Sábado, 15 de Junio del 2019
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Pedro Almodóvar y Elton John en el Festival de Cannes

Publicado el 17/05/19

Primera gran jornada del Festival de Cannes con la llegada de dos estrellas que sobrepasan la altura del Palais, Pedro Almodóvar y Elton John, ambos protagonistas desde lo más íntimo de sus películas, «Dolor y gloria» y «Rocketman», y con la coincidencia de explicar en ambas con mayor o menor elocuencia sus vidas, su personalidad y su obra. La de Pedro Almodóvar compite por la Palma de Oro y ya no es una sorpresa para el público español, pues ha tenido una gran acogida en las salas y en la Prensa en general. Habrá que ver mañana si el ambiente del Festival responde a las buenas expectativas.

«Rocketman», dirigida por Dexter Fletcher, no entra en la competición pero se proyecta aquí como primicia de su inminente estreno. La idea de la película es recrear una ficción que le haga un repaso bienintencionado a la biografía de Elton John, desde su infancia hasta, digamos, que sienta la cabeza. Narrado en clave musical y con una estructura redentora, que comienza con él vestido de demonio emplumado y asistiendo a una sesión de terapia de grupo: esto es lo que he sido. Se ilustra muy bien su época de infancia, sus dotes mozartianas para el piano, la terrible relación con sus padres, un tipo frío y nefasto y una mujer sin grandes, ni pequeñas, cualidades. Quizá algo caricaturesco y extremo el retrato familiar, pero hay que tener en cuenta el punto de vista –el propio Elton John está en la producción del filme–, y entender que no debe de ser nada fácil comportarse como padres de aquel Elton John…

Como es normal en este tipo de biopics (caso reciente de «Bohemian Rhapsody»), el recorrido del biografiado no se traza en toda su negrura, sino que se acomoda y blanquea para hacerlo digerible al espectador, y aunque se repasa todo su catálogo de adicciones y su caída en plancha en la vorágine, el desenfreno y la soledad, nunca se deja de estar a su lado. Quizá lo más logrado de ella sea el tratamiento de la amistad entre Elton John y su amigo y eterno letrista Bernie Taupin, y las interpretaciones que hacen Taron Egerton, algo alejado físicamente de Elton John, pero que le pilla el aura e incluso el tono a las canciones, y Jamie Bell, que le saca jugo o juego a su segundo plano.

Y se quedó un poco enterrada la otra película en competición, «Little Joe», de la austriaca Jessica Hausner, que planteaba una fábula moralista alrededor de la biogenética y la creación de una flor cuyas emanaciones deben de producir felicidad a los que la rodean. La puesta en escena es gélida, en el interior de esa planta donde se hacen los experimentos y en el interior familiar de la protagonista, la responsable del hallazgo de la flor y de sus propiedades, que tiene un hijo adolescente y una plantita con la flor en su casa… Los vaivenes psicológicos, aunque producen cierta intriga, no acaban de explosionar, y la historia no alcanza ni el vuelo metafórico ni la malicia que en manos maliciosas (Haneke, por decir alguien) hubiera tenido. Tampoco los actores trasmiten más allá de la onda media. En fin, que se sale de ella sin el menor temor a ponerse una flor en el ojal.

 









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