Lunes, 5 de Diciembre del 2016


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ALONSO CUETO

Publicado el 30/04/16

ALONSO CUETO CABALLEROHijo del filósofo Carlos Cueto Fernandini y de la educadora Lilly caballero, Alonso Cueto Caballero nació en Lima el 30 de abril de 1954. Debido al trabajo de su padre, su infancia transcurrió en París, Washington y Lima, donde regresó a los siete años.

Sus estudios escolares los realizó en el Lafayette School de Washington (1960-1961) y en el colegio Carmelitas de Lima (1962-1970). Ingresó a la Pontificia Universidad Católica del Perú en la Facultad de Letras y Ciencias Humanas, en la especialidad de Literatura, donde se graduó con una tesis sobre la obra de Emilio Adolfo Westphalen. Viajó a España con una beca del Instituto de Cultura Hispánica, para realizar un trabajo de investigación en torno a la obra de Luis Cernuda. En 1979 reinició sus estudios en la Universidad de Texas en Austin, de donde se graduó con el título de PhD, en 1984, con una tesis sobre los relatos de Juan Carlos Onetti. En 1985 se casa con Kristin Keenan Atwood con la cual tiene dos hijos, Daniel (1986) y Esteban (1991).

En el 2005 publica una de sus obras más destacadas, La hora azul, con la cual obtiene el prestigioso Premio Herralde. Asimismo, fue considerada como la mejor novela en español del año por la Editorial Popular de China. A fines del 2011 publicó su primer libro para niños: El árbol del tesoro.

En 2009 Alonso Cueto fue elegido miembro de número de la Academia Peruana de la Lengua.

Obras:

La batalla del pasado, relatos, Editorial Alfaguara, Madrid, 1983 (Editorial Apoyo, 1996; Alfagua Juvenil Perú reeditó una nueva versión del libro en 2011, en la que el autor eliminó algunos de los 15 cuentos que contenía la primera edición)3.

l tigre blanco, novela, Editorial Planeta1985; 2007

Los vestidos de una dama, cuentos, Editorial Peisa, 1987; 1998

Deseo de noche, novela, Editorial Apoyo, 1993 (Editorial Pretextos, 2003)

Amores de invierno, cuento, Editorial Apoyo, 1994 (Editorial Planeta, 2007)

El vuelo de la ceniza, novela policiaca, Editorial Apoyo, 1995 (Seix Barral, 2007)

Cinco para las nueve y otros cuentos, Alfaguara, Lima, 1996

Pálido cielo, cuentos, Editorial Peisa, 1998; Norma Editorial (2010)

Demonio del mediodía, novela, Editorial Peisa, 1999

El otro amor de Diana Abril, contiene 3 novelas breves: la que le da nombre al libro; Dalia y los perros; y Lágrimas artificiales. Editorial Peisa, 2002

Encuentro casual, teatro, Editorial Peisa, 2002

Grandes miradas, novela, Editorial Peisa, 2003 (Editorial Anagrama, 2005)

Mario Vargas Llosa. La vida en movimiento, entrevista y ensayo, Fondo Editorial de la UPC, 2003

Valses, rajes y cortejos, artículos, Editorial Peisa, 2005

La hora azul, Editorial Peisa & Anagrama, 2005. Editorial Planeta 2013

El susurro de la mujer ballena, novela, Editorial Planeta, 2007

Sueños reales, ensayos literarios, Seix Barral, 2008

Juan Carlos Onetti. El soñador en la penumbra, novela, Fondo de Cultura Económica, 2009

La venganza del silencio, novela, Editorial Planeta, 2010

El árbol del tesoro, cuento para niños, dibujos de Isabelle Decenciere; Editorial Planeta, 2011

“La Piel de un Escritor” (Contar, escribir y leer historias). Fondo Cultura Económica, 2014.

 

CONSEJOS PARA JÓVENES ESCRITORES:

 

1. La literatura es una cuestión de oído. Lee lo que has escrito en voz alta. Repítelo y corrige los tropiezos del ritmo hasta que “suene bien”. Por “sonar bien” se entiende una relación fluida entre el sonido y el sentido. La literatura, como la música, ocurre en el tiempo. No hay mejor prueba que la voz.

2. La literatura también es una cuestión de mirada. Un escritor debe poder “ver” a sus personajes, gracias a una descripción viva de un detalle físico. Puede cambiar el lente de sus frases para descubrir una luz oculta en sus ojos así como para poder describir el panorama de una plaza o una calle. El lenguaje es un sistema de observación que va graduándose a lo largo de una narración.

