Jueves, 8 de Diciembre del 2016


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LUIS HERNÁNDEZ CAMARERO

Publicado el 18/12/15

Nacido en Lima el 18 de diciembre de 1941, Luis Guillermo Hernández Camarero, fue uno de los más originales miembros de la generación poética de los años ’60. Médico de profesión, Hernández dejó de publicar en 1965, tras haberse iniciado con tres poemarios en los que su voz se reconocía nueva y, a la vez, tributaria de los rasgos más valiosos de su promoción. A partir de 1970 rompería su silencio con una heterodoxa práctica: la redacción de innumerables cuadernos en los que su bella caligrafía despliega su verbo luminoso. Ajenos a cualquier intento de edición, los cuadernos que el poeta regalara a sus amistades como signo de su marginalidad y emblema de su rebeldía, constituyeron su único legado y forman parte del volumen que el propio Hernández, antes de su trágica desaparición en Buenos Aires (1977), denominaría VOX HORRÍSONA.

En su fecunda obra el autor toca los infinitos registros del alma humana, convocando el universo entero a su solo canto. Desde Voces Intimas, hasta Una Impecable Soledad irá ampliando el espacio indispensable para su utopía, la topografía exacta de su sueño: un reino interior, solitario y, a la vez, sin límites.

Javier Sologuren (Lima, 1983

 

LUIS HERNANDEZ O UNA ELEGIA A LA SOLEDAD

Felipe Lindo Pérez¡

Luis Hernández Camarero (Lima 1941-Buenos Aires 1977), médico de profesión y poeta por destino, es uno de los más originales que ha dado la literatura peruana. Poeta lúdico, musical y aún hoy joven, dio inicio al radical proceso de transformación de nuestra poesía (tanto en formas, contenidos, y estructuras) que significó la generación del 60. Lucho Hernández, el médico alucinado, políglota y solitario que escribía con plumones de colores en cuadernos escolares y que después regalaba a quien tuviera más cerca, desde el mecánico de su auto, hasta los policías que custodiaban entonces las calles.

Mucho se ha hablado de su condición de solitario y muy poco de los orígenes de su ostracismo. Lucho Hernández, sin embargo, no construyó su condición de marginal. Ella fue producto de una sensibilidad distinta, que no pudo afincarse en los territorios de lo establecido. Su inolvidable personalidad logró trascender su impecable soledad y marcó definitivamente la vida de muchas personas, a las cuales iluminó en cierta forma con sus palabras y sus actos; y sobretodo, mostró el camino hacia la poesía, hacia la posibilidad de entenderla y amarla como él lo hizo. Después de su temprana desaparición, la figura de Luis Hernández ha ido creciendo hasta elevarse casi a la categoría de mito literario. Algunos datos biográficos:

Luis Hernández nació en Lima el 18 de diciembre de 1941 y moriría en las afueras de Buenos Aires el 3 de octubre de 1977. El hogar de la familia quedaba en Jesús María, en la calle 6 de Agosto; típica casa de barrio y punto de reunión obligado de amigos de todas las edades. De esa vida en familia y amistades quedan muchos testimonios entrañables.

Era un niño dotado, de gran inteligencia. Tuvo una educación especial y era muy talentoso. Tocaba la flauta, el violín, y se sabía el ABC de la música clásica. Lector precoz y voraz, omnívoro en todo el sentido de la palabra; a los 8 años sufre una enfermedad que lo obliga a permanecer en cama por dos meses y medio. Lucho leyó muchísimo entonces, sobre todo mitología griega. Sus estudios escolares los hizo en La Salle. A fines de los cincuenta, entra en La Católica a estudiar Psicología; luego viajaría a Alemania por un año. A su vuelta, decide entrar en la Facultad de Medicina de San Marcos (como sus hermanos Max y Carlos) y allí estudiará entre el 1966 y el 1971. En el Boletín del Centro de Estudiantes de Medicina de San Fernando publicó algunos poemas, que los entregaba escritos a mano en pedazos de papel.

