Miercoles, 28 de Junio del 2017
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GB perdió su clase dirigente en la política

Publicado el 09/06/17

Como anticipamos, (Gran Bretaña desbarata su historia política), Las elecciones británicas han resultado un desastre. Los Conservadores que buscaban conseguir un mayor poder, perdieron su mayoría y han tenido que formar un gobierno de minoría con el DUP (Partido Unionista Democrático de Irlanda del Norte). Y los laboristas, que estaban muy venidos a menos, que respondían a un líder radical de políticas regresivas, han tomado mucho más espacio y, hasta Corbyn, su líder, ha conseguido mayor presencia.

Es probable que May pierda el control de su partido, y el que se acerca como contendor, es el actual ministro de Relaciones Exteriores, Boris Johnson, un excéntrico muy ignorante.

Líneas abajo, compartimos el análisis de The Economist que destaca como el factor determinante de esta situación, el retiro de la política de la clase dirigente británica.

Un mensaje, y una lección muy importante para el Perú, donde hace mucho tiempo, hemos visto a nuestra clase dirigente, no solo alejarse de la política, también dejar de participar del debate nacional. Algo que venimos reclamando con insistencia en Lampadia.

La clase política británica no está a la altura

The Economist
9 de junio, 2017
Traducido y glosado por
Lampadia

Ha sido imposible mirar las elecciones de Gran Bretaña sin alarmarse  por una sola pregunta: ¿Acaso no puede Gran Bretaña hacerlo mejor? El que sacó mayor provecho en la campaña, Jeremy Corbyn, el líder laborista, es un cripto-comunista (comunista escondido) de 68 años que nunca ha dirigido nada excepto su propia boca. Theresa May, la líder de los Conservadores, trató de hacer las elecciones sobre sí misma y luego demostró que no había mucho de ella para hacerlo.

Quejarse de la calidad de tus líderes es una tradición antigua. Además, los problemas de liderazgo de Gran Bretaña palidecen en comparación con los de EEUU, donde Donald Trump pasa de un desastre a otro.

Sin embargo, a veces empeorar es realmente empeorar. Tanto May como   Corbyn desean agrandar las ya considerables facultades del Estado. Corbyn masivamente. Y ambos prometen sacar a Gran Bretaña de la Unión Europea. Desafortunadamente, ambos candidatos han demostrado que son los capitanes defectuosos de equipos defectuosos. May rompió la primera regla de la política: no patees sin razón a tus votantes más fieles.  Corbyn se ha destacado en parte porque su equipo es muy mediocre.

Durante la mayor parte del siglo XX, la política británica ha disfrutado de una riqueza política que llegaba a ser hasta embarazosa. Las élites competidoras llevaron a sus miembros más dotados al Parlamento. La aristocracia envió a Churchill y al clan Cecil. Los líderes de los negocios ofrecieron a Harold Macmillan y a la dinastía Chamberlain. Los sindicatos presentaron a Ernest Bevin, Nye Bevan y James Callaghan. Y la élite meritocrática envió a sus mejores  intelectuales –tantos, de hecho, que el gabinete de los laboristas de 1964-66 tenía a siete ministros con títulos de primera clase de Oxbridge.  (Corbyn dejó la escuela con dos “Es”, la peor nota en los exámenes británicos)

No dejaba de haber mucha escoria entre el oro, por supuesto. Pero el oro brillaba intensamente. Y estaba bien distribuido entre los principales partidos, con los conservadores  movilizando las fuerzas de la propiedad y los laboristas a los trabajadores e intelectuales. Hoy es como si las diversas élites británicas hubieran decidido, exactamente al mismo tiempo, dejar de enviar a sus mejores representantes al Parlamento.

Hay una gran razón detrás de esto, en los últimos 30 años la política se ha convertido en una profesión. Los tribunos de ayer han sido reemplazados por profesionales que hacen su vida en la política. El problema es que resulta que la política no es una profesión muy atractiva.

Hay algunas cosas que se pueden hacer para frenar el declive. Una es dar más respeto a la edad y la experiencia al seleccionar los candidatos. El Parlamento está repleto de jóvenes, ex ayudantes de los anteriores parlamentarios. Los comités de selección deben prestar más atención a los candidatos que ya han tenido éxito en otras profesiones. Un segundo es ampliar el grupo de talentos. Margaret Thatcher utilizó la Cámara de los Lores para atraer a gente de negocios. Gordon Brown hizo lo mismo para crear una administración de “todos los talentos”. Si Gran Bretaña adopta  estas y otras ideas, el electorado podría enfrentar una opción más inspiradora en las próximas elecciones. Pero es demasiado tarde para hacer algo sobre el lío actual: Gran Bretaña se enfrentará a Bruselas con uno de sus equipos históricamente más débiles. Lampadia