Viernes, 13 de Diciembre del 2019
turismo


Programa Actividades Noviembre y Bio de Macarena Solórzano

Publicado el 10/11/17

Las actividades y propuestas para Noviembre:

Estarán en Biocultura del 9 al 12 en el stand 972, haremos conferencias de Espagiria, Psicología Transpersonal y la presentación del nuevo libro de Juan Luis Llácer. También estarán los monjes de Chokhorling.
El Geshe Thupten Tsondue y Ahbay Tulku Rimpoché también están con nosotros. Geshe thupten realizará iniciaciones a varios Budas, más que recomendado, y sus enseñanzas son excelentes.
El Lama Jampa pasará consultas de Medicina Tradicional Tibetana del 8 al 18; un lama médico muy especial que no te dejará indiferente. Te animo a que lo compruebes por tí mismo.
Los maestros tibetanos de Chokhorling siguen con sus enseñanzas y rituales, tanto en el centro de Vía Carpetana como en centros amigos.
Retomamos los paseos Botánicos con Juan Carlos Gálvez, el 18 de Noviembre en los invernaderos de la Arganzuela, en el Matadero, una excursión botánica única para descubrir flora de todo el mundo.
En Noviembre trabajamos con el elemento Tierra y el Arquetipo del Sanador Interior, haré una conferencia gratuita el Miércoles 15 y una sesión con Respiración y Cacao el Sábado 25.
Seguimos desarrollando los grupos y sesiones individuales de Visión Profunda del Movimiento con Macarena Solórzano. Te animamos a participar.

Macarena Solórzano

Aún en estos tiempos donde la oscuridad parece vencer sobre los seres, siempre ocurre un milagro.

Soy un milagro, porque aprendí a no rendirme jamás.

¿Quién eres?

Cuándo me preguntan quién soy, respondo: soy un milagro de la vida, porque lo he vivido.

Tuve una niñez bastante difícil en la que lidié con el dolor físico a la edad de 5 años, cuando fui atropellada por un vehículo quedando por casi tres años de mi vida en silla de ruedas. Sufrí mayormente en mi lado izquierdo quedando con parálisis total de mi pierna izquierda, así como una fuerte contusión de mi rostro y cabeza que llevaron al diagnóstico clínico de que jamás podría volver a caminar y no debía ser forzada para estudiar.

Mi infancia transcurrió entre terapias clínicas, cirugías y un sinfín de métodos para lograr estabilizar ese pequeño y frágil cuerpo, pero sin que ninguno de esos esfuerzos lograsen recuperarme. Recuerdo esos años entre luces, sombras, médicos, enfermeros, terapias de choques eléctricos y sesiones de piscina donde solo conseguía dolor y más dolor.

Al mirar en retrospectiva, mis recuerdos están llenos de llantos y dolor. Mi hogar fue el Hospital de Niños J. M. de los Ríos en mi ciudad natal de Caracas. Mis juguetes eran muñecas de papel recortables y mis amigos eran niños que al igual que yo estaban postrados en cama. Sólo tenía una ventana para ver el patio interior del Hospital, donde jugaban los niños con menores discapacidades físicas y donde nos llevaban luego, a los que dependíamos de sillas de ruedas, a tomar el sol. Así pasaron los días y los años hasta que fui dada de alta y regresé a casa sin esperanzas.

Pero un día de esos que no te esperas, se produce lo que llamamos el Milagro de la Sanación.

Todo comenzó con la muerte de mi abuelo paterno “El Gran Masai” como le llamábamos, ya que esa era su ascendencia originaria. Toda la familia fuimos al camposanto a despedirnos de él, tras lo cual mi madre, Canaria de origen, por sugerencia de una mujer religiosa, me llevó en brazos hasta la tumba de un hombre que según contaban los venezolanos, era artífice de grandes milagros. Recuerdo que mi madre como siempre, me llevo en brazos hacia esa tumba de este señor que llamaban El Doctor José Gregorio Hernández apodado “El Siervo de Dios”, y me sentó en un lado mientras ella rezaba en llanto. Entonces solo recuerdo pasar allí un rato largo, cuando de repente se me acercó un hombre y me dio una estampa en la que se veía la imagen de un médico. Justo allí comenzó la historia de la misión de vida que me estaba por develar.

Un día después de aquella despedida del abuelo, recibí la visita de este ser de luz en mi habitación, lo miré vestido con su bata blanca y su rostro apacible, recuerdo que simplemente posó su mano sobre mi pierna izquierda y entonces caí profundamente sumergida en un sueño reparador. Al llegar el alba, el milagro estaba consumado, era capaz de mover mis piernas, y lo que es más, ya podía caminar. El personaje de la estampa que me habían dado en el cementerio había estado esa noche en mi habitación.

Fue toda una celebración entre la gente de mi barrio y una enorme sorpresa entre la junta médica del hospital, donde ellos mismos, los científicos, no tuvieron más opción que aceptar el milagro, y así se encuentra registrado a día de hoy en mi historia clínica.

Ese día nací de nuevo, desde el movimiento, un milagro que sólo conocemos quienes hemos vivido una experiencia extraordinaria.

