Domingo, 4 de Diciembre del 2016


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JORGE PIMENTEL

Publicado el 11/12/15

El poeta peruano Jorge Pimentel Vásquez nació en Lima, el 11 de diciembre de 1944. Es hijo mayor del matrimonio de Enrique Pimentel Otero y Victoria Vásquez Cubas. Fundó, junto a Juan Ramírez Ruiz, el movimiento denominado Hora Zero en 1970.

Realizó sus estudios primarios y secundarios en el colegio italiano Antonio Raimondi y, en 1965, ingresó a la Universidad Nacional Federico Villarreal para estudiar letras y literatura.

En 1970 redactó, junto a Juan Ramírez Ruiz, el manifiesto “Palabras urgentes”, en el cual realizan una crítica feroz contra el sistema político imperante: “Hemos nacido en el Perú, país latinoamericano, subdesarrollado, hemos encontrado ágiles ruinas, valores enclenques, una incertidumbre fabulosa y la mierda extendiéndose vertiginosamente”; así como también contra el imperialismo norteamericano: “De un lado los jaleos políticos, domésticos, con sus líderes torpes e ignorantes y de otro lado la sucia y poderosa mano del imperialismo norteamericano manejando a estos y desquiciando la voluntad de un pueblo”. El grupo comparte plenamente los postulados del marxismo-leninismo y celebra la revolución cubana.

No menos drástica es su posición respecto a la poesía en el Perú: “…después de Vallejo sólo ha sido un hábil remedo, trasplante de otras literaturas. Sin embargo es necesario decir que en muchos casos los viejos poetas acompañaron la danza de los monigotes ocasionales, escribiendo literatura de toda laya para el consumo de una espantosa clientela de cretinos”. Frente a esta situación, Hora Zero postula una poesía más próxima a la realidad del Perú: “No queremos que escape nada a nuestro trayecto de hombres momentáneos en la vida. Todo lo que late y se agita tiene derecho al rastro. No queremos que se pierda nada de lo vivo. Proponemos una poesía “fresca”, que se enfrente con nosotros”. Hora Zero tuvo gran repercusión en los medios de comunicación y ganó muchos seguidores en provincias (Pucallpa, Iquitos, Chiclayo, Chimbote, Huancayo, Callao).

En diciembre de 1970 Pimentel publicó su primer libro, Kenacort y Valium 10. Ese mismo año sostuvo un duelo poético con Antonio Cisneros, pues, según los representantes de Hora Zero, éste se había expresado mal del movimiento.

El enfrentamiento se realizó en un recital en el cual estuvieron presentes Chabuca Granda y José Miguel Oviedo, entre otros intelectuales y artistas. Al final, un amigo le disparó con una pistola de fogueo; Jorge simuló como si hubiese sido herido mortalmente. Se trataba de una pantomima previamente acordada.

En 1972 viajó a España donde permaneció dos años. Un año después publicó Ave Soul, libro que incluye Balada para un Caballo, posiblemente su mejor poema.

Luego de dos años en España, retornó al Perú con el objetivo de seguir liderando Hora Zero. Ramírez Ruiz ya se había marchado del grupo y en 1973 Hora Zero se había desintegrado. Tres años después Jorge Pimentel con Tulio Mora relanzan Hora Zero.

En 1973 Jorge Pimentel lanzó el poemario Palomino, que incluye como colofón el texto Confesión Aparte, ensayo acompañado de fotografías del Carlos “Chino” Domínguez. Y en 1992 publicó Tromba de agosto, sobre el cual el connotado escritor chileno dice: “En Tromba de Agosto Pimentel parte de Vallejo (en Ave Soul el punto de partida era la cultura) y llega a una zona oscura en donde intuimos se agitan bultos que son seres humanos. Esos seres humanos en Ave Soul hablaban, explicaban sus historias de folletín, a veces incluso danzaban. En Tromba de Agosto simplemente están allí, como figuras de un mural gigantesco, y lo único que nos comunican es el horror.”

Sus últimos dos poemarios son: Primera muchacha, editado en 1997, y En el Hocico de la Niebla, publicado en el 2007.