3. Parafraseando una frase de Strunk and White, narrar tiene que ver con lo específico, lo particular y lo singular, no con lo abstracto, lo vago y lo general. Estas últimas categorías son de pensadores y científicos, no de escritores. La frase “acaban de matar a Pedro” es más fuerte que “La muerte de un hombre es una tragedia”. Hay que tratar de ser lo más concreto posible. Si escribes que Lucía se subió a su vehículo, dices muy poco. Si escribes que se subió a su automóvil, dices un poco más. Pero si escribes que se subió a su Peugeot azul, estás definiendo una parte de su vida. En ese sentido, los detalles son el dios de la historia. Cuando Anna Karenina ve llegar a su marido a la estación después de haber caído fulminada de amor por Vronski, Tolstoi nos dice que sus orejas le parecieron demasiado grandes. Solo así sabemos que ha dejado de amarlo.

4. Todos los hechos de una narración tienen que ser inesperados pero lógicos. Cada nuevo incidente tiene que partir del anterior pero pasar a un estado nuevo. El incidente es una herramienta al servicio de la construcción de un personaje, un objetivo supremo.

5. Decidir cuánto tiempo se le dedica a cada episodio es un asunto de intuición, de acuerdo a su grado de importancia y su posición en el relato. La cantidad de información que se procesa a lo largo de una historia debe merecer mayor o menor tiempo, de acuerdo a la relevancia que se le quiera dar. En El agente secreto, Joseph Conrad narra en una página el asesinato de Verloc, que ocurre en el instante en el que su esposa le asesta una cuchillada. Por otro lado, un tiempo real largo puede merecer solo una frase: “Pasaron algunos años”. Una novela o un relato es un vehículo temporal que cambia de velocidad constantemente, creando sus propios tiempos.

6. Nunca pienses que escribes para nadie, ni siquiera para un lector imaginario. Escribes para ti mismo. Lo demás son consignas.

7. Es importantísimo conocer a tus personajes como si estuvieran dentro de ti. Debes saber a qué hora les gusta levantarse, qué han soñado, qué toman de desayuno, qué música los hace bailar, cuáles son sus pensamientos ocultos. Sus manías en el vestido, en la forma de comer, sus terrones ocultos, sus frustraciones y anhelos de los cuales ellos mismos pueden no ser conscientes también son parte de la materia prima de un personaje. Esto no significa que necesariamente vas a incluir todos esos detalles en la narración. Pero debes saberlos para conocer bien a los personajes. Toma tiempo conocerlos. Mientras escribes, son más importantes que los amigos y familiares, aunque alguno de estos pueda haberte inspirado. El personaje termina reflejando un aspecto de la intimidad de un escritor, que lo asume como propio. Lo más importante es entenderlos desde dentro.

8. Busca las historias que más te obsesionen. Escucha con atención las historias que te cuentan. Recuerda las historias de la Biblia o de los cuentos infantiles y trata de adaptarlas a tu vida para contarlas otra vez. Recuerda tus propias historias. Tu infancia es una caverna llena de memorias íntimas, entrañables, desgarradas en las que tienes que internarte. Estamos rodeados de historias. Pero solo son un punto de partida. Lo importante es lo que hagas con ellas.
9. Mira a la gente a tu alrededor. Los relatos de cada persona están escritos en su ropa, en sus gestos, en sus palabras. Los paraderos, los restaurantes, las colas de los bancos son buenos lugares de observación. No puedes dejar de observar.

10. Lee a los grandes autores pero también a los malos que te gusten y que tengan algo que enseñarte. Una vez que te enseñen algo, trata de olvidarlos. Nunca leas por obligación, siempre por placer. A veces se puede aprender más de un autor que cuenta una historia sin pretensiones artísticas que de un “artista consumado”. Si descubres algunos errores en sus frases o en su historia, imagina lo que habrías hecho en su lugar.

11. Piensa siempre que el crítico literario, salvo casos excepcionales, es solo un lector más. Solo hay un puñado de ellos que valen la pena, y lo puedes saber si en sus textos te han dicho algo interesante que no tiene que ver directamente con los libros que te comentan.

12. Escribir es urgente. Una señal de ello es que nadie te pide que escribas. Nunca dejes de escribir. Nunca dejes de pensar en historias. Nunca fantasees con lo que vas a ganar o a perder escribiendo. Ese no es el problema. No hay problema. Escribe todo el tiempo, aun cuando no estés frente a un papel o a una pantalla. Si ya has vivido lo suficiente, busca la soledad y el silencio. No importa lo que digan. Casi todos los otros seres humanos son potenciales enemigos del trabajo de un escritor. Los aliados escasean. Asegúrate de que tu cónyuge sea uno. De lo contrario, sepárate cuanto antes.

13. Nunca olvides que escribir es romper todos los diques: abandonarse, perderse, olvidarse.

FUENTE: La piel de un escritor. Contar, leer y escribir historias (Fondo de Cultura Económica, 2014)