Domingo, 16 de Junio del 2019
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CARLOS ARÁMBULO

Publicado el 26/04/19

El poeta, narrador y traductor Carlos Arámbulo López nació en Lima el 26 de abril de 1965.

Sus estudios primarios y secundarios los realizó en el Colegio Maristas Champagnat de Miraflores. Ingresó a la Pontificia Universidad Católica del Perú para seguir la carrera de Derecho, pero sus inclinaciones literarias lo llevaron a asistir a las clases de Lingüística y Literatura de la Facultad de Letras. Por sugerencia del Dr. Luis Jaime Cisneros se pasó a la Universidad Nacional Mayor de San Marcos a fin de seguir la carrera de Literatura. “No me di cuenta de que estaba yendo a la universidad donde Sendero Luminoso y el MRTA tenían mucha presencia y fuerza.”, declaró en una entrevista.

 Carlos Arámbulo ha publicado el poemario Acto primero (1993),  el libro de relatos “Un lugar como este”, la traducción de un libro de poemas de Erza Pound, “Lustra”, y una novela, “Quién es D’Ancourt”. Asimismo, ha publicado en revistas como Letras, Lienzo y Lucerna. Ha sido incluido en la “Antología del Erotismo en el Perú” de la editorial Peisa.

En el 2015 su libro de cuentos “Un lugar como este” fue seleccionado como uno de los cinco finalistas de la segunda edición del Premio Hispanoamericano de Cuento Gabriel García Márquez, que convocan el Ministerio de Cultura y la Biblioteca Nacional de Colombia. Se trata de uno de los premios más codiciados del mundo, cuya recompensa para el ganador es de cien mil dólares. El jurado estaba conformado por intelectuales connotados como Margo Glantz y Alberto Manguel. Los otros finalista fueron el mexicano Juan Villoro con “El apocalipsis (todo incluido)”; la ecuatoriana Gabriela Aleman, con “La muerte silba un blues”; la boliviano-venezolana Magela Baudoin, con “La composición de la sal”; el chileno Mauricio Electorat, con “Alguien soñará con nosotros”.

Sobre el libro “Un lugar como este”, Carlos Arámbulo ha señalado como antecedentes de Calderas, pueblo ficticio, a la Comala de Juan Rulfo y el Macondo de Gabriel García Márquez. Aunque algunos encuentran más semejanza con Santa María de Juan Carlos Onetti.

Con respecto a “Quién es D’Ancourt”, Carlos Arámbulo reconoce influencias de la novela “Pálido fuego”: “Efectivamente, esa novela es el modelo que tomé para la mía. Yo soy un ‘Nabokoviano’ confeso, sin embargo, cuando leía esa obra sentía que el poema y la historia se iban separando mucho y yo no quería eso. Pensé que no podía hacer un “Pálido fuego” en el que prioritariamente hay una reconstrucción a partir de una sola voz, de un narrador omnisciente. Pienso que la realidad es más bien poliédrica, que tiene varias facetas y que las personas son como los diamantes porque tienen muchos cortes. Entonces decidí construir (mi novela) con fragmentos, porque es imposible conocer una persona desde una sola perspectiva. Y la segunda diferencia con “Pálido fuego” es que mi novela se llega a comportar como un policial, después como un thriller y también como una historia de amor, para finalmente terminar siendo una especie de reunión –a lo ‘Agatha Christie’– de personajes buscando un autor. Me parece que esas transformaciones me vienen de otro lado y no de la novela de Vladimir Nabokov”. (Libros a mí, 2017)

 

Un pasaje de la primera novela “Quién es D’Ancourt”de Carlos Arámbulo, editada por Alfaguara. 