Continúan los Milagros en mi vida.

Mi vida continuó como toda niña llena de tareas escolares, mis piernas iban tomando más fuerza y las sesiones terapias de rehabilitación fueron cada vez más espaciadas en el tiempo. Fue en esos años cuando pude aprender mucho acerca del movimiento corporal consciente, aunque en ese momento no lo sabía.

Mi madre me llevó a los 13 años a una escuela de danza, donde tuve varios maestros en diferentes estilos, pero tal y como era de esperar mi limitación no era del gusto de ellos, tan sólo tuve un maestro que vio algo en mi y hasta pude formar parte de sus piezas coreográficas, su nombre Rodolfo Varela, pero esto duró seis meses ya que mi madre me retiró de esa actividad por considerar que el medio de la danza no era adecuado para mí.

Aprendí a vivir con el dolor, pues aunque caminaba, la dificultad al moverme, no desapareció completamente sino con el tiempo, el cuerpo tiene su propia inteligencia.

Cuando iniciaba mis estudios universitarios el destino me llevó a un grupo de danza de la Universidad Central de Venezuela, actividad que jamás estuvo en mis expectativas, porque nunca me plantee con esa discapacidad física ser bailarina, pero me atreví porque era un grupo amateur. Allí estuve apenas 2 meses ya que descubrí una escuela de formación profesional en la ciudad y al tomar la primera clase quede admirada por la maestra que fue mi inspiración Mirjam Berens, una holandesa que se había formado en la Compañía Merce Cunningham de New York. Fue su desenfadado carácter, su personalidad libre y su exigencia técnica lo que me apasiono, pues me hizo sentir que aunque no pudiera bailar como los grandes la danza podía tomarlo como parte de mi vida. Ella solo estuvo dos semanas impartiendo el cursillo, hasta que llego el gran maestro y director de esa compañía escuela, José Ledezma un hombre con un carácter fuerte al que todos temían. Me armé de valor y hablé con él para ver si me permitía formar parte de la escuela de formación, a regañadientes me dijo que probara esa semana y luego tomaría la decisión, la recuerdo como una semana bastante dura para mí.

Sucede el Milagro. José Ledezma el director me llama a su oficina y me confiesa que no me considera buena para la danza, pero debido a una clase que esa semana había impartido el maestro Albert Reid de la compañía de Merce Cunnignham, quien estaba invitado en la escuela y donde yo había participado (por supuesto sin saber de quién se trataba el personaje) de saberlo jamás me habría atrevido, él le sugirió que me probara para formar parte del repertorio de la compañía, ya que tenían una emergencia por baja de una bailarina, y debían reponer todo el espectáculo que viajaría a la ciudad de New York en tres semanas.

Yo luego de pensármelo le dije que lo intentaría, si este hombre creía en mi lo intentaría.

Trabajé duro durante esas tres semanas, para dar lo mejor de mí ya que era amateur y tenía que bailar con profesionales, el reto estaba aceptado. En la gira a New York, bailamos dentro de la programación del DTW Festival, Dance Theater Workshop que dura dos semanas y donde participan diferentes compañías nacionales e internacionales de danza.

El milagro volvió a suceder, el periodista Jack Anderson del periódico “The New York Times” había reseñado sobre mí como una de las mejores bailarinas de danza contemporánea que había visto. Allí comenzó mi vida en la danza, llena de grandes logros, éxitos, reconocimientos, premios… Luego al pasar los anos forme parte de la formación profesional de la Compañía de danza contemporánea de Merce Cunningham y Alvin Ailey en New York. Una de las mas prestigiosas a nivel mundial.

Durante estos 37 años de vida intensa entre el mundo del movimiento, las terapias de sanación y el acercamiento a otros cuerpos he ido afinando mi lenguaje corporal para dar todo lo mejor a las personas que llegan a mi vida. Lo veo desde la misión, desde poder entregar un poco de lo que he sido privilegiada y brindar una mejor calidad de vida a personas, que al igual que yo, han tenido procesos vivenciales traumáticos pero que tienen la voluntad y el deseo de mejorar y aprender a vivir desde otra dimensión del cuerpo. La danza es la terapia más efectiva, pues somos movimiento y energía en movimiento.

Para eso me he preparado durante muchos años y he recorrido muchas tecnicas desde la danza, la bioenergética, el taichí, los masajes, el Reiki, la meditación, la técnica de Alexander, el trabajo de Feldenkrais, la improvisación, el diseño humano, la Naturopatía, el desarrollo del ser desde otras terapias de lo emocional, dando en mis investigaciones y vivencias practicas con todas las personas con la que he interactuado grandes satisfacciones.

Así que puedo decir: soy un milagro.

La sobrenatural me visita,

La danza me descubre.

El éxito me toca.

La fama me llama.

Soy Mujer, madre, sanadora, chamana, maestra de danza todo a través del movimiento.

Desde allí surge una visión profunda del movimiento que me acompaña y entrego convencida que es una manera de sanar el cuerpo, la mente y el alma. Me inspiro desde la profundidad del ser, del arte sentimiento, del arte pensamiento y la acción.

 









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