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Sanciones a Irán
10/06/2010 Isaac Bigio

El consejo de seguridad de Naciones Unidas aprobó una cuarta ronda de sanciones contra Irán. Estas son: el poder requisar buques iraníes, congelar cuentas de diversas entidades de esa nación o vetar toda venta de cierto tipo de armas a Irán.

Rusia y China lograron evitar sanciones más duras como cualquiera que afecte inversiones, refinamiento o exportaciones de petróleo o gas iraníes. De los 15 miembros de dicho organismo ejecutivo de la ONU 12 siguieron a Obama mientras que Líbano se abstuvo y Turquía y Brasil votaron en contra aduciendo que se debería dar la oportunidad para que pudiese mediar un plan intermedio que ambos países vienen desarrollando.

Teherán ha respondido diciendo que ello no impedirá que sigan con su doctrina de ‘energía nuclear para todos y armas nucleares para nadie’. Cuestionan el hecho de que las potencias nucleares tengan miles de misiles atómicos, incluyendo unos 200 en manos de Israel, a quien sindican de ‘estado terrorista’. También dicen que esta resolución va en contrapelo a la que hace días 118 miembros de las Naciones No alineadas (la mayoría de la ONU) votó respaldando el derecho iraní de adquirir plantas atómicas.

La resolución ha sido saludada por Israel, en cuyo gabinete hay gente que anteriormente ha expresado la posibilidad de hacer un bombardeo preventivo contra Irán, tal y cual ese Estado lo hizo cuando destruyó plantas iraquíes.

Las medidas tomadas no se quedarán allí. A pesar de lo limitadas que son las sanciones Washington siente que avanza en ir aislando a Teherán. La escalada de nuevas represalias ha de seguir creciendo y no puede descartarse eventualmente que a las guerras de Afganistán e Iraq se sume una contra la republica que está al medio de éstas.

Un conflicto militar contra Irán sería el más serio que el mundo viese en la post-guerra fría. A diferencia de Hussein o de los talibanes el régimen iraní ha emanado de elecciones, carece de cualquier rebelión armada interna, tiene una serie base social y una fuerte infraestructura económica y bélica y posee una amplia red de aliados internacionales (incluyendo varios países latinoamericanos).

El gobierno iraní, mientras tanto, cree que el dotarse de energía nuclear es a la larga su mejor opción para evitar ser invadidos (Iraq lo fue, precisamente, por carecer de armas de destrucción masivas) y que la puja con Occidente ayuda a fortalecer a su régimen interno.

El gobierno iraní, mientras tanto, cree que el dotarse de energía nuclear es a la larga su mejor opción para evitar ser invadidos

Colombia: elecciones santificadas

Todo indica que el 20 de junio Colombia apunta a elegir a Juan Manuel Santos como su presidente. Una cuestión importante a darse es con qué porcentaje él pueda ganar pues ello le servirá como una medida para consolidarse o incluso para apuntar a una futura re-elección.

Las actuales elecciones colombianas muestran una significativa evolución del cuadro electoral colombiano. Hasta el 2002 Colombia era el país más poblado del mundo cuyo sistema seguía siendo uno basado en una bipolaridad entre los partidos conservador y liberal quienes se alternaban en el gobierno.

Sin embargo, Uribe, un ex liberal tornado en independiente conservador duro, rompe el molde y logra ganar sin necesidad de una segunda ronda (tal como habían tenido que tener sus dos predecesores). El acaba con el bipartidismo minimizando a los dos partidos tradicionales y generando una camada de nuevos partidos, muchos ligados a él y otro, el Polo, nucleando a una oposición de izquierda legal.

En las anteriores presidenciales (2006) ocurren dos fenómenos. Por un lado Uribe gana con uno de los porcentajes más altos con los que un presidente americano haya sido re-electo (62.35%) y sin estarse basado en ninguno de los dos partidos históricos (los conservadores le apoyaron mientras que su ex partido liberal quedó relegado a tercero). Por otra parte, por primera un partido de izquierda (el Polo) supera a los partidos tradicionales, sale segunda y bordea el 22%.