“La poesía de Pimentel es vitalista, callejera, áspera, dura. Una porción de ella es repetitiva y mejorable, pero tiene un núcleo central, fulgurante, de enorme calidad que en sus mejores poemas hace olvidar los modelos que se le han invocado, la poesía de los beatniks, la de Whitman, y en nuestro medio, la de Antonio Cisneros, precisamente uno de los blancos favoritos de Pimentel y sus amigos”, comenta el poeta y crítico Marco Martos.

POEMAS ESCOGIDOS

BALADA PARA UN CABALLO

Por estas calles camino yo y todos los que humanamente caminan

por esencia me siento un completo animal, un caballo salvaje

que trota por la ciudad alocadamente sudoroso que va pensando

muy triste en ti muy dulce en ti, mis cascos dan contra

el cemento de las calles. Troto y todo el mundo trata

de cercarme, me lanzan piedras y me lanzan sogas

por el cuello, sogas por las patas, me tienden toda clase

de trampas, en un laberinto endemoniado donde los hombres

arman expediciones para darme caza armados de perros policías

y con linternas, y cuando esto sucede mis venas se hinchan

y parto a la carrera a una velocidad jamás igualada

por los hombres, vuelo en el viento y vuelo en el polvo.

Visiones maravillosas aparecen ante mis ojos. Y vuelo

y vuelo. Mis extremidades delanteras ejercen presión

sobre las traseras y paralelamente y aun mismo ritmo

antes de asentase en el polvo retumban en la tierra.

Relincho. Y mi cuerpo va tomando una hermosísima elasticidad

me crecen pelos en el pecho y es un pasto rumoroso

el que se ondea y es una música y es un torbellino

de presiones que avanzan y retroceden en mi vuelo. Atrás

van quedando millares de kilómetros y sigo libre. Libre

en estos bosques dormidos que despierto con el sonido

de mis cascos. Piso la mala hierba y riego mis orines

calientes, hirviendo en una como especie de arenilla.

Descanso a mis anchas, bebo el agua de los ríos, muerdo hierba

tallos, rumio. Mis mandíbulas se ejercitan. Muevo mi larga cola

espantando a los mosquitos. Los guardacaballos vigilan

desde la copa de los árboles. Caen las hojas secas.

Los días se suceden y suelo dar suaves galopes hacia la vida.

En invierno los senderos se hacen tortuosos; el fango todo lo invade.

Para el frío utilizo cabañas abandonadas, cuevas en los cerros

que me resguarden de las tormentas. Yo observo la lluvia

desde mi cueva. Cae la lluvia y todo lo moja. Con este tiempo

suelo galopar poco cuidándome de un desgarramiento.

Muchas veces me siento solo y llego hasta los helechos

de los ríos para pensar muy dulce en ti muy triste en ti

y voy galopando bordeando el río añorando alguna yegua

que llegó a correr en pareja conmigo. A veces los niños

que vagan sueltos por las campiñas mientras sus padres

realizan tareas de recolección o labranza me montan a pelo

y solemos recorrer ciertas distancias, ganando los años,

aumentándolos. De ellos sí recibo algún trozo de azúcar.

En el verano el sol se pone rojo y se hace presente con su alegría

y los habitantes de los bosques y campos suelen saludarme

con el sombrero y con la mano. Yo les contesto con un relincho

parándome en dos patas. Y con la luz solar que todo lo invade

suelo dar galopes hacia la vida. Allí

donde mi presencia es esperada me hago realidad.

Allí donde ni un sueño se revela me hago realidad

me hago realidad en esos ojos que están cansados

de ver las mismas cosas. Y es en verano cuando la vida

se enciende y mis cascos recogen la hermosura de la tarde

y asciendo a las cumbres donde diviso extensiones

de mar de cielo de tierra.

Mi figura domina la naturaleza.

Cruza por el cielo un escuadrón de tórtolas.

Cae la noche.

Mi sombra se recobra.

Las ramas crujen.

Y por un instante pensé muy triste en ti muy dulce en ti.

Cae la noche en estos bosques, pareciera que la tierra

se difunde con la noche se propaga se manifiesta.

Y toda la noche he ido creciendo. Y crecía y crecía

aún más aún más ¿hasta dónde crecerás?

