Martes, 6 de Diciembre del 2016


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A los jóvenes de hoy y siempre

Publicado el 18/12/15

DEL PINO

Por: Guillermo Vidalón del Pino

Estas líneas están dirigidas principalmente a los jóvenes, pero también pueden servir de motivo para dialogar con ellos, los adolescentes se encuentran próximos a convertirse en ciudadanos y, por lo tanto, en personas con mayores derechos, pero a su vez con mayores responsabilidades.

Parte de esas mayores responsabilidades están centradas en qué es lo que pensamos acerca de Dios, la Patria y el Hogar. Se dice de Dios que es el principio también y el fin, entendido este último no como el término sino como la finalidad que nos motiva a ser mejores, a buscar siempre el camino de la perfección.  Por el libre albedrío tenemos el derecho de creer o no creer, pero en uno u otro caso, siempre tendremos el compromiso de ser mejores personas y uno se hace mejor persona en el servicio cotidiano al prójimo, ésa es la fórmula para alcanzar el reconocimiento, distinguirse y no distanciarse la mayoría de las personas no son mezquinas, son generosas y confiables.

Con relación a los jóvenes, los adultos (padres) recibimos el encargo de respetar, cuidar y formar sus vidas desde el momento de su concepción, los quisimos y amamos desde entonces, por eso es que se les pide reflexionar sobre sus acciones futuras.  Los padres también aprendimos de los jóvenes, crecimos ambos, por cierto también erramos, a veces fuimos severos en imponer disciplina y junto a ustedes aprendimos a perdonarnos mutuamente.  No todos vivieron una experiencia similar y por eso debemos ver al prójimo con conmiseración.

Algunos padres pueden haber optado por rumbos diferentes, pero ello no es óbice para que la nueva generación construya su camino y ensaye su propio destino. Los jóvenes no deben cargar las mochilas del pasado, tampoco justificar sus acciones en función al contenido de ellas.

La familia, el hogar, es el espacio donde se fortalece la identidad de las personas, los niños y jóvenes amplían sus conocimientos en los centros de enseñanza, allí aprenden a ser tolerantes con las costumbres de los otros y valorar las de sus hogares, es así como se prepara para la vida en sociedad.  En dichas instituciones hay reglas, que se complementan con las del hogar, son los espacios donde se cimienta, en cada uno de nosotros, lo que se denomina el Principio de Autoridad, que implica orden y respeto por el otro, ese otro es el prójimo.

Si en nuestro país todos los ciudadanos respetásemos el Principio de Autoridad, tengamos por seguro que disfrutaríamos de un país desarrollado de primer nivel, porque todos depondríamos intereses particulares en función a la determinación de la autoridad, del mandatario que es o debería de ser el principal servidor de la Nación.

El Principio de Autoridad no se opone a la libertad de pensamiento, ni de creencia, pero sí nos invita a reflexionar sobre el libertinaje. Por eso, antes de tomar una decisión se sugiere hacer el siguiente análisis, busquemos el Justo Medio entre el Exceso y el Defecto, es algo más que filosofía aristotélica, debe convertirse en un ejercicio cotidiano, es tan sencillo como si respecto de una comida que se le ha añadido poca sal, expresamos está desabrida, hay una falta de sal,  hay un defecto de ese insumo; si tiene demasiada sal decimos que está salado, hay un exceso; y, cuando acertamos en el justo medio decimos que está en su punto.  El exceso o el defecto nos hacen caer en error y el error cuando es malintencionado se convierte en compañero de la mentira y amigo del libertinaje, y ambos podrían ser calificados de seguidores del pecado.  En nuestras reflexiones busquemos el justo medio, porque este nos acerca a la certeza, a la verdad; por ende al bien, a la perfección y, para los creyentes a Dios.

Los jóvenes que han tenido una formación académica sólida diferente de la que suelen recibir la mayoría, son privilegiados en una realidad social donde muchos jóvenes no han tenido dicha oportunidad; por lo tanto, tienen un compromiso moral de convertirse en ejemplo de los demás, así como de asumir mayores responsabilidades con los menos afortunados.

Los jóvenes mejor preparados deben distinguirse por el servicio que brinden a sus respectivos países.  Quien recibe más debe entregar más, la competencia es por servir más y mejor, no por distanciarme o separarme de los demás.  Que nuestro entorno social nos distinga porque reconozco nuestra esencia y no los adornos que podamos portar.  Imaginemos cuánto ha servido a los pobladores del mundo el aporte de Bill Gates, el fundador de Microsoft, o de Steve Jobs con la informática o de Mark Zuckerberg con Facebook o los desarrolladores de Whatsapp que ha sobrepasado los 1,000 millones de usuarios.

Jóvenes, un mundo de oportunidades los espera.  No se conviertan en hijos dispendiosos del esfuerzo de sus padres ni de sus maestros.  Los adultos no seamos padres pródigos, porque la Biblia no dice que al hijo pródigo hay que darle más.  Todo lo contrario, al hijo arrepentido, al hijo reflexivo, al que hizo una introspección de sus errores se le recibe con los brazos abiertos, se le brinda una oportunidad, pero no recomienda premiar el error porque eso significa promover las inconductas.

La vocación por el estudio, así como la superación personal es algo que estará presente siempre a lo largo de nuestras vidas, busquemos la verdad.  La historia del conocimiento científico es la negación constante de lo desconocido, de lo presente para incorporar algo nuevo que también pronto estará por fenecer.

Enseñemos a los jóvenes a aprender y que a su vez, enseñen a aprender, porque el presente es dinámico y el futuro siempre será incierto y desafiante, pero llegará.  Jóvenes, sean exitosos en lo personal y en cada una de sus actividades. Aléjense de quienes les ofrezcan soluciones fáciles o caminos cortos para alcanzar la riqueza.  Nunca opten por la violencia ni por el camino de la destrucción.  En mi generación vimos cómo muchos jóvenes se entregaron a causas que desangraron y empobrecieron al Perú y al mundo.  En algunas universidades suele oírse cantos de sirena, déjenlos pasar.

Jóvenes, conversen de su experiencia con quienes las generaciones que los sigan, sean agradecidos con sus padres, maestros, serviciales y humildes con los humildes.  Tienen una vida para construir juntos la patria desarrollada y justa que todos anhelan.