Domingo, 4 de Diciembre del 2016


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Hombre transforma pedacitos de caucho en soportes para autos

Publicado el 30/01/16

‘El Barba’ es un emprendedor. Su materia prima son gigantescas llantas en desuso. A punta de ingenio y una cuchilla, él las transforma en soportes y partes para autos, camiones y mototaxis.

Negro es el mundo de ‘El Barba’. Negro caucho, negro llanta. Remoja la cuchilla por segundos en agua fría para que el filo corte como mantequilla esas capas de caucho que antes fueron llantas tamaño elefante y se concentra como un escultor ante la masa informe.
En minutos, transforma esos adoquines color noche en soportes para motores y cajas de cambio.
Dependiendo de la complejidad, ‘El Barba’ se demora entre 3 y 20 minutos en hacer piezas. “Acá hacemos todas las partes de jebe de los carros, soportes, trapecios, hasta muelles, y de todas las marcas”, resume.
Ha trabajado inclusive modelos de Mercedes Benz. Ni qué decir de Hyundai, Kia, Nissan, Toyota, Tico, pan de cada día. Para él es un reto recibir esas piezas gastadas que los clientes traen y, a partir de su ingenio, darles forma.
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Tras el apelativo está Juan de Dios Llanos, trujillano, 30 años, soltero. Desde que era un quinceañero, este es su oficio. Sigue los pasos de su padre, sus tíos, sus primos, que trabajan en ‘La Cincuenta’, la zona de la avenida Túpac Amaru que es el espacio comeño de las autopartes.
Hace cinco años, con el sueño del negocio propio, ‘El Barba’ se independizó y se vino frente al Metro de La Pascana. Trabajó también unos años en un taller de Trujillo, donde se dedicaba a hacer piezas al por mayor. Le daban un modelo y él trabajaba todo el día haciendo todas las réplicas que podía. Ganaba bien, pero se aburrió.
Ahora cada día es un reto. “Acá tienes que estar pensando en cumplir”. ‘El Barba’ es parco de palabras, tímido, pero dice que pronto iniciará familia.
Los jebes son distintos. “Cada uno tiene sus flexibilidades”. Los suaves los utiliza para trabajos más finos y otros, para piezas más duras.
Viene un mototaxista: a su herramienta de trabajo se le ha roto un soporte y la mototaxi anda inclinada. ‘El Barba’ lo revisa y da el diagnóstico, pacta el precio de los servicios y se pone manos a la obra. A veces tiene hasta dos ayudantes, dependiendo del trabajo que haya.
Afila el cuchillo y empieza a cortar, a tornear esas piezas de jebe, calculando, midiendo, consultando con el original, vulcanizando. “Hay que tener mucha precisión”, explica. Pasan varios minutos hasta que finalmente tiene el soporte, lo coloca y el mototaxista se va feliz.
Desde las ocho de la mañana hasta las seis de la tarde este es el trabajo de ‘El Barba’, luego se irá a su casa, se distraerá navegando por internet o hablando con la familia.
‘El Barba’ es feliz transformando esos pedacitos y dándoles forma, casi con amor, hasta crear la pieza que cuide su motor. Y a eso se ha dedicado media vida.
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