Domingo, 4 de Diciembre del 2016


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JOSÉ DE LA RIVA AGÜERO

Publicado el 05/05/16

Hijo del español José de la Riva Agüero y Basso della Rovere, José Mariano de la Riva Agüero y Sánchez Boquete, V Marqués de Montealegre de Aulestia, nació en Lima el 3 de mayo de 1783.

Viajó joven a España para completar su educación e ingresar en la carrera naval. Sin embargo la ascención de Napoleón Bonaparte atrajo su atención y se dirigió a Francia. De regreso a España fue condecorado con la Orden de Carlos III (1807); al año siguiente se alistó en el ejército español para hacerle frente a la invasión napoleónica (1808).

Vino a Lima dispuesto a apoyar la Emancipación del Perú. Participó en casi todas las conspiraciones limeñas, razón por la cual fue constantemente vigilado por las autoridades.

En 1816 escribió una Manifestación histórica y política de la revolución de América, la cual exponía veintiocho causas que justificaban la rebelión contra el régimen virreinal.

José de la Riva Agüero tomó contacto con San Martín, quien luego de consolidar la independencia en Chile tenía como objetivo próximo pasar al Perú, y le envió datos valiosos sobre la situación de las fuerzas realistas y contribuyó a definir el plan de operaciones del Ejército de los Andes.

En el protectorado de José de San Martín, fue designado prefecto del departamento de Lima. Sin embargo. San Martín pronto de distanció de él por haber promovido la expulsión del ministro Bernardo Monteagudo (25 de julio de 1822), personaje odiado por su monarquismo.

El 20 de setiembre de 1822 San Martín instaló el Congreso y el 24 encargó el ejercicio del Poder Ejecutivo a una comisión de su seno denominada Junta Gubernativa, presidida por José de La Mar.

Los desastres sufridos por el “Ejército del Sur” en Torata y Moquegua trajo como consecuencia el primer golpe militar de la historia republicana.

El “Ejército del Centro” pidió al Congreso la disolución de la Junta Gubernativa (26 de febrero de 1823), episodio que la historia lo conoce como el Motín de Balconcillo. Ante tal situación, el Congreso ordenó el cese de la Junta Gubernativa (27 de febrero de 1823).

Provisionalmente el poder lo asumió José Bernardo de Tagle, Marqués de Torre Tagle, hasta que el Congreso eligió a Riva Agüero como Presidente de la República (28 de febrero de 1823). A los pocos días el Congreso lo ascendió a Gran Mariscal y dispuso que utilizara la banda bicolor como distintivo del poder ejecutivo que administraba (4 de marzo de 1823).

En su gobierno se llevó a cabo la Segunda Campaña de Intermedios (14 a 25 de mayo de 1823), al mando del general Andrés de Santa Cruz. Por primera vez se ponía en acción un ejército formado íntegramente por peruanos, que obtuvo algunas victorias sobre los realistas del Alto Perú, pero que al final acabaría en fracaso.

José de Canterac, jefe de los realistas, se dirigió a la capital aprovechando que Lima se encontraba desguarnecida. Entonces Riva Agüero ordenó el traslado de los organismos del gobierno y las tropas a las fortalezas del Callao (16 de junio de 1823). El 19 de junio las fuerzas realistas ocuparon Lima. El Congreso decidió que se trasladasen a Trujillo los poderes Ejecutivo y Legislativo. Además, le confió a José Antonio Sucre, quien se encontraba en Lima, facultades propias de un Presidentede la República y enció una delegación para pedir la colaboración de Simón Bolívar en la guerra contra los españoles. El Congreso casó a Riva Agüero de su cargo, pero éste no aceptó y se embarcó a Trujillo.

En Trujillo decretó la idsolución del Congreso (19 de julio de 1823) y formó un senado compuesto por 10 miembros. El 06 de agosto del mismo año el presidente provisorio Marqués de Torre Tagle convocó de nuevo al Congreso (6 de agosto de 1823), el cual a su vez reconoció a Tagle como Presidente de la República.

El 01 de setiembre llegó Bolívar a Lima y comenzó las negociaciones con Riva Agüero, pero no hubo entendimiento. Este fue deportado a Guayaquil, pero no por Bolívar sino por sus propios oficiales encabezados por el coronel Antonio Gutiérrez de la Fuente (25 de noviembre de 1823). Al año siguiente viajó a Europa, donde contrajo matrimonio (en Bruselas) con la princesa Arnoldina, hija del duque Carlos Luis de Looz Corswarren.

