A fines del año pasado, el periódico británico The Guardian publicó la increíble historia de Sarah Petre-Mears, una mujer de 38 años que, según registros oficiales, controlaba una red de 1.200 compañías. Todos los domicilios informados por ella eran simples casillas de correo. Los reporteros buscaron su huella en varios continentes, hasta que la localizaron en Nevis, una minúscula isla volcánica del Caribe. Concluyeron que Petre-Mears es una directora nominativa: un testaferro que simplemente firma documentos bancarios y legales a cambio de dinero. Los verdaderos dueños de las sociedades permanecen en la sombra.