Peruanos en EEUU Peruanos en Alemania Peruanos en España
 
 Elija un mes
Agosto 2008
L
M
M
J
V
S
D
 
1
2
3
4
5
7
8
9
10
11
12
13
14
15
16
17
18
19
20
21
22
23
24
25
26
27
28
29
30
 
 
   HISTORIA DEL DIA
   JULIO RAMON RIBEYRO

“Creo y seguiré creyendo que la duración de una obra reside en gran parte en sus cualidades estrictamente literarias. Por ‘literarias’ entiendo el estilo, las metáforas, la armonía de la frase y de la construcción, elementos en suma sensoriales, sensuales, que muchos escritores negligen. Las ideas pasan, la expresión queda”

Un 31 de agosto de 1929 (Barranco, Lima) vino al mundo uno de los mejores cuentistas del Perú: Julio Ramón Ribeyro. Sus estudios primarios y secundarios los realizó en el Colegio Champagnat; y los universitarios en la Universidad Católica, en la cual siguió la carrera de Derecho.

En la década del setenta viajó a París. Allí vivió y se dedicó a escribir. Para poder subsistir estuvo trabajando como periodista en France-Press, donde permanece hasta 1971, año en que es nombrado Consejero Cultural del Perú ante la Unesco. Estableció asimismo contacto con diversos escritores y artistas de Latinoamérica.

En 1955 publicó su primer libro: Los gallinazos sin plumas (1955), relatos que tienen como escenario la ciudad de Lima y retratan personajes de diversas clases sociales. En 1964 publicó Las Botellas y Los Hombres y en 1958 Cuentos de circunstancias. Luego publicó Tres historias sublevantes (1964), Los cautivos (1972), El próximo mes me nivelo (1972), Silvio en El Rosedal (1977), Sólo para fumadores (1987), Relatos santacrucinos (1992).

Quiso explorar el género novelístico y en 1960 publicó Crónica de San Gabriel, sin duda su mejor novela. Cinco años después entregó otra novela, de inferior nivel: Los geniecillos dominicales. Cambio de guardia, publicada en 1976, fue su última novela y la menos satisfactoria de las tres. Dos años antes, le detectaron un cáncer, causado por su adicción al cigarrillo, que acabaría con su vida en 1994.

Julio ramón Ribeyro también incursionó en otros géneros, como el teatro: Vida y pasión de Santiago el pajarero (1970), Teatro (I1975), Atusparia (1981); el ensayo, La caza sutil: Ensayos y artículos de crítica literaria (Milla Bartres - Lima, 1976); y otros que no se pueden encasillar en ningún género: Prosas apátridas (Tusquets Editores - Barcelona, 1975), Prosas apátridas aumentadas (Milla Bartres - Lima, 1978), Dichos de Luder (Jaime Campodónico Editor - Lima, 1989). Asimismo, también escribio diarios y cartas: La tentación del fracaso: Volúmenes del I - III (1992, 1993, 1995), Cartas a Juan Antonio: Volúmenes I y II (1996, 1998), La tentación del fracaso: 1950-1978 (2003).

El 4 de diciembre de 1994 Julio Ramón Ribeyro obtuvo el Premio Juan Rulfo, para muchos el más importante en habla castellana.


PROSAS APÁTRIDAS

“Lo fácil que es confundir cultura con erudición. La cultura en realidad no depende de la acumulación de conocimientos incluso en varias materias, sino del orden que estos conocimientos guardan en nuestra memoria y de la presencia de estos conocimientos en nuestro comportamiento. Los conocimientos de un hombre culto pueden no ser muy numerosos, pero son armónicos, coherentes y, sobre todo, están relacionados entre sí. En el erudito, los conocimientos parecen almacenarse en tabiques separados. En el culto se distribuyen de acuerdo a un orden interior que permite su canje y su fructificación. Sus lecturas, sus experiencias se encuentran en fermentación y engendran continuamente nueva riqueza: es como el hombre que abre una cuenta con interés. El erudito como el avaro, guarda su patrimonio en una media, en donde sólo cabe el enmohecimiento y la repetición. En el primer caso el conocimiento engendra el conocimiento. En el segundo el conocimiento se añade al conocimiento. Un hombre que conoce al dedillo todo el teatro de Beaumarchais es un erudito, pero culto es aquel que habiendo sólo leído "Las Bodas de Fígaro" se da cuenta de la relación que existe entre esta obra y la Revolución Francesa o entre su autor y los intelectuales de nuestra época. Por eso mismo, el componente de una tribu primitiva que posee el mundo en diez nociones básicas es más culto que el especialista en arte sacro bizantino que no sabe freír un par de huevos. “

DECÁLOGO DE JULIO RAMÓN RIBEYRO

El cuento debe contar una historia. No hay cuento sin historia. El cuento se ha hecho para que el lector a su vez pueda contarlo.
La historia del cuento puede ser real o inventada. Si es real debe parecer inventada y si es inventada real.
El cuento debe ser de preferencia breve, de modo que pueda leerse de un tirón.
La historia contada por el cuento debe entretener, conmover, intrigar o sorprender, si todo ello junto mejor. Si no logra ninguno de estos efectos no existe como cuento.
El estilo del cuento debe ser directo, sencillo, sin ornamentos ni digresiones. Dejemos eso para la poesía o la novela.
El cuento debe sólo mostrar, no enseñar. De otro modo sería una moraleja.
El cuento admite todas las técnicas: Diálogo, monólogo, narración pura y simple, epístola, informe, collage de textos ajenos, etc., siempre y cuando la historia no se diluya y pueda el lector reducirla a su expresión oral.
El cuento debe partir de situaciones en las que él o los personajes viven un conflicto que los obligue a tomar una decisión que pone en juego su destino.
En el cuento no debe haber tiempos muertos ni sobrar nada. Cada palabra es absolutamente imprescindible.
El cuento debe conducir necesaria, inexorablemente a un solo desenlace, por sorpresivo que sea. Si el lector no acepta el desenlace es que el cuento ha fallado.

 
 
 
 
 
Anuncia con Nosotros | Pedidos | Contactanos
Todos los derechos reservados - SerPeruano.com S.A.C. 2004-2008
Diseño realizado Serperuano.com