“28 CAUSAS PARA LA INDEPENDENCIA DE AMERICA”

Por : José de la Riva Agüero y Sánchez Boquete

Causas que dan los Americanos:

1. Que los intereses de la Península están diametralmente opuestos con los de América; que para aquella prospere es preciso que ésta permanezca en cadenas.
2. Que la América permanece gobernada despóticamente sin observancia a ley alguna, expuestos sus habitantes a los diarios ultrajes y violencias de los ministros, virreyes, y demás mandarines; que unos en la distancia y otros cercanamente no la miran sino como a su patrimonio, y a sus moradores como a rebaños de ovejas.
3. Que el monopolio de la Península les impide del todo el comercio libre, y les pone las mayores trabas al expendio de sus preciosos frutos.
4. Que habiendo llegado al extremo el aborrecimiento y odio entre españoles y americanos, refluyen sobre aquellos solamente las utilidades del comercio o monopolio; y éstos tienen que comprar sus efectos a un precio excesivo y recargado, sin dejarles siquiera a algunos particulares el lucro de comisionistas.
5. Que casi todos los empleos militares, políticos, de hacienda, y eclesiásticos, están ocupados y servidos por españoles; excluyendo tácitamente con estos a los americanos de ejercer los cargos principales.
6. Que los enjambres de empleados que envían de España a América, particularmente en estos últimos tiempos, son las gentes más idiotas, inmorales corrompidos, y sobre todo venales de suerte que no hay buena administración de justicia, imparcialidad en los juicios, ni rectitud en sus dictámenes.
7. Que la dilapidación de la Real Hacienda y la falta de economía, hace que no basten sus ingresos a los gastos de la guerra y demás atenciones útiles, como son el gran número de empleados, generales y oficiales agregados; por lo que se echan crecidas contribuciones para sostenerlos bajo el especioso nombre de conservar las autoridades constituidas.
8. Que el desorden y la falta de método y de jefes instruidos en la dirección y administración de las rentas tiene al real erario del Perú descubierto en más de doce millones de pesos, cuya deuda va en aumento progresivo, lo que irremediablemente va a ocasionar una bancarrota en todos los fondos público y la ruina de los capitalistas acreedores.
9. Que el gobierno arbitrariamente prende a toda clase de personas, sin más causa que su antojo, venganza o deseo de dañar; de lo que resulta que no hay seguridad personal, ni observancia de leyes divinas, ni humanas, sino las del despotismo y de la fuerza.
10. Que la nobleza está igualmente estropeada por los depósitos y sus satélites.
11. Que el mérito, instrucción, buena conducta, y luces son castigados como delitos los más contrarios a la seguridad del gobierno llamado real.
12. Que toda ilustración pública es prohibida, y se castiga a los que han leído obras filosóficas, de instrucción pública, etc., para los que la Inquisición tiene preparadas sus cárceles, y el gobierno sus cadalsos.
13. Que toda opinión en política, aunque sea de poca importancia, es graduada de delito de alta traición.
14. Que las mismas cosas hechas en España, o por españoles, se dicen buenas y muy santas, hechas o dichas por americanos son unos crímenes que los conducen a un severo castigo.
15. Que es prohibido a los americanos hasta el visitarse parientes con parientes, bajo el pretexto que se juntan para hacer conspiraciones; y al mismo tiempo los españoles están autorizados para tener toda clase de reuniones.
16. Que para amedrentar a los americanos se hacen por el gobierno ciertas escenas trágicas de supuestas revoluciones, en las que envuelven a muchas víctimas con el objeto de robar y de saciar su encono.
17. Que en España se desatienden las quejas y clamores repetidos de los americanos, de manera que ni aun los leen los ministros, y los pacientes de América quedan sin recurso alguno de justicia.
18. Que contra lo establecido han conservado a los virreyes y gobernadores militares diez o más años en sus gobiernos, no debiendo permanecer sino cinco solamente. Que del mismo modo les aprueban todas sus maldades en España, y que no puede ser sino con el objeto de incomodar, destruir, y exterminar a los americanos.
19. Que ocultando los sucesos y fraguando embustes los virreyes y gobernadores encienden la guerra entre unos pueblos con otros para hacerse figurar en España necesarios en el mando y adquirir por este medio mayores facultades, condecoraciones, riquezas, y perpetuación en los mandos, por los ministros y privados de la corte, a quienes compran.
20. Que es doloroso a los americanos el ser gobernados por unos déspotas, insultantes, venales, ignorantes y soeces; y verlos al mismo tiempo cargados de honores, colmados de riquezas, y cercados por hombres corrompidos e inmorales.
21. Que en el tiempo que regía la constitución española hecha en Cádiz, los gobernantes hacían lo que querían sin observarla en lo menor, sino en apariencia, arrogándose facultades e intrigando de suerte que no se hacía más que lo que ellos gustaban; siendo en rigor ellos quienes elegían los diputados de cortes, y la única voz en las diputaciones de provincia. No dejando libertad al ciudadano, ni a la prensa, sino solamente la de insultarse entre sí, con el objeto de aumentar la desunión y la discordia.
22. Que abusando de la buena fe de los habitantes los virreyes y gobernadores detienen los correos, abren las cartas, substraen las correspondencias hasta el extremo de ocultar las que vienen de España. Casi siempre con éstas se ha llevado el sistema de dar la penúltima y guardar la recién recibida, para tener de este modo al público sin noticias frescas de sus asuntos; esto es sin embargo de las muchas cartas que se quitan a las personas que se consideran poco afecta a los opresores.
23. Que la colocación de tal cual americano a empleos y honores, se verifica en las gentes sin mérito y dando estas gracias indebidamente se aumentan las injusticias y quejas de los beneméritos.
24. Que los generales, comandantes, y gobernadores se convierten en unos ladrones públicos, que saquean toda la América ya con contribuciones, o ya con la célebre purificación.
25. Que la inobservancia del derecho de gentes con los vencidos, y el no respetar las propiedades, las vidas de niños, mujeres, ancianos y de los vecinos desarmados, como también el incendio de ciudades, pueblos y cosechas, hacen tomar a los americanos medidas de defensa para librarse de tan crueles enemigos.
26. Que los virreyes y comandantes echan contribuciones enormes y violentas a las provincias y ciudades en que ellos dominan pacíficamente.
27. Que los españoles insultan públicamente a todo americano, y se repite por todas partes que la España no debe dejar ni siquiera un solo americano vivo, que pase de 7 años.
28. Que a las quejas y asuntos de los americanos no se les da substanciación legal en la corte, bajo el bárbaro pretexto de que no llevan el informe de los jefes mismos contra quienes se quejan; y a los informes clandestinos que los virreyes, gobernadores y jefes hacen contra los americanos, inmediatamente se procede contra éstos, sin embargo de no oírlos ni juzgarlos con arreglo a las leyes; lo que manifiesta la prevención y odio que tienen en la corte a todo americano.

