Domingo, 29 de Noviembre del 2020
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Los niños llenaron de amor la procesión en honor al Divino Niño del Milagro

Publicado el 27/01/14

“Los niños no guardan rencor; los niños no odian; seamos como los niños; cuidemos a nuestros niños”, expresó el párroco de Ciudad Eten (Lambayeque), P. Eleuterio Vásquez, durante la homilía en misa de fiesta del medio año en homenaje al Divino Niño del Milagro.  La importancia de los pequeños fue destacada este año pues por primera vez y con éxito se desarrolló la procesión “El Niño con los niños”, donde numerosos infantes caminaron cantando alegres, sin importarles el abrasador sol.

Ciudad Eten, conocida como “Tercera Ciudad Eucarística del Mundo”, “Capital del Sombrero”, “Tierra de Músicos” “Cuna del héroe nacional Pedro Ruiz Gallo”, celebra desde el 12 de enero la feria del medio año en honor a Santa María Magdalena y el Divino Niño del Milagro, conmemorando el milagro ocurrido en 1649.

Este año, en la misa de fiesta, el P. Eleuterio Vásquez –llamado cariñosamente “Lute”- destacó la importancia de la unión de familia. “Si tu corazón está lleno de amor, te felicito; pero si está lleno de odio tu vida es triste; es lamentable y Jesús quiere que vivamos felices. De nada vale que vengas a misa, que comulgues o tengas devoción al Niño del Milagro si prefieres hacerle caso al demonio que divide. Esta fiesta no es externa, esta fiesta se vive en el corazón y Dios nos llama a dar y recibir amor”, manifestó a los miles de feligreses que llenaron la nave de la iglesia Santa María Magdalena.

Al finalizar la Santa Misa, el sacerdote –acompañado de diez acólitos- impartió la bendición tomando en las manos una pequeña réplica de la imagen del Niño del Milagro y se procedió a organizar la procesión “El Niño con los niños”.  Una imagen pequeña del Niño Jesús fue sacada en hombros por infantes que con gusto la cargaron durante la procesión que comprendió las calles Bolognesi, Pedro Ruiz, Grau y 28 de julio para retornar nuevamente por Bolognesi hacia el templo.

“Alabaré alabaré, “Yo tengo un amigo que me ama”, “Divino Niño Jesús” entre otras canciones fueron las que con megáfono en mano iba entonando el P. Lute y los pequeños lo seguían con sus voces y palmas. Asimismo, durante el camino fueron rezando por los niños enfermos y también hicieron vivas al Niño Jesús, a María, a Ciudad Eten y a los niños.

Cabe señalar que, durante la ceremonia religiosa, P. “Lute” pronunció su homilía ayudado con un megáfono, ante la ausencia de energía eléctrica. No obstante, los centenares de feligreses siguieron con fervor y cánticos el desarrollo del acto litúrgico.

Para este lunes 27, se ha programado el retorno de la imagen del Divino Niño del Milagro, a su santuario ubicado en las afueras de la ciudad, muy cerca de la playa. El punto de concentración es a las 10:30 a.m. en la parroquia Santa María Magdalena y al mediodía se oficiará una misa en la capilla. Tras la veneración de sus feligreses, habrá exhibición de danzas folklóricas, almuerzo y baile popular de cierre de feria.

La sagrada historia

El miércoles 2 de junio de 1649 convirtió a Eten en una ciudad eucarística ante la primera aparición del Niño Dios en la Hostia Consagrada.

Fray Diego de Córdova, de la Orden de San Francisco, refiere la declaración de muchos testigos, que un día antes del Corpus, en el pueblo de la Magdalena de Eten, “habiéndose dicho las vísperas con gran solemnidad y descubierto el Santísimo Sacramento y colocada en su Custodia sobre el Sagrario; al tiempo que el padre predicador Fray Jerónimo de Silva Manrique, religioso de la misma Orden, cura y vicario de dicho pueblo, subió al altar Mayor para guardar la Custodia en el Sagrario, se dio la aparición visible, en la misma Hostia consagrada una figura del Niño muy hermoso de medio cuerpo para arriba, que distintamente fue visto por dicho padre Vicario y de todo el pueblo que estaba congregado en la iglesia; el Niño estaba vestido con una vestimenta como morada, siendo el círculo de la Hostia muy blanco de manera que había distinción de un color a otro y los cabellos tenía partidos por la frente, la mitad de un lado y la mitad de otro, rubios, que le llegaban cerca de los hombros, la cara y carnes de cuerpo humanos, que hacía distinción de la hostia”.

Agrega que todo fue visto clara y distintamente de todo el pueblo, hombres y mujeres, que movidos de devoción y gozo espiritual, las rodillas en tierra, daban gritos y voces, derramando muchas lágrimas, pidiendo misericordia al Señor y dando las gracias que se hubiese dignado visitarles con tantas demostraciones.

La segunda aparición del Divino Niño se dio el 22 de julio del mismo año. “Después de haber constado que la aparición del Señor en la Hostia Consagrada fue real y verdadera, el Padre Presidente del convento de Chiclayo Fray Marcos López, habiendo ido a dicho pueblo de Eten a celebrar la fiesta de la Magdalena el 22 de julio del año 1649, después de la procesión, curioso y deseoso de certificar la maravilla pasada, llamó a los padres predicadores Fray Jerónimo de Silva Manrique, Fray Tomás de Reluz y Fray Antonio Crespo y los llevó a la iglesia, la cual estaba cerrada y las ventanas también, y entre los cuatro abrieron el sagrario y sacaron al Santísimo Sacramento y lo colocaron sobre un sitial con las mismas velas encendidas que siempre había tenido y al mismo instante, apareció por segunda vez un niño como de media talla de bulto, que parecía de carne y que salía casi fuera de la hostia, el cabello lo tenía partido y de la frente hasta las orejas liso y de allí para abajo está crespo, haciendo dos o tres ondas, y que la distinción del hombro era notable, porque el cabello que caía por delante no cubría el de atrás y así se divisaban ambos hombros, los cuales estaban cubiertos con una túnica morada como de tafetán tornasol y llegaba dicha túnica cerca de la garganta y que debajo parecía tener una camisa de lienzo que hacía distinción de pecho, la cual no remata abajo sino a la mitas del pecho con camiseta de indio natural”.

Para la tercera aparición, dudaron al principio los religiosos de la formación de la cara, porque solo aparecían los cabellos hasta que advirtieron que tenía el rostro envuelto y torcido hacia el lado de la epístola y los religiosos estaban al del Evangelio; les causó tristeza la postura del rostro. Bajaron temerosos el Santísimo Sacramento al plano del altar y al punto aparecieron en la hostia tres corazones blancos unidos entre sí.



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