Jueves, 15 de Noviembre del 2018
turismo


Municipalidad de San Isidro presenta el taller y sala de exposiciones en el segundo piso del edificio

Publicado el 19/10/18

NUEVAS SALAS EN EL MUSEO MARINA NUÑEZ DEL PRADO

 

Visitas guiadas gratuitas de lunes a sábado de 9 am. a 5 pm.

 

 

La Municipalidad de San Isidro presenta dos nuevas salas de exhibición en el Museo Marina Núñez del Prado en el marco de conmemoración del aniversario del nacimiento de la reconocida escultora boliviana. Ambos espacios museables, además de una renovada distribución de esculturas en los jardines que rodean la casa, están abiertos al público de lunes a sábado de 9 am. a 5 pm. en Calle Antero Aspíllaga 300, El Olivar de San Isidro.     

Los trabajos para la habilitación de estas dos nuevas salas y el uso de los jardines que rodean la casa como ambientes de exhibición para convertirlos en espacios museables estuvieron a cargo del curador Inti Quiñones Gutiérrez. Estos dos ambientes se suman al recorrido de los visitantes al Museo, abierto al público desde el año 2015.    

“La primera sala ubicada en el nivel intermedio entre el primer y segundo piso es ahora la Sala Taller Marina en donde se pueden encontrar las herramientas de trabajo que utilizaba Marina para crear sus obras. Así como los materiales y los procedimientos empleados para la elaboración de sus esculturas”, explica el curador.  “En el segundo piso se ha aprovechado el espacio para exponer muchos de las obras que adquirió la artista, así como vitrinas en donde se puede ver los bocetos en arcilla de muchas de sus esculturas”, añade Quiñones.

La escultora boliviana Marina Núñez del Prado vivió más de veinte años en el Perú creando y amando la vida y el arte. Esos felices años los paso en una casona ubicada en medio del Olivar de San Isidro junto a su esposo el escritor peruano Jorge Falcón. Construida en el año 1926 por Luis Alayza y Paz Soldán la casona de estilo neocolonial fue una de las primeras edificaciones en el bosque.

Después de haber recorrido el mundo varias veces exponiendo sus obras en galerías de arte y centros culturales, Marina eligió El Olivar como residencia para vivir y trabajar en el taller que tenía en el segundo piso de la casona en frente a la biblioteca de su esposo. Todos los días se levantaba temprano y luego de desayunar subía a su estudio donde pasaba largas horas dibujando y esculpiendo sus maravillosas obras en materiales tan diversos como el granito, el alabastro, el ónix, entre otros. 

Cada rincón de su casa contiene obras de arte que hablan de la propia esencia de su autora y de sus intereses. El jardín era un espacio especial para ella pues le permitía exponer sus esculturas de gran tamaño al aire libre para que todo el que pasara por ahí disfrutara de su arte. Por ello su deseo fue siempre fue que la casa y todas sus obras fueran siempre apreciadas y la única manera era donando su obra a la fundación que lleva su nombre para ser exhibida permanentemente al público.