 

“Estaba suspendido de los brazos, a mis pies, una palangana con agua esperaba debajo del tablón que soportaba mi peso, los brazos me dolían, ¿cuántas horas había pasado colgando de estos ganchos? 
El soporte casi no lo era, mis pies lo rozaban. Si soltaba el cuerpo podía llegar a tocarlo casi con toda la punta de los pies, pero eso me causaba dolor en los hombros. Cuando intenté gritar me di cuenta de que tenía aún la mordaza o bola esa sobre la boca. Intenté descifrar dónde estaba. El techo aislante de sonido; las paredes recubiertas de esponja negra con bultos periódicamente repartidos también servían para aislar sonidos. Pensé que era absurdo mantenerme con la mordaza en la boca, si gritase, nadie me oiría, este lugar estaba pensado para gente como yo, me reflejaba en un espejo que, mirándolo con más cuidado, descubrí que era una ventana con espejo, para que desde el otro lado pudiesen verme. Ingresó un tipo delgado, rostro descubierto, como de cuarenta años. Entendí que si no le importaba que le viera el rostro era porque jamás saldría vivo de aquí o, si lo hiciese, sería con tal temor de hablar de esto que bloquearía todo recuerdo y evitaría decirle nada a nadie. Me animé a preguntarle quién estaba detrás del espejo. Me respondió que no importaba, que quien estuviese mirando era lo menos importante, en realidad lo importante era el espejo, no la ventana, que era para que pudiese ver lo que me iba sucediendo si no hablaba o si no colaboraba con ellos, con él, corrigió apresurado, con uno solo bastaba, me habían asignado un bravo de verdad. Al salir me anunció que en un par de horas comenzaba el show, que tenía un reloj sobre el espejo. Fueron las dos peores horas de mi vida, las conté segundo a segundo. El tiempo pasa más lento cuando se es consciente de él, cuando lo ves pasar frente a ti, en esas dos horas podría haber hecho el amor con Francesca, podría haber llegado desde el departamento hasta San Marcos, podría haber tomado un par de cervezas con Jacob, Jorge, Pajerovich, Rebeca. Pensé mucho en ellos, eran gente normal, hablaban normal, se vestían normal, excepto Pajerovich, no sabrían que estaba aquí. ¿Estaría Rebeca por aquí? ¿Estaría muerta? Habían pasado las dos horas y no sucedía nada, cada minuto que pasaba me hacía desear que todo comience de una vez, pero no llegaba nadie. Dos horas y media y seguía solo. Comencé a tener más miedo que antes de esperar el plazo, ¿qué estaría demorándolos? Quise pensar que Francesca se había enterado de alguna manera de mi captura y sus padres estarían moviendo influencias y contactos para evitar que me hagan algo, pero casi a las tres horas entró este personaje casi amable disculpándose por la demora y contándome que una reunión familiar se había prolongado más de lo que esperaba, a veces era difícil despedirse, sobre todo de familia que no se veía hacía tiempo pero, en fin, rogando mis disculpas, íbamos a tratar de avanzar un poco rápido porque tenía un plazo que cumplir y llevaba casi una hora de retraso. Uno de los paneles de la celda resultó enmascarar un armario pequeño, de él extrajo un sobretodo blanco de tela plastificada que se puso sin quitarse el pantalón de drill y la camisa Hilfiger a cuadros que vestía. Se colocó guantes quirúrgicos y verificó que cubriese las mangas del sobretodo. Finalmente, tomó un mandil de cuero que le cubría el pecho y llegaba casi hasta un poco encima de los talones, muy largo, como los mandiles que usan los carniceros en los mercados. No tenía expresión siniestra, como en las películas, tampoco mirada de loco extraviado. Era un señor de lo más normal, común y corriente, que tenía trabajo por hacer. Plantar delgado, dijo: si se seccionaba, y era muy fácil hacerlo, el tríceps femoral se retraía ligeramente. Podía sonar como una liga que revienta, era una lesión común en personas que exigen sus piernas y las extienden un poco más de lo normal, futbolistas, practicantes de artes marciales y bailarinas de ballet”.

 

 

 









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