Viernes, 9 de Diciembre del 2016


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Retrospectiva de Rosi Schartzman (1978-2015)

Publicado el 07/01/16

Galería Germán Krüger Espantoso

Del 7 de enero al 14 de febrero.

Desde mediados de la década de 1970, Rosi Schwartzman abordó la representación de personajes que habitan la ciudad y fragmentos de naturaleza muerta. Su pintura de la soledad nos remite una y otra vez a un perfil de delicadeza femenina, así como a la frontera entre el exilio y las tramas de la memoria. El ICPNA presenta una retrospectiva de la artista con su obra que abarca  los años 1978 al 2015. Son más de 80 cuadros que se exponen en la Galería Germán Krüger Espantoso del 7 de enero  hasta el 14 de febrero. El horario de visita es martes a domingo de 11:00 a.m. a 8:00 p.m.

Escenarios idealizados, imaginación y paisaje planteamientos entre oníricos y reflexivos han sido constantes en la producción  de Schwartzman. La artista “sorprende desde un inicio con una pintura cerebral y geometrizante, que no oculta un calculado uso de sus recursos técnicos” anota Augusto del Valle, curador de la exposición. “En la actualidad su última producción se interna definitivamente en una suerte de paisajes interiores cuyo naturalismo orgánico apoya nuevas idealizaciones”.

Sobre la artista

Rosi Schwarzman (Lima, n. 1947) inicia sus estudios muy joven, en la década de 1960. En la década siguiente pasa, entre 1974 y 1976, por el Barry College en Miami – Estados Unidos como una suerte de acercamiento al arte norteamericano, por un lado, siendo una asidua asistente al taller de Cristina Gálvez, entre 1977 y 1979, quien daba clases particulares con un método distinto al académico. Así mismo, paralelamente, estudia en la Escuela Nacional de Bellas Artes en una época de fuerte inestabilidad institucional.

Sus exposiciones en galerías comerciales en Lima comienzan al final de la década de 1970 y durante la siguiente expondrá en las más importantes del período, como Galería 9, Camino Brent, 2 VS, entre otras. Dicha década resulta prolífica en viajes en distintas ciudades europeas, Estados Unidos y Canadá, cuyas calles pueblan sus paisajes urbanos. En 1993 viaja a China y a su regreso inicia sus exposiciones con la galería Forum y su primera participación en la Feria Internacional de Miami, en dichas plataformas seguiría mostrando obra durante la primera década del siglo XIX. En la actualidad vive entre Lima y Miami.

TEXTO DEL CURADOR

Rosi Schwarztman. Retrospectiva (1978 – 2015)

En la segunda mitad de la década de 1970, la pintura en Lima, había encontrado en los espacios de galerías un importante lugar desde donde difundir sus propuestas. La historiografía local ha hablado de un boom de galerías que, de pronto, surgen en este período. Un  crecimiento que marca, en tanto huella de dicha vigencia, una demanda no solo por la calidad del oficio y del acabado visual, sino también hacia una preferencia por estéticas entre expresionistas y de estirpe surrealistas. A contracorriente de dicha preferencia, sin embargo, Rosi Schwarztman sorprende desde un inicio con una pintura cerebral y geometrizante, que no oculta un calculado uso de sus recursos técnicos.

Así, en Ciudad, 1978, (Figura 1), el espacio urbano idealizado, además de exhibir una estructura de retícula que sostiene la composición y un color plano e inexpresivo en puertas, ventanas y chimenea, ofrece también un inesperado alejamiento de otros tópicos modernos, más comprometidos con la multitud y el ruido. Lo suyo es más bien el silencio y algo que los comentaristas asumen como proximidad al diseño en lugar de su asimilación al oficio pictórico. A inicios de la década de 1980, sin embargo, una pintura como Resbaladera, 1981, (Figura 2), introduce una suerte de aura fría en este tipo de paisajes urbanos. Los paisajes, casi de fantasía, nos ofrecen además algún elemento onírico.  El hecho de que un niño aparezca de espaldas pero listo para entrar en acción frente a un espacio de juego nos da una pauta de cómo lo más próximo a la artista se da cita. Otro tanto ocurre en Siesta, 1981, (Figura 3), en que la acción del personaje se relaciona con una pintura de paisaje urbano de la propia artista, ahora en un espacio de interior.

La década de 1980 empezó en el Perú con una vuelta a la democracia y el regreso a la presidencia del arquitecto Fernando Belaunde, mientras que daba inicio la violencia política con las acciones terroristas de Sendero Luminoso. Este escenario, sin embargo, marca una orientación dentro del que Schwartzman es marginal. Es en 1980, cuando Schwartzman egresa de la Escuela de Bellas Artes (ENBA), luego de haber realizado sus primeros años formativos en Miami y el taller de Cristina Gálvez, de manera que su tendencia hacia planteamientos entre oníricos y reflexivos, se inscribe en la pauta de cierta pintura figurativa norteamericana y las estrategias para dibujo de Cristina Gálvez que ofrecen una vía de salida del academicismo.

Para mediados de la década, sus paisajes urbanos recogen una dialéctica entre escenarios idealizados de ciudades europeas o norteamericanos como en Café concert, 1986, (Figura 4) y otros que podrían atribuirse a Lima, como Esperando el micro, 1984, (Figura 5). También resulta interesante que mientras en la primera la representación se rompa literalmente —asociada al procedimiento técnico correspondiente—, en la segunda la imagen gane realismo a pesar del uso del color blanco/gris cubriendo de manera característica al personaje. Hay algo de pintura de exilio, es decir, de imagen que aporta con una distancia peculiar entre el self y el entorno.  Una distancia que se acentúa precisamente en la medida que en el Perú azota con mayor fuerza la violencia política a la vuelta de la década de 1990, como una suerte de contrapunto alegórico. Un contrapunto; esto es, una distancia que, desde dentro se asume por la necesidad de romper con el ideal geométrico y de diseño inicial para señalar hacia la naturaleza orgánica del detalle.

Así, es luego de su viaje a China, cuando sus obras asumen una pintura de imaginación y de paisaje. Incorporando una naturaleza asociada a lo oriental que, sin embargo, transita por una mirada desde el ornamento y el detalle. De esta manera en Sin título, 2003, (Figura 6) la niña asociada al paisaje regresa sobre aquellos sentimientos de soledad y silencio, que ponen en evidencia algo que algunos intérpretes asocian a la interioridad.

En la actualidad su última producción se interna definitivamente en una suerte de paisajes interiores cuyo naturalismo orgánico apoya nuevas idealizaciones. Por otro lado, dicho naturalismo orgánico se detiene en mostrar elementos como flores a modo de fantasía táctil y dinámica a partir de trasparencias y otros recursos. Así, en Suche en flor, 2004, (Figura 7) todo el plano de la pintura parece convertirse en una suerte de piel vegetal, como un llamado a un ojo capaz de detenerse en cada intersticio que surge, en cada silencio insinuado, en cada evocación solicitada.

Augusto del Valle