ASPECTOS A TENER EN CUENTA:

(1)  “Le movían, junto con sentimientos nacionalistas, atávicos vínculos vínculos a la metrópoli, olvidados en horas juveniles, pero nunca extintos. Sobre su capa de conspirador se había puesto la banda presidencial, pero sin quitarse la aristocrática casaca de marqués. Su espíritude casta se conmovía ante una luicha que no resultaba fácil, sino larga y cruenta; y tras de cuyo final vislumbrábase que predominarían, si no los extranjeros, en el mejor de los casos, nacionales indeseables. Además, Riva Agüero sentía una sensación de chasco y escamoteo. Él habría sido prohombre de la Revolución peruana si San martín no lo hubiera eclipsado, y ahora se sentía desplazado por Bolívar. Como Satán, no quiso ser tan sólo arcángel preferido. Al pecar, fue suyo el pecado de Satán, la soberbia” (Basadre)

(2)  “…el dilema de la élite criolla en el período de la Emancipación. Muchos de los líderes peruanos no parecen haber sido capaces de adptarse a la nueva situación. Riva Agüero, presidente del Perú, fue exiliado por sus negociaciones con el virrey; Torre Tagle, también presidente, cambió de bando varias veces y murió como realista durante el sitio del Callao. Los criollos, en su mayor parte, sostuvieron al virrey hasta que se hizo cada vez más evidente que las tropas españolas no pudieron defenderlos. Por otra parte, se sintieron poco seguros en su nueva situación, sobre todo al conocer al conocer los decretos de San Martín que manumitían a todos los hijos de los esclavos nacidos en el Perú desde el ingreso de las tropas patriotas, y que suprimían el tributo indio, la mita y todo tipo de trabajo forzado” (Bonilla/Spalding).



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