Jueves, 23 de Noviembre del 2017
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Papa proclamó santos a dos de los pastorcitos de Fátima

Publicado el 13/05/17

El rezo del papa Francisco delante de las tumbas de Jacinta y Francisco Marto, ayer, en Fatima. (ANSA)

El pontífice polaco Karol Wojtila dijo que el “obispo vestido de blanco” era él mismo y que la profecía de la virgen se refería al atentado que Juan Pablo II sufrió el 13 de mayo de 1981, día de la virgen de Fátima, en la plaza de San Pedro. Un terrorista turco, Alí Mehmet Agca le disparo mientras Wojtyla, a bordo de un jeep descubierto saludaba a la multitud tras una audiencia general de los miércoles.

Pese que que llegó casi desangrado al hospital Gemelli, el Papa sobrevivió y atribuyo a la intervención de la virgen de Fátima ese casi milagro. Un año después viajó al santuario de Fátima e hizo encastonar en la corona de la virgen el proyectil que casi lo mató.

La gigantesca multitud que se desplegó frente al santuario y en sus alrededores recordó esta y otras anécdotas. La pequeña ciudad de Fátima colapsó desde ayer por los cientos de miles de peregrinos que acudieron al santuario y los kilómetros de automóviles y otros vehículos que llenaron los estacionamientos y las calles.

El Papa Francisco se presentó ayer como “un obispo vestido de blanco” al llegar al santuario desde Roma.

Entre los presentes hoy en la misa de canonización se encontraba el niño brasileño Lucas, que sobrevivió según la Iglesia gracias al milagro de la intercesión de la Virgen de Fátima. Fue este reconocido hecho sobrenatural lo que permitió la canonización de Jacinta y Francisco.

En su homilia tras proclamar a los dos pastorcitos santos, el Papa dijo que cuando Cristo subió al cielo tras la resurrección, “llevó junto al Padre la humanidad”. Francisco agradeció las “innumerables bendiciones” que Dios envió a los humanos en estos cien años desde las apariciones de la virgen a los tres pastorcitos.

El pontifice argentino dijo que “bajo el manto de la virgen”, los nuevos niños santos “no se pierden”. Al pie de la imagen de la virgen de Fátima que presidía la ceremonia litúrgica fueron colocadas dos reliquias: un pedazo de hueso de Francisco y una pequeña trenza de cabellos de Jacinta. Terminada la misa de canonización, el Papa almorzó con los obispos portugueses y por la tarde emprendió el regreso a Roma.