Sábado, 10 de Diciembre del 2016


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JAVIER HERAUD

Publicado el 21/01/16

El 19 de enero de 1942 nació en Lima el poeta y guerrillero peruano Javier Heraud. Hijo de don Jorge Heraud Cricet y doña Victoria Pérez Tellería, formó parte de una familia de clase media.

Realizó sus estudios primarios y secundarios en el colegio Markham, donde, en el que destacó tanto en competencias deportivas como en los juegos florales de poesía. Ingresó en el primer puesto a la Facultad de Letras de la Universidad Católica del Perú. En 1960 fue nombrado Profesor de Inglés en el Colegio Nacional Nuestra Señora de Guadalupe.

En 1960, publica su primer poemario “El Río”. Ese año mismo año recibió, compartiendo con César Calvo, el Primer premio de literatura en el concurso ” El joven poeta del Perú”. Al año siguiente se afilia al Movimiento Social Progresista (MSP) de tendencia social demócrata.

Por presión de su padre, se matricula en 1961 en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos para estudiar derecho. Ese año publica su poemario “El Viaje”.

En junio de ese mismo año se produjo en él una gran transformación cuando viajó a Moscú, invitado por el forum internacional de la juventud, permaneciendo 15 días en Rusia. Fruto de esa experiencia escribió dos poemas: “En la plaza Roja” “Plaza Roja 1961”. Sin embargo, en 1962 renunció al movimiento social progresista, puesto que consideraba que le faltaba una ideología coherente. “Yo no creo que sea suficiente llamarse revolucionario para serlo”, manifestó. Luego se fue a Cuba para estudiar cine.

Con el propósito de emprender una guerra contra el imperialismo, Javier Heraud retorna al Perú y se adhiere al Movimiento de Izquierda Revolucionaria. El 15 de mayo sostiene un enfrentamiento con la Policía Peruana pobladores de Puerto Maldonado y muere acribillado en el río Madre de Dios.

Obras
• El río (1960)
• El viaje (1961)
• Poesías completas y homenaje (1964)
• Poemas a dos voces (1967) con César Calvo
El Río
1

Yo soy un río,
voy bajando por
las piedras anchas,
voy bajando por
las rocas duras,
por el sendero
dibujado por el
viento.
Hay árboles a mi
alrededor sombreados
por la lluvia.
Yo soy un río,
bajo cada vez más
furiosamente,
más violentamente
bajo
cada vez que un
puente me refleja
en sus arcos.
2
Yo soy un río
un río
un río
cristalino en la
mañana.
A veces soy
tierno y
bondadoso. Me
deslizo suavemente
por los valles fértiles,
doy de beber miles de veces
al ganado, a la gente dócil.
Los niños se me acercan de
día,
y
de noche trémulos amantes
apoyan sus ojos en los míos,
y hunden sus brazos
en la oscura claridad
de mis aguas fantasmales.
3
Yo soy el río.
Pero a veces soy
bravo
y
fuerte
pero a veces
no respeto ni a
la vida ni a la
muerte.
Bajo por las
atropelladas cascadas,
bajo con furia y con
rencor,
golpeo contra las
piedras más y más,
las hago una
a una pedazos
interminables.
Los animales
huyen,
huyen huyendo
cuando me desbordo
por los campos,
cuando siembro de
piedras pequeñas las
laderas,
cuando
inundo
las casas y los pastos,
cuando
inundo
las puertas y sus
corazones,
los cuerpos y
sus
corazones.
4
Y es aquí cuando
más me precipito
Cuando puedo llegar
a
los corazones,
cuando puedo
cogerlos por la
sangre,
cuando puedo
mirarlos desde
adentro.
Y mi furia se
torna apacible,
y me vuelvo
árbol,
y me estanco
como un árbol,
y me silencio
como una piedra,
y callo como una
rosa sin espinas.
5
Yo soy un río.
Yo soy el río
eterno de la
dicha. Ya siento
las brisas cercanas,
ya siento el viento
en mis mejillas,
y mi viaje a través
de montes, ríos,
lagos y praderas
se torna inacabable.
6
Yo soy el río que viaja en las riberas,
árbol o piedra seca
Yo soy el río que viaja en las orillas,
puerta o corazón abierto
Yo soy el río que viaja por los pastos,
flor o rosa cortada
Yo soy el río que viaja por las calles,
tierra o cielo mojado
Yo soy el río que viaja por los montes,
roca o sal quemada
Yo soy el río que viaja por las casas,
mesa o silla colgada
Yo soy el río que viaja dentro de los hombres,
árbol fruta
rosa piedra
mesa corazón
corazón y puerta
retornados,
7
Yo soy el río que canta
al mediodía y a los
hombres,
que canta ante sus
tumbas,
el que vuelve su rostro
ante los cauces sagrados.
8
Yo soy el río anochecido.
Ya bajo por las hondas
quebradas,
por los ignotos pueblos
olvidados,
por las ciudades
atestadas de público
en las vitrinas.
Yo soy el río
ya voy por las praderas,
hay árboles a mi alrededor
cubiertos de palomas,
los árboles cantan con
el río,
los árboles cantan
con mi corazón de pájaro,
los ríos cantan con mis
brazos.
9
Llegará la hora
en que tendré que
desembocar en los
océanos,
que mezclar mis
aguas limpias con sus
aguas turbias,
que tendré que
silenciar mi canto
luminoso,
que tendré que acallar
mis gritos furiosos al
alba de todos los días,
que clarear mis ojos
con el mar.
El día llegará,
y en los mares inmensos
no veré más mis campos
fértiles,
no veré mis árboles
verdes,
mi viento cercano,
mi cielo claro,
mi lago oscuro,
mi sol,
mis nubes,
ni veré nada,
nada,
únicamente el
cielo azul,
inmenso,
y
todo se disolverá en
una llanura de agua,
en donde un canto o un poema más
sólo serán ríos pequeños que bajan,
ríos caudalosos que bajan a juntarse
en mis nuevas aguas luminosas,
en mis nuevas
aguas
apagadas.
Del poemario: “El Río”. Lima. 1960.

Una Piedra
Piedra fría,
solemne piedra
¡si pudieras hablar
en mi costado,
si pudieras cantar en
tu vertiente!
Si desembocaras en un
ancho río,
Y trajeras la paz al
mundo entero,
al cantarte en tus
aguas destiladas,
alma serías en mi
frente oscura,
brazo serías
de mi antigua
cabellera.
Del poemario: ” El Río”. 1960. Lima.

Mi casa
1
Mi cuarto es una
manzana,
con sus
libros,
con su
cáscara,
con su cama
tierna para
la noche dura.
Mi cuarto es el
de todos
es decir,
con su
lamparín que
me permite reír
al lado de Vallejo,
que me permite ver
la luz eterna de
Neruda.
Mi cuarto, en
fin,
es una
manzana,
con sus libros,
sus papeles,
conmigo,
con su
corazón.
2
Por mi ventana nace
el sol casi todas
las mañanas.
Y en mi cara,
en mis manos,
en el dulce
clamor de la luz pura,
abro mis ojos entre la
noche muerta,
entre la tierna
esperanza de
quedar vivo un
día más,
un nuevo día,
para
abrir los
ojos ante la
luz eterna.

Del poemario: “El Río”. Lima. 1960.