¿No tienes miedo? No, contesté. Soy libre.

El día, el nuevo día como algo fresco se anuncia solo.

Por esta época del año suelen cruzar manadas

de caballos ahuyentados y en busca de nuevos campos.

Recuerdo que logré darles alcance y me contaron

que lograron salvarse de una cacería emprendida

contra ellos para mandarlos a vivir a un potrero

y que luego de ser sometidos al cubo de agua

y a la alfalfa son obligados en los hipódromos

a correr distancias de 1,000, 2,500, 5,000 mts.

y no eres libre de correr sino que te dopan te colocan

descargas eléctricas, te manosean, te latigan

con una fusta despellejándote. Y así durante

un buen tiempo mientras ves acumuladas alforjas

de oro y plata. Hasta que llegue el momento de ser

sometido a la reproducción arrinconándote a una yegua

a la vista y paciencia de todos, sin intimidad

en una mañana de tinieblas y poca luz y luego

te separarán de tu yegua y potranco y pasarás

tus años inmisericorde como padrillo viejo y cuando

manques te dispararán un balazo en la sien. Ya

había galopado un buen trecho con la manada

que huía despavorida y me dijeron que probablemente

para el invierno pasarían por aquí para ir más

al norte. Y se alejaron a la carrera. Yo sabía

lo que le sucede a un caballo en la ciudad. Y

por ello me mantengo alejado de ella. Pero a veces

me interno y sucede lo que tiene que suceder. Pero si yo

me rebelo y persisto y amo terriblemente mis posibilidades

de realizarme en un medio donde la civilización se mata

y permanecen odios, prefijo ser caballo. Mojaré

la tierra con mis orines calientes hirviendo con estas ganas

inmensas de vivir y me uniré a las manadas para galopar

hacia la vida, para mantenernos unidos y vencer,

para no estar solos, para volvernos verdes-azules-amarillos

anaranjados-rojos y trotar hacia el nuevo aire fresco

y el campo sin límites.

Seré libre así y al menos mis guardacaballos cuidarán de mí

y de mi yegua

y de mi potranco.

(De Ave soul)

MUERTE NATURAL

Me estoy muriendo mordí el anzuelo, caí en las trampas

estúpidamente, y ahora me contradigo con facilidad,

me extravío, me pierdo, y con la luz de un lamparín

cruzo puentes rústicos donde nadie me espera,

donde no hay lugar preciso para mi cara que ya dejó

de ser columpio o lecho de fresas.

Me estoy muriendo, mordí el anzuelo, caí en las trampas

al tratar de entender lo que pasaba

al tratar de medir el alcance del engaño, la crueldad servida,

masivamente, matanzas que desbordaron los océanos

en montañas de cuerdos ofrendado como un sacrificio, como un rito

del que nunca participé, cuando nuestra inquietud

era otra o consistía en entender, si esas sombras dispuestas

al alba, eran para ser besadas, o simplemente para

observar su evolución en la forma cimbreante y espectacular

del relámpago.

Y todas fueron trampas a la larga mortales para nosotros,

sobre todo al tratar de explicarnos las siglas

que se multiplicaban como abanicos, como colas de pavo real.

ESSO ITT IPC GULF UNITED FRUIT SHELL

Adentrándonos en interrogaciones que nos llevaron a descubrir

al culpable de cuanto pudiera estar sucediéndonos.

Y fue como perdimos la nariz, los ojos y nos arrancaron las

extremidades, y perdimos las orejas, otros extraviaron

la risa en la mesa de las operaciones. A mi madre también la

persiguieron hasta que dieron con ella y nunca más

alcancé a verla claramente; la enclaustraron en una oficina.

Tengo noticias que a mi padre lo sacrificaron en una Cia.

de aguas gaseosas. Trabajó hasta su muerte, asta que

decidieron sacrificarlo amarrándole un tigre a la espalda

hasta que chille, y luego ardió y sus cenizas arañaron

las paredes de cualquier cantina repleta de aserrín, de discos

de Paul Anka y la Sonora Matancera, como una despedida

como un último brindis; y aquella fue la hora más solitaria del mundo.