En
los anales de la historia oficial del Perú no parece
haber ninguna discusión: Hiram Bingham es el descubridor
del mayor monumento arqueológico de nuestro país,
Machu Pichu. Es más, en la entrada a la ciudadela
encontramos una placa recordatoria donde se consigna su
hazaña.
Hijo y nieto de misioneros protestantes, Hiram Bingham
nació en Koolav Mavi, Hawai, un día como hoy,
19 de noviembre de 1875. Se graduó de Bachiller en
artes en al Universidad de Yale, y en 1900 de master en
la Universidad de California. Posteriormente se fue a Boston
y en 1910 se graduó de master en arte, en la Universidad
de Harvard, y en 1905 obtuvo su PHD en arte y letras. A
partir de 1908 organiza expediciones hacia el Perú,
contando con el aporte económico de la Universidad
de Yale y de la National Geographic Society.
Hiram Bingham tenía en mente hallar Vilcabamba, refugio
en el cual los últimos incas ofrecieron resistencia
a los españoles. Al caminar por el cañón
del Urubamba y llegar a Mandorbamba, un campesino llamado
Melchor Arteaga le comentó sobre la existencia de
unas ruinas ubicadas al pie del cerro Machu Pichu. A cambio
de una suma de dinero, Hiram Bingham lo persuadió
para que
lo lleve al lugar. Después de subir por una ladera
se encontró con niños que lo condujeron la
lugar donde se ocultaba la ciudadela. Cuando Hiram Bingham
tuvo ante sus ojos semejante espectáculo, anotó
en su diario: “¡Podrá alguien creerme
lo que aquí he encontrado…?”. Esto sucedió
el 24 de junio de 1911.
En excavaciones poco pertinentes, Bingham se llevó
a su país 4,902 piezas, entre cerámicas, piedras,
tejidos, huesos, metales, minerales y otros objetos valiosos.
Gracias a la autorización del gobierno peruano, el
día 16 de enero de 1911 por medio de una resolución
suprema se autoriza que la Universidad de Yale reciba provisionalmente
las piezas. El plazo para la devolución es de 18
meses, es decir, hasta junio de 1917. Sin embargo, a pesar
de tal atingencia, las piezas permanecieron sin ser mostradas
al público en los sótanos del museo Peabody
de Historia Natural de Yale.
No obstante, contraviniendo tal disposición, la
colección empezó a ser exhibida desde el 26
de enero del 2002. Pero no sólo eso, el director
del museo, Richard Burger, ordenó que la exposición
recorra Los Angeles, Pittsbugh, Denver, Houston y Chicago,
violando
la resolución de 1916, que no autoriza tales exhibiciones
ni mucho menos que las piezas recorran el país. Es,
pues, un atropello más a la larga lista de atropellos
que las grandes potencias cometen con los países
del denominado tercer mundo.
Bingham falleció en Washington el 6 de junio de
1956. Los peruanos le debemos no el haber descubierto, sino
más bien redescubierto la ciudadela Machu Pichu,
dado que pobladores de la zona sabían de su existencia
e incluso extranjeros habían llegado antes que él
al lugar. Pero por encima de todo le debemos el haber desempeñado
con mucha eficiencia el papel de divulgador del referido
monumento arquitectónico. Ahora bien, ¿qué
les debe Hiram Bingham a los peruanos? Es obvio que las
4,902 piezas que se llevo a su país y que jamás
devolvió.