Sábado, 10 de Diciembre del 2016


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Camino, Máscaras y Destinos: Alfredo Alcalde. Antología pictórica 1985-2016

Publicado el 18/07/16

Galería Germán Krüger Espantoso

Del 21 de julio al 28 de agosto

Martes a domingo de 11:00 a. m. a 8:00 p. m. Ingreso libre.

La pintura de Alfredo Alcalde toma su inspiración de ciertos barrios del centro histórico de Lima. Su posterior búsqueda se basa en espacios y personajes que pone en escena y que, al ser plasmados por él, pasan de la cotidianidad a una esfera poética en la que reescribe el destino de la ciudad. En la muestra antológica organizada por el ICPNA el público podrá ver cerca de 70 cuadros en mediano y gran formato que dan cuenta de estos elementos propios de la obra pictórica de Alcalde.

Bajo la curaduría de Jorge Villacorta, “CAMINOS, MÁSCARAS Y DESTINOS: Alfredo Alcalde. Antología pictórica 1985-2016” se expone desde el 21 de julio en la galería Germán Krüger Espantoso (Av. Angamos Oeste 120) hasta el 28 de agosto. Habrá una visita guiada a la muestra el miércoles 3 de agosto a las 7:00 p. m.

Sobre el artista

Alfredo Alcalde (Chimbote, 1961) ingresa  a la Escuela Nacional de Bellas Artes de Lima en 1981. Frecuenta los talleres de los artistas Víctor Humareda, Ángel Chávez, David Herskovitz, Guzmán Manzaneda, a quienes valora como extraordinarios artistas y seres humanos apasionados por la vida.

Alcalde no solo desempeña su labor artística como pintor, sino  también como escultor, grabador y ceramista, ha publicado en algunas columnas culturales, ilustrado libros e impartido charlas en universidades y centros superiores de arte. Fue distinguido con el premio Galería Borkas (1991) y con la placa “Sol del Qosqo”  Museo de la Nación e INC, como la mejor exposición de Arte del 2000.

 Entre sus exposiciones individuales en el Perú destacan la realizada en el Museo de la Nación (2000), Sala de Arte  PETROPERU (2005), Museo Pedro de Osma (2007), Museo de Arte de San Marcos (2009), Galería del Centro Cultural Inca Garcilaso (2013).

En el extranjero sus muestras más significativas son: la realizada en la galería de la Municipalidad XVI de París y Consulado General del Perú en Ginebra, Suiza (2004), Sala Tota Guiloff, Instituto Chileno Israelí de Cultura (2005), Galería Genkan de Tokio (2007), Fundación Sebastián, México D. F. y Galería de la Cámara de Comercio de Singapur-China, en Singapur (2010), Museo de Bellas Artes de Toluca, México (2011), International Museum of Art & Science, Texas, Estados Unidos (2015).

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TEXTO DE CURADOR

Alfredo Alcalde emergió como pintor en Lima hacia 1985, en medio de intensas discusiones y planteamientos acerca de las prácticas pictóricas ligadas a la representación de la realidad  y del compromiso del artista. Se había desplazado a la capital para su formación y en ella encontró y frecuentó a una serie de artistas con posiciones firmemente tomadas en cuanto a cómo comprender la relación entre arte y sociedad, permaneciendo ligados al realismo. Se trata de una parcela singular de la pintura limeña de fines de siglo XX que aún queda por investigar y en sus inicios, el camino de Alcalde lo llevó a una proximidad con exponentes de visiones de esta naturaleza. En esa etapa influyó en él, un artista cuya existencia y pintura rompían con estos discursos, el puneño residente en Lima, Víctor Humareda, quien con su personal expresionismo plasmó un mundo en el que se entremezclaban las libres interpretaciones del paisaje urbano y una fantasmagoría asociada al revés de la trama de lo humano cotidiano. Más tarde en la década de los años 80, también lo marcaría el contacto con David Herskovitz, gran artista estadounidense afincado en el Perú y poseedor de una  práctica pictórica infundida de una visión profundamente humanista: es Herskovitz quien le revela con su arte que la visión artística puede alcanzar los contornos de una visión filosófica.

El desarrollo posterior de Alcalde como artista es más bien solitario, en la medida en que la pintura figurativa limeña fue alejándose cada vez más del terreno de preocupaciones propias de un arte humanista figurativo-realista, y orientándose mayormente hacia una diversidad de propuestas abstractas –que se habían ido renovado en el panorama nacional durante la década de 1980-, en las que los desarrollos locales se medían con asimilaciones de planteamientos que podrían ser descritos como emparentados con las propuestas internacionales de fines del siglo XX. Son los géneros clásicos de la pintura los que en cierta manera contribuyen a estabilizar la soledad de Alcalde, quien permanece fiel a una propuesta representacional de tonos fuertemente locales, a contracorriente de lo que se presentaba principalmente en galerías comerciales. Pero esa misma senda solitaria se ve pronto convertida en una línea de búsqueda, en la que van apareciendo vías de salida del realismo puro y duro, y es ahí que las vetas críticas de la tradición representacional figurativa de occidente lo nutren, desde Goya a los alemanes de la Nueva Objetividad de la post-guerra de la I Guerra Mundial, pasando –qué duda cabe-, por Daumier y hasta Ensor y Munch. Esto se ve claramente en la aparición en su pintura de personajes en los que la acidez del comentario crítico visualmente planteado exagera y exalta, y desarticula así posibles lecturas en las que el sentido provendría de la percepción de un alineamiento con la figuración realista. Tal vez parte de este tono ácido se alimenta de su admiración por dos grabadores que están uno en las antípodas del otro: el mexicano José Guadalupe Posada y la alemana Käthe Kollwitz, de quienes podría haber aprendido como ‘cortejar’ pictóricamente a la calavera y al cadáver para la representación del común destino humano.

Nada inhibe a Alcalde en la persecución de su visión de un arte pictórico de peculiar giro filosófico. Con los cuadros recientes en los que se ha concentrado en el lenguaje corporal de la figura teatral del mimo, solo o en grupo, y en las obras que plasman situaciones con muchos personajes, a menudo en comparsa, el artista ha abierto su reflexión en pintura hacia nuevas zonas de significación. Lo que se manifiesta es una profundización importante de la figuración humanista en la que se enmarcaría su arte. En esta nueva etapa parece aproximarse con intención certera a la gestualidad simbólica y enfatizar la centralidad del cuerpo en la representación de la figura. Hay en su manejo del color algo así como una sugerencia de ecuación de nueva dimensión cósmica: esta corporeidad sólida se convierte en puente entre los orígenes y el final de la existencia.

Jorge Villacorta Chávez, julio 2016