Miercoles, 7 de Diciembre del 2016


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Vivir en paz con dignidad

Publicado el 02/04/16

Por: Guillermo Vidalón del Pino

Se ha hecho público un documento que invita a la reflexión antes de emitir nuestro voto para elegir al próximo presidente que habrá de gobernarnos hasta el 2021, año en que celebraremos el bicentenario de nuestra independencia.

Sin lugar a dudas, dicho documento motiva un diálogo constructivo a la luz de la fe en Cristo.  Todos queremos vivir en un país seguro, pero alcanzar este anhelo implica decisión e inversión en medidas preventivas, disuasivas, operativas, sancionadoras y rehabilitadoras frente a la delincuencia.  ¿El Estado contará a la fecha con los recursos suficientes como para implementar cada una de las acciones que se necesita ejecutar? Ciertamente no.

Sin lugar a dudas, los peruanos merecemos disfrutar de una vivienda digna, de servicios públicos de calidad, etc-; todo ello eleva nuestra potencialidad y los niveles de satisfacción personal contribuyen para alcanzar aquello que se denomina plenitud, por el fortalecimiento del espíritu.  Sin embargo, nuestro espíritu habita en un templo que debemos alimentar y, para hacerlo de manera adecuada, tenemos que producir, que entregar nuestra impronta humana a la Creación divina o, para los no creyentes, a la Naturaleza.  Frente a la creación o a la naturaleza, debemos ejercer nuestro libre albedrío, nuestro arte que se manifiesta a través del trabajo y es el trabajo lo que genera riqueza; riqueza se ahorra para invertirla y generar un círculo virtuoso en nuestra sociedad.

La informalidad es ciertamente un problema y la anomia, ese desinterés por la cosa pública, se explica también porque hemos generado un sistema de normas que se han distanciado de la realidad y la única opción que tienen las personas que no cuentan con un empleo formal es sobrevivir en la informalidad.  La solución empieza por establecer una institucionalidad que refleje la realidad y, a partir de ella, construir las bases para una sociedad que provea mayores y mejores oportunidades para todos. Cuando el país institucionalice las conductas valoradas positivamente, estaremos incorporando valores que, en adelante, habrá que jerarquizarlos empleando la ética.

El fomento de los valores y la ética, más allá del plano discursivo, será la herramienta más eficiente para combatir la corrupción y la delincuencia que impactan negativamente una convivencia social armónica.

Cuando se analiza las actividades económicas, se expresa preocupación por el crecimiento económico basado en el extractivismo y en cómo impulsar la diversificación productiva, el valor agregado, la innovación, entre otros.

Al respecto, quienes trabajamos en el sector extractivo compartimos las mismas preocupaciones y hemos hallado respuestas en la inspiración del discurso bienintencionado.  Convertir al Perú en el país que anhelamos requiere de recursos y de capacitar a su población.  Sea el gobierno que fuere, si no es capaz de promover la generación de recursos mediante el estímulo a la inversión, no logrará su cometido.  La actividad extractiva es una generadora importante de recursos, tanto para el gobierno central como para los gobiernos subnacionales, lo que promueve la acción descentralizada del Estado.  Sin inversión pública de calidad, orientada a fortalecer encadenamientos productivos, como por ejemplo con la agricultura mediante la construcción de infraestructura hídrica y vías de comunicación, nos estaremos limitando al discurso de la diversificación.

Asimismo, el aporte creativo y la innovación, requieren de una disciplina orientada a la investigación y ésta, a su vez, demanda el haber adquirido una experiencia previa que se sustenta en el conocimiento acumulado.  El conocimiento se genera en función a la calidad de la educación recibida.  Alcanzar una educación competitiva internacionalmente demanda destinar recursos de manera sostenida por los próximos 20 o 30 años, y solventar la inversión social que ello representa hace necesario que los países definan horizontes productivos confiables y de largo plazo.  Ese horizonte lo representa la actividad extractiva.

Como minero, comparto la preocupación por el ambiente, pero la solución o la atenuación del impacto de las actividades humanas en el ambiente solo será posible si se genera un conocimiento que supere al actual.  Pretender detener, oponerse o menoscabar la actividad extractiva, sin fundamentos basados en el conocimiento, significará postergar por muchos años más nuestro anhelo de desarrollo en todos los ámbitos de la vida humana.

Como creyente y como trabajador de una industria que ha permitido dignificar la calidad de vida de cientos de miles y millones de peruanos, creo firmemente que aporto transformando la riqueza natural para convertirla en un valor que contribuye a favor del bien común.

Muchas gracias por leerme. Se autoriza su reproducción (siempre que se respete la autoría del mismo) para que más peruanos seamos conscientes de la importancia de la minería en el proceso de desarrollo y generación de bienestar en el Perú.