Domingo, 11 de Diciembre del 2016


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JUAN GONZALO ROSE

Publicado el 11/01/16

Un 10 de enero de 1928 nació en Tacna el poeta, compositor, dramaturgo y periodista peruano Juan Gonzalo Rose.

La mayor parte de su vida la vivió en la ciudad de Lima. Por su oposición a la dictadura de Manuel Arturo Odría, Rose fue exiliado en México. Estudió en la Facultad de Letras de la Universidad de San Marcos. En 1958 obtuvo el Premio Nacional de Poesía.

Perteneciente a la llamada Generación del 50, Juan Gonzalo Rose su poesía está enmarcada en la vertiente social. “…hay sin embargo en su poesía una continua depuración formal y un espiritualismo creciente de cuño muy personal. Su poesía alterna la preocupación por los grandes problemas sociales, humanos y revolucionarios del Perú con la expresión de una intimidad lírica llena de sentimiento y pureza. En Rose se podrían por eso delimitar dos maneras o estilos y dos temáticas diferentes, pero no necesariamente opuestas. Su acercamiento al mundo objetivo y su lirismo íntimo brotan de la misma fuente”, agrega el connotado poeta y crítico Washington Delgado.

El Juan Gonzalo Rose falleció en 1983. Entre sus obras poéticas, sobresalen La luz armada (1954); Cantos desde lejos (1956); Simple canción (1960); Las comarcas (1964), uno de sus textos más elogiados, escrito en prosa poética; Hallazgos y extravíos (1968); Cuarentena (1968); Obra poética (1974); Informe al Rey y otros libros secretos (1976), y Camino real (1980). Entre sus piezas teatrales figuran Operación maravillosa (1961) y Carnet de identidad (1966). Rose también compuso para valses peruanos.

POEMAS ESCOGIDOS

Exacta dimensión

Me gustas porque tienes el color de los patios
de las casa tranquilas….
y màs precisamente :
me gustas porque tienes el color de los patios
de las casa tranquilas
cuando llega el verano….
y más precisamente :
me gustas porque tienes el color de los patios
de las casas tranquilas en las tardes de enero
cuando llega el verano….
y más precisamente :
me gustas porque te amo.
para mi Maria Bonita

Gastronomía

Para comerse a un hombre en el Perú
hay que sacarle las espinas,
las vísceras heridas,
los residuos de llanto y de tabaco.
Purificarlo a fuego lento,
cortarlo en pedacitos
y servirlo a la mesa con los ojos cerrados,
mientras se va pensando que nuestro buen
gobierno nos protege.
Luego:
afirmar que los poetas exageran.

Y como buen final:
tomarse un trago.

Carta a Maria Teresa

Para ti debo ser, pequeña hermana,
el hombre malo que hace llorar a mamá.

Yo me interrogo ahora
¿por qué no he amado sólo
las rosas repentinas,
las mareas de junio,
las lunas sobre el mar?

¿Por qué he debido amar
la rosa y la justicia
el mar y la justicia,
la justicia y la luz?
Fui un niño como todos.
También mi infancia
la atravezaba un río
y tenía una hora misteriosa
en la cual las palomas
a mi alma obedecían.
Pero me preguntaba
¿por qué en mi calle
la alegría es un viento
fugaz e inesperado?,
¿Por qué no siembran trigo
también sobre mi pecho,
si aquí en mi corazón,
todas las noches
se desbordan los ríos?
Por eso fue la noche
el rostro de mi madre,
astro de cera y llanto
en el cielo apagado de mi celda;
por eso me negaron
el Perú en mi desvelo,
y vanamente grito:
devolvedme mi patria,
devolvedme mi escuela de palomas,
mi casa frente al mar,
devolvedme su calle más pequeña;
su lámpara más rota,
su más ciego lugar.
A pesar de todo esto,
para ti debo ser, pequeña hermana,
el fantasma que vuelca
la sal sobre la mesa,
el mal hado que rompe
las puntas de los días:
y es que a ti te hace daño
ver llorar a mamá.
Mas una tarde, hermana,
te han de herir en la calle
los juguetes ajenos;
la risa de los pobres
ceñirá tu cintura
y andando de puntillas
llegará tu perdón.
Cuando esa hora suene
es que amarás las rosas,
las mareas de junio,
el jardín de diciembre
donde los niños van;
es que amarás mis sueños
y mis cosas,

¡Sabrás por qué se rompe
fácilmente
por la mitad el pan!
Cuando esa hora suene
y se empadrine en mi padre mi orfandad,
iremos de la mano
por las calles de Lima,
en trinidad de gozo:
la risa de mamá.

Las Cartas Secuestradas

Tengo en el alma una baranda en sombra.
A ella, diariamente me asomo, matutino,
a preguntar si no ha llegado carta;
y cuantas veces
la tristeza celebra con mi rostro
sus óperas de nada.
Una carta.
Que me escriba una carta la que me hizo
los ojos negros y la letra gótica,
que me escriba una carta aquella amiga
analfabeta de pasión cristiana;
duraznos de mi tierra: que me escriban,
y redacte una carta pequeñita
mi hermana abecedaria y pensativa.
Muertos los de mi infancia
que se fueron
dormidos entre el humo de las flores,
novias que se marcharon
bajo un farol diciendo eternidades,
amigos hasta el vino torturado:
¿No hay una carta para Juan Gonzalo?
Si no fuera poeta, expresidiario,
extranjero hasta el colmo de la gracia,
descubridor de calles en la noche,
coleccionista de apellidos pálidos:
quisiera ser cartero de los tristes
para que ellos bendigan mis zapatos.
Que los cojos me narren su muleta,
y el enfermo me cuente de su almohada,
y me pidan prestada mi sonrisa,
pero en carta de amor certificada.
El día que me muera: ¿en una piedra?
el día que me duerma: ¿en una cama?
que me llenen de cartas la camisa
para asfixiarme de palomas blancas.
También de palomar se muere un hombre,
cuando sabe vivir por una carta.

Nata Natal

“Yo te perdono, Lima, el haberme parido
en un quieto verano
de abanicos y moscas.

Por varias veces fuime
lejos de tu pechuga y conocí avenidas
con el pelo rapado,
divanes consumidos por las pulgas
prendadas de mi cuero; pero también hamacas
colgadas de la luna.

Y en todas partes, Lima, te extrañaba.
Más que pasión
la mía, es tu mala costumbre de quererme
casi sin consultarme, de servirme en la cama
garrafas de agua viva
traídas por doncellas
y pajes malandrines.

Yo te perdono, antigua, tu chochera conmigo,
mi chochera contigo, nuestros ambos cariños
al pie de la mampara.

Tristes reliquias somos
de un hermoso país
que jamás conocimos.”

(De Informe al rey y otros libros secretos)
LIMA PERU

Ojo de sabio

” He gastado en mirar, miradas largas;
en amar, largas vidas largas;
y en alegría nada.
Ya es hora de sentarme a la sombra
de un libro.
Y ser niño.
Por haberme ausentado de la infancia
un sauce está llorando
en todos los espejos de mi casa. “