Lunes, 5 de Diciembre del 2016


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USMP presenta publicación: Los costos de la Violencia contra las Mujeres en las Microempresas Peruanas

Publicado el 04/11/15

La violencia contra las mujeres en relaciones de pareja es una pandemia mundial con impactos económicos y sociales para las personas, especialmente para las mujeres. Estimaciones de la Organización Mundial de la Salud (OMS) indican que por lo menos 3 de cada 10 mujeres han sido agredidas física o sexualmente por sus parejas. Sin embargo, encuestas especializadas sobre violencia de género, reportan que el porcentaje de mujeres agredidas es mucho mayor, especialmente para los países andinos de la región como Bolivia, Ecuador y Perú.

En América Latina, las microempresas y los microemprendimientos representan más del 95% de la actividad empresarial y son una fuente importante de empleo y subsistencia para millones de personas, especialmente, para las mujeres.

De acuerdo con esta coyuntura mundial, el Instituto de Investigación de la Facultad de Ciencias Administrativas y Recursos Humanos de la USMP en coordinación con el Programa Regional Combatir la Violencia contra las Mujeres en Latinoamerica (ComVoMujer) de la Cooperación Alemana GIZ presentó la publicación: “Los costos de la violencia contra las mujeres en las microempresas peruanas”, primera estimación nacional de impacto económico de la violencia contra las mujeres en relaciones de pareja en las microempresas formales peruanas.

Para este trabajo se realizó un estudio descriptivo en 10 ciudades de la costa, sierra y selva de nuestro país. De esta manera se llegó a la conclusión que las microempresas peruanas pierden entre 1982 y 2417 millones de dólares al año producto de la Violencia contra las Mujeres (VcM); lo que equivale al 1.2% del PBI nacional.

Se revela además que el 71.2% de dueñas de microemprendimientos formales han sido agredidas por sus parejas al menos una vez en su vida de relación y que las agresiones más frecuentes son las verbales (67.6%), los golpes (44.6%), las agresiones que producen daño físico grave (38.2%), los ataques físicos mientras la mujer trabaja (34.8%), el acoso sicológico mientras trabaja (32.9%), seguidas de la apropiación económica de ingresos del negocio (22.2%), el abuso sexual (19.2%) y el ataque con objetos o armas (17.2%).

En el último mes, el 91.5% de dueñas de microempresas que experimentaron VcM, ha solicitado apoyo o atención, principalmente a familiares y amistades (83.9%), asistencia médica y de salud (57.6%), ha acudido a denunciar en la comisaría (18.6%) y a buscar ayuda en organizaciones especializadas en VcM (7.6%).

Las dueñas de microempresas que han sido agredidas por su pareja en el último mes, tienen principalmente a la pareja como socio (1.5 veces más) y en minoría a colegas y amistades (2.3). Tienen 2.2 veces menos local propio y generan 17.3% menos ingresos por ventas.

También en el último mes, las mujeres que han sido agredidas tienen 5.6 veces más rechazos de créditos, por no contar con la firma de la pareja o por tener desacuerdos con ella. Si consiguen el crédito lo destinan en menor proporción como capital de inversión. Por el contrario, tienen 2.1 veces más retrasos en el pago de cuotas, debido a la atención de enfermedades o emergencias (2.9 veces más). Además, han sido obligadas por sus parejas 5.1 veces más para obtener créditos contra su voluntad.

Las dueñas de microempresas que son agredidas por sus parejas, faltan o no abren su negocio 1.6 veces más porque estaban enfermas o tenían dolencias, 1.6 veces más para atender su salud física y mental en hospitales o centros de salud y 1.5 veces más para atender temas legales, financieros o de trámites si mencionar además los problemas de presentismo, días perdidos, costo de oportunidad y gastos de bolsillo (para atender su salud física o mental).

MICROCRÉDITOS

Durante años se han destinado microcréditos para empoderar económicamente a las mujeres emprendedoras, asumiendo que el empoderamiento disminuye la violencia contra las mujeres. Esto es así porque se cree, mayoritariamente, que la relación entre empoderamiento y violencia es lineal inversa, es decir, que a mayor empoderamiento existe menos violencia.

Sin embargo, es muy probable que a medida que aumenta el empoderamiento, la violencia también aumenta como reacción aunque luego tiende a disminuir. Por ello, es posible distinguir entre dos tipos de microcréditos: el que promueve el empoderamiento y el que produce un efecto contrario y nocivo al esperado o también llamados “agiogénicos”.

Los microcréditos “agiogénicos” mejoran la capacidad de inversión de las mujeres, pero debido a que las entidades financieras desconocen o no toman en cuenta las normas inequitativas de género que tienen sus clientas, pueden aumentar el riesgo de la violencia, la pérdida del capital y el endeudamiento sin capacidad de pago.

En contraste, los microcréditos de empoderamiento están orientados a aumentar el poder de las mujeres mediante el capital de trabajo y, teniendo en consideración a las normas inequitativas de género, las financieras acompañan sus créditos con mecanismos de capacitación, educación y soporte para evitar la aparición de la VcM, involucrando a la pareja o a la comunidad. Las entidades microfinancieras también deben diseñar una hoja de ruta o protocolo para que las/los asesores/as de crédito conozcan cómo detectar, atender y derivar los casos de violencia contra sus clientas.