia es inmune, la miopía ha aumentado antes en las regiones de Asia oriental y sudoriental donde, durante décadas, los estudiantes han tenido jornadas escolares de hasta 10 horas, seguidas de tres horas de tarea”, analizó Bondy. “En los Estados Unidos la jornada escolar dura unas siete horas, seguidas de entre una y tres horas de tarea”. En ese tiempo los niños no sólo fijan la vista en pantallas sino que realizan otras actividades de visión cercana, como escribir y leer.

No se sabe exactamente de qué manera el tiempo al aire libre impacta en la prevención de la miopía, pero una teoría es que la exposición del ojo a la luminosidad lo mantiene agudo. “Incluso un día gris y lluvioso multiplica por 10 los lux en el exterior que en el interior”, según Donald Mutti, profesor de Optometría en la Universidad Estatal de Ohio.

“La teoría es que la luz brillante estimula las células especializadas de la retina para que produzcan más dopamina, lo que puede ralentizar el crecimiento del ojo”, dijo Mutti. Un globo ocular normal tiene 24 milímetros; uno con miopía, 25. “Podría detener el proceso que produce miopía en los ojos de los niños”. Vera-Díaz agregó que las demandas visuales en el exterior también pueden contribuir, como ejercitar la visión lejana, el estímulo periférico y la alternancia entre visión central y visión periférica.

Desde luego, la luz natural nada puede cambiar el progreso de una miopía genética, pero según Mutti sí puede beneficiar a los niños que pueden desarrollar una miopía por causa ambientales. En esos casos, dos horas por día de luz natural, o 14 por semana, son útiles. Y cuanto antes se comience, mejor: hacia los 12 años es muy difícil ya controlar el proceso, agregó.

Otros tratamientos prometedores son las gotas oculares con una dosis baja de atropina y las lentes de corrección especiales, Ortho-K, que remodelan la córnea mientras los niños duermen y tienen un efecto temporario que dura hasta dos días.

Tarea para el hogar: cuidar la vista

Todos los especialistas coincidieron en que hay cosas práctica para hacer, tanto a fin de prevenir la miopía en los niños como para ayudar a los adultos que la sufren a tratar de evitar otros problemas visuales. El ejercicio más común es la regla 20-20-20: cada 20 minutos, mirar a un objeto que se halle a 20 pies (seis metros) de distancia por al menos 20 segundos, para que el sistema de enfoque del ojo se relaje.

Otros consejos comunes incluyen mantener las pantallas a una distancia de al menos la extensión del brazo, nunca pegadas a la cara; reducir el resplandor de las pantallas al ajustar las luces del ambiente y la configuración de los dispositivos; hacer zoom en las pantallas para agrandar tipografía e imágenes.

Mena también citó los filtros de luz azul, que en los últimos dos años se popularizaron. Ofrecen picos de absorción que oscilan entre 380 y 470 nanómetros (nm). “Las investigaciones muestran que estos filtros disminuyen los efectos nocivos entre un 10,6% y un 23,6%, mientras que reducen los síntomas asociados con el síndrome visual informático (SVI) en aproximadamente el 30% de los pacientes”, citó un estudio.

No obstante, Mena insistió en un recurso pre-digital de gran utilidad: “Es importante recordarles a todos nuestros pacientes que deben soltar los aparatos electrónicos e ir a divertirse fuera”, dijo. Mientras los usen, además de lentes protectoras o filtros, también tienen que “descansar con frecuencia”.

FUENTE: INFOBAE



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