A principios del 70 vuelve a sufrir una enfermedad que lo mantendrá recluido varios meses. De esta reclusión nacerá el proyecto de los Cuadernos y la forma en que se desprendería de ellos. Existe una actitud bastante peculiar ante la Medicina como profesión y en particular respecto a los pacientes. Pondría su consultorio privado en Breña (en casa de su amigo, el actor Reynaldo Arenas) y atendería, como médico de barrio, en Jesús María. El poeta Luis La Hoz recuerda: “Su llantas, el estetoscopio colgado de un clavo. Amaba la Medicina, a veces no recetaba nada a sus pacientes, sólo conversaba con ellos…”

En 1971 ya no se sentía bien, tenía una dolencia física y psíquica. Tomaba constantemente analgésicos por una lesión en la espalda, asimismo al parecer sufría de una úlcera duodenal no bien diagnosticada ni tratada. Con el tiempo estos males habrían de recrudecer y asimismo el ánimo del poeta, quien se transforma de un ser “lleno de vida” en una persona distante aún para sus propios amigos. “Fue entonces que lo encontré llorando muchas veces –recuerda Arenas-. Yo le preguntaba qué tenía y su respuesta era ‘mucho dolor’. Pero pienso que su dolor no era físico, era un dolor universal, provocado por sus reflexiones sobre lo absurdo de la condición humana”. A medida que se acercaba su muerte, se fue volviendo más silencioso. A fines del verano de 1977 viajará a Buenos Aires para ser internado en la Clínica García Badaraco. Sobre las últimas semanas de su vida se sabe muy poco, salvo la mención de “cartas devastadoras” recibidas por su compañera Betty Adler, el amor de toda su vida.

El 3 de octubre de ese año, se suicidó arrojándose a un tren en plena marcha, en las afueras de Buenos Aires. La dispersión con que condenó a sus poemas y a su propio cuerpo sugiere una reflexión. Escribió alguna vez Octavio Paz que la vida de un escritor hay que buscarla en su obra. Nada define mejor la existencia y la poesía -inseparables- de Luis Hernández.

Obras

Orilla (1961)

Charlie Melnick (1962)

Las Constelaciones (1965)

Vox Horrísona(1970), que incluye:

Voces íntimas

Naturaleza viva

El curvado universo

El jardín de los cherris

El elefante asado

La novela de la isla

El sol lila

El estanque moteado

Elegías

Al borde de la mar

Ars poética

La avenida del cloro eterno

Una impecable soledad

Elogio de la poesía

Ofrenda lírica

Canción del helio

La playa inexistente

The hour glass

Canciones francesas

Los planetas

Flowers

Último cuaderno

POEMAS

ERIK SATIE

Erik Bendita sea tu soledad,
Esa vaca
Tan difícil de ordeñar,
Tú, que jugaste en las playas
Y que el iodo
Te hizo daño en la piel,
Esa piel tan solitaria.

Erik
Qué pena nos da tu vida
Que la oímos una tarde,
Oh muchacho que partiste
Para siempre regresar.

Y no estás pese a todo
Y a tus pobres gimnastas:
Como pez en el agua
Dónde ahora nadarás:
Si no te vemos: Chau, Erik,
No lloremos:
Dios ponga cabe
A nuestras lágrimas.

A un suicida en una piscina

No mueras más
Oye una sinfonía para banda
Volverás a amarte cuando escuches
Diez trombones
Con su añil claridad
Entre la noche
No mueras
Entreteje con su añil claridad
Por lo que Dios más ame
Sal de las aguas
Sécate
Contémplate en el espejo
En el cual te ahogabas
Quédate en el tercer planeta
Tan sólo conocido
Por tener unos seres bellísimos
Que emiten sonidos con el cuello
Esa unión entre el cuerpo
Y los ensueños
Y con máquinas ingenuas
Que se llevan a los labios
O acarician con las manos
Arte purísimo
Llamado música
No mueras más
Con su añil claridad.

De “La imagen”

Karl Marx

Amado de las flores
Del Convent Garden

Carlos canta

International
Shall de

Así soñaba Vladimir

(“A Carlos Marx”)

Wagner, Richard

Wagner reescribía
Las Sinfonías
De Beethoven
En colores
El sol brilla
Sobre el mar
Y al fondo
Los secretos del
Mar las redes
Los corchos
Las astillas

Tres cantos de amor

1
¿Recuerdas tú
La Primavera?

El claro Sol
Y tú sonriente
Quizás así me amaras

¿Recuerdas tú
Del Sol
El límpido fulgor?
¿Recuerdas el jardín
En flor. Recuerdas
Y entonces las estrellas
En tus ojos
Se ocultaban?

¿Recuerdas tú la niebla
Tú el bosque
Y la sombra
Del árbol
En la noche
La quietud de los mares?

Olvida mejor
La Primavera.

2
Malagua de fresa
Malagua de cherri
Malagua de limón
El azul océano
La mar
En lo alto.

3
De nada me hablas
Pero
El estruendo
De tu corazón
Te oculta

De algo me hablas
Pero el brillo
De tu amor
Me impide.