Jueves, 8 de Diciembre del 2016


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El enfoque de las cosas

Publicado el 20/10/15
Su vida no trascurre entre países, sino entre locaciones. Alexander Neumann: sobre cómo interpretar el mundo desde una cámara.

Alexander Neumann me ha apuntado con un arma por la espalda y me ha dicho «corre». Son las seis y media de la tarde y nos hemos plantado en una esquina de la avenida Benavides con República de Panamá y algunas personas han volteado a vernos. «Corre», ha vuelto a decir, aguardando mi reacción. Y yo he corrido.

El artista tras las portadas de las revistas Vogue, Harper’s Bazaar y Elle; el muchacho distraído y buscapleitos que en el colegio era retirado de los salones de clase; el fotógrafo de quien se dice le pisa los talones a Testino [después de haber trabajado junto con él] ha decidido recrear un robo del que fui víctima hace dos años. Ha pedido detalles. «¿Cómo fue?», insiste. Se los he dado: once y cuarenta de la noche, saliendo del auto, amenaza con arma de fuego por la espalda, escapé corriendo. Él, incrédulo, ha convertido su mano en una pistola; y en plena entrevista se ha detenido un paso detrás para decirme que corra como lo hice aquella vez.

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Hace solo unos años, a él también lo sorprendieron con un arma de fuego al terminar una sesión fotográfica. En aquella ocasión, aunque por su mente pasó la idea de desarmar al ladrón de una patada, cedió ante el peligro. Como consecuencia perdió su equipo de trabajo. Por eso no cree que haya escapado aquella vez, y ha querido recrear el asalto. Corro. Mientras me alejo, veo cómo continúa apuntándome con el brazo extendido. Con un aire entre maquiavélico e inocente, dice: «Igual podría dispararte». Y aprieta el gatillo.

Alexander Neumann pasa la mayor parte de su tiempo entre la finura de la fotografía de modas; es decir, alta costura, cuerpos estilizados, rostros simétricos. Retrata con precisión cirujana. Si las modelos frente a él corrieran el peligro hipotético al cual me veo sometido, no lograrían escapar de la certeza de sus disparos.

Pero, qué sucedería si al artista le toca entender a aquellos que alguna vez han disparado. En 2013 respondió esa interrogante. Con la iniciativa del diseñador de modas francés Thomas Jacob, Alexander se involucró en Pietá, un proyecto que, además de promover la manufacturación de una línea de ropa irreverente a manos de reos, retrata su grisácea vida en diferentes prisiones del país. Si bien en las fotografías no se ve ningún tipo de armamento, se ven los rezagos de una vida como consecuencia de su uso. Para lograr esta tarea, Neumann visitó Lurigancho y Piedras Gordas. En Pietá, Alexander fotografió un mundo marginal alejado de la parafernalia de la moda a la que está acostumbrado. ¿Se puede decir entonces que un fotógrafo es lo que fotografía?

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Nadja Bender está a punto de hacer un topless en Ibiza. Es el verano de 2012, y un sol de casi treinta grados se asoma sobre la isla española. Alexander Neumann enfoca con dos dedos el lente de su cámara.  La modelo danesa camina en línea recta hacia adelante. Alza el mentón. Lleva ambas manos hacia su blusa beige y, con la fuerza de un tirón, la arranca dejando sus pechos al descubierto. El fotógrafo aferra la Nikon a su rostro. Si a través del lente pudiera ver el futuro, advertiría que aquel retrato aparecería en la edición del décimo aniversario de la revista danesa Dansk Magazine, una de las ediciones más importantes desde su creación en 2002. Vería que durante los siguientes tres años fotografiaría a más de una decena de modelos para L’officiel o Centrefold; que trabajaría de la mano de Leva Laguna, ex-Victoria’s Secret o Crystal Renn, supermodelo estadounidense; o que haría famosos paisajes como los de Cusco, el poblado de Maras, el centro de Lima o Barranco. Pero como la vida en la fotografía se mide en segundos de obturación, Alex solo puede contemplar el instante en el que los pechos de la modelo han quedado desnudos frente a él, y ha comenzado a disparar.

Cuando fotografía no dice ninguna palabra. Su forma de comunicarse cambia: si quiere hablar lo hace con ademanes. Y cuando se permite vocalizar durante una sesión de fotos, sus palabras se reducen a mínimas indicaciones que pueden sonar diferente, dependiendo de en qué parte del mundo se encuentre: Norteamérica, to the right; en París, déplacer vers la droite; en el Perú, a la derecha. Si se ahonda con él en una conversación acerca de la complejidad del lenguaje al momento de dirigir a quien se fotografía, él dirá lo siguiente: «Las supermodelos no necesitan mayores indicaciones».

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Y aunque esto sea cierto, no se puede negar que necesitan necesariamente de un cómplice que logre introducirlas en ese mundo paralelo que es la fotografía; aquel que, entre la vivacidad de colores o la oscuridad de un celda, no posee parámetros por los que se rija la identidad de un artista. ¿Es un fotógrafo lo que fotografía? Si es así, entonces Alexander Neumann es la simetría en el rostro de una modelo de pasarela; es Ava Smith posando en el centro de Lima; o Chanel Iman en Barranco en el jirón Tacna. Pero es también la desolación de un preso en busca de libertad. Si un fotógrafo es lo que retrata, entonces él es un joven llamado Renato, que reside entre los reos de buena conducta de Lurigancho y que posa frente a la cámara con un polo color blanco de mangas largas con la palabra ‘huir’ en el pecho; o Jonny, quien con los brazos cruzados, como enmarcando el nombre que se tatúa en su pecho [Samara], lanza una frívola mirada a la cámara.

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Alexander Neumann es, entre otras cosas, el instante que existe entre el enfoque de un objetivo y el tiempo que demora en presionar el disparador para capturar una fracción de la realidad, e inmortalizarla.