Un
siete de febrero de 1853 nació en Lima el escritor
más importante del siglo XIX: Ricardo Palma y, según
Washington Delgado, uno de los grandes forjadores de una
literatura auténticamente peruana.
Cuando tan solo contaba con 15 años, escribía
artículos en el Comercio y dirigía el periódico
El Diablo. También incursionó en la historia,
siendo Anales de la inquisición de Lima (1863) y
Monteagudo y Sánchez Carrión (1877) sus obras
más destacadas; y en la lingüística,
en la cual defendió el uso del idioma hispanoamericano
en el Diccionario de la Real Academia Española, a
través de obras como Neologismos y americanismos(1896)
y Papeletas lexicográficas (1903). Pero sobre todo
fue un eximio creador literario, cultivando todos los géneros:
El lírico, con libros como Poesía (1855),
Pasionarias (1870), Verbos y gerundios (1877) y Filigranas
(1902); el drama, con El hijo del sol (1849), La hermana
dele verdugo, 1851; La muerte o la libertad, 1851; y Rodil.
Y en el narrativo, campo en el cual sobresalió nítidamente,
al punto que creó una especie muy particular: la
“tradición”, mezcla de cuento, crónica,
historia, l
eyenda
y artículo costumbrista.
Cierto sector de la crítica tildó a Ricardo
Palma de tradicionalista, debido a que la mayoría
de sus Tradiciones Peruanas (1872) se ubican espacialmente
en la ciudad de Lima y temporalmente en la colonia. José
Carlos Mariátegui se encargó de disipar semejante
aberración, subrrayando su postura liberal, masónica
y anticlerical. En verdad si bien Palma recrea en su obra
la Lima Virreynal, no es menos cierto que también
se burla sutilmente de virreyes, arzobispos, santos u autoridades
de diferentes instituciones.
En 1973 se publicó póstumamente Tradiciones
en salsa verde. Cumplió una labor importante cuando
se le encomendó la misión de reconstruir la
Biblioteca nacional, saqueada por los chilenos durante la
guerra del Pacífico. Ricardo Palma murió en
Lima en 1919.