Hijo
de don Andrés Bolognesi, oriundo de Génova,
y de Juana Cervantes y Pacheco, natural de Arequipa, Francisco
Bolognesi Cervantes nació en Lima el 4 de noviembre
de 1816. A los pocos años se trasladó con
su familia a Arequipa, ingresando al Seminario Conciliar
de San Jerónimo, donde permaneció hasta los
dieciséis años. Luego se dedicó a estudiar
francés y teneduría de libros.
En el año 1853, estando Echenique en la presidencia,
se presentó un conflicto con Bolivia, y Bolognesi
fue nombrado segundo jefe de un regimiento de caballería.
Y en la revolución de Castilla, en 1854, Bolognesi
se plegó a sus filas, dirigiéndose de Arequipa
hacia Cuzco con el ejército del general. Asumió
el cargo de comisario general del ejército y participó
en la batalla de La Palma. Habiendo derrotado al enemigo,
Castilla asumió el cargo de presidente provisional,
designando a Bolognesi como edecán.
En 1858 Bolognesi fue ascendido a coronel y en 1860 participó
en el conflicto contra el Ecuador. Dos años después
se le encomendó la misión de ir a Europa,
a fin de comprar armas para el ejército y cañones
para la fortaleza del Callao. Intervino en la defensa ante
el bombardeo del Callao el 2 de mayo de 1866.
En las vísperas de la declaratoria de guerra por
parte del país del sur, el 4 de abril de 1879, Bolognesi
fue nombrado jefe de la primera sección del estado
mayor del ejército. Debido al fallecimiento del coronel
Alejo Bezada, se eligió a Bolognesi para reemplazarlo
en el cargo de comandante general de la tercera división,
conformada por los batallones Ayacucho número 2 y
guardias de Arequipa, con un efectivo de 796 hombres.
El 19 de noviembre de 1879, Francisco Bolognesi participó
en la batalla de San Francisco, y el 27 de noviembre, a
pesar de contar con un contingente disminuido, y de encontrarse
herido, contribuyó a la victoria en la batalla de
Tarapacá.
Una vez reorganizado el ejército, Francisco Bolognesi
libró su última batalla en Arica el 7 de junio
de 1880. Ante fuerzas muy superiores, el coronel y sus hombres
sólo contaban con dos opciones: o rendirse o dejar
la vida en el campo. En la mañana del 5 de junio
se presentó en el campamento el mayor del ejército
chileno, José de la Cruz Salvo, para ofrecerle al
coronel una capitulación honrosa. Francisco Bolognesi,
después de reunirse con todos los jefes de Arica,
le respondió: TENGO DEBERES SAGRADOS QUE CUMPLIR
Y LOS CUMPLIRÉ HASTA QUEMAR EL ÚLTIMO CARTUCHO.
La batalla de Arica fue sangrienta, muriendo heroicamente
el coronel Francisco Bolognesi. Sus restos se hallan en
la cripta de los héroes, junto con los de Moore y
Zavala.