En esos comicios la polarización se dio entre derecha e izquierda. Uribe sacó provecho de ello para presentarse como la persona que mejor podía estabilizar la sociedad y economía nacionales imponiendo el orden mediante la dureza antisubversiva y el crecimiento mediante el libre comercio.

En estas nuevas elecciones, en cambio, la polarización electoral cambia de rumbo. En vez de ser una entre ideologías contrapuestas se da entre dos formas de continuar con el actual modelo que se sustenta en dos pilares: la ‘seguridad democrática’ y los tratados económicos y militares con EEUU.

Una de las razones por las que esto se da tiene que ver con el retroceso de la izquierda. Por un lado las FARC perdieron a sus dos principales líderes y han sufrido el mayor retroceso de su casi medio siglo de vida. Por otra parte, dicho declive se ha dado la mano con una crisis en la izquierda legal y con un giro que el Polo sufre cuando Gustavo Petro substituye a Carlos Gaviria como su candidato presidencial. Petro, quien proviene de la guerrilla del M-19, hace todo lo posible por diferenciarse de su pasado, por cortar sus lazos con el chavismo y por acoplarse a la estrategia contrasubversiva. El Polo, en vez de centrarse en buscar un diálogo con las FARC, pasa a proponer considerar a ésta como tan ‘criminal’ como los narcos y paramilitares, y participa de las marchas de Uribe contra la guerrilla.

Con el viraje hacia el centro que Petro le impone al Polo él busca evitar que su partido sea arrinconado por el gobierno y la prensa oficial como si fuera ‘rojo’. Sin embargo, lo que él así consigue es desafilar y desmoralizar al Polo hasta hacer que éste pierda su propio perfil. Similar cuestión pasó con la Izquierda Unida peruana que, al querer rechazar a Sendero cada vez se acopla más a la estrategia económica y militar oficiales con lo cual acaba por perder su propia identidad y luego se irá diluyendo.

Estando el Polo y la izquierda lejos de ser una alternativa al Partido de la U, las elecciones legislativas colombianas inician una nueva polarización entre dos alas que mantienen la continuidad del modelo.

La posibilidad de que se de una polarización entre los uribistas ortodoxos de Santos y los heterodoxos de Sanín no se dio. El ala de ‘Uribito’ dentro de los conservadores tuvo un doble juego pues muchos de ellos apoyaron a Santos contra su candidata oficial.

Estando los conservadores y la centro-izquierda fuera de juego, apareció el outsider Mockus, quien aparecía como partidario de mantener los huevos de oro del gobierno, pero con una imagen más legalista y honesta. Su debilidad está en su falta de estructura partidaria y clientelista y que no ofrece garantía para muchos en que será capaz de continuar con la dureza antisubversiva.

A esta alturas resulta difícil evitar que Santos gane la presidencia colombiana, pues ya tiene el endose de los conservadores y de parte de los liberales y radicales. Lo que le queda a Mockus y a la izquierda es buscar que Santos no supere el 62% con el que Uribe fue re-electo en el 2006. Los verdes no quieren alianzas partidarias para no buscar contaminar su imagen y prepararse para el 2,014. La izquierda, no obstante, no tiene una visión clara sobre si llamar a un voto masivo en blanco o dejar la posibilidad de que alguno de sus electores secunde a Mockus.

La línea de no compromiso con otras fuerzas busca hacer que Mockus trate de tornarse atractivo a la mitad abstencionista que no fue a votar en la primera ronda. La posibilidad de que él pudiese entusiasmar a ese electorado tradicionalmente desconfiado de los partidos tradicionales es con un discurso radical, pero él, más bien, cree que no debe distanciarse mucho del sistema uribista, pues cree que su modelo está de moda.

El hecho de que el balotaje se de en medio del mundial y en un cuadro en el cual la ola verde parece contenida y sin un aliento que desafía a Santos (todo ello algo que no apasione a muchos a ir a sufragar) hace prever que sea posible que el oficialismo duplique la votación verde y que venza por un 2 a 1.

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