Viernes, 9 de Diciembre del 2016


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Unidos a Dios compartimos varios gritos (Parte 2)

Publicado el 20/08/15

Por: Guillermo Vidalón del Pino

En la primera parte, señalé que soy católico y que trabajo en el Sector Extractivo desde hace más de 20 años, y he mantenido tanto mi fe como la dignidad en el trabajo que desarrollo y del cual me enorgullezco porque sé que trabaja en su mejora constante.

Con relación a la preocupación ambiental, soy consciente de que en el pasado se han registrado impactos ambientales en el agua, aire y suelo, son las huellas ocasionadas por la impronta humana, por el ejercicio de nuestro libre albedrío, siendo todos sujetos de la Creación. Pero más grave aún ha sido el impacto de la pobreza en quienes la padecen, ellos beben aguas de fuentes naturales, casi siempre no aptas para el consumo humano, quedando expuestos a diferentes enfermedades. Potabilizar el volumen de agua necesario para atender la demanda social de los desposeídos implica un costo, el cual debe ser sufragado; y, sin generación de riqueza, cualquier opción preferente hacia ellos no podría concretarse.

Asimismo, como consecuencia de la ausencia o la baja calidad de la educación, el cambio cultural para mejor se hace distante. Por eso es que los más pobres no encuentran mejor opción que lanzar sus desechos a los ríos y a los mares, sin tratamiento alguno. Del mismo modo, carecen de servicios adecuados para disponer de sus desperdicios, los cuales terminan desperdigados por sus pueblos, devorados por animales menores. Esas imágenes, difícilmente, se registran en las localidades donde se desarrolla actividad extractiva formal o su presencia es significativamente menor.

Hay sectores que cuestionan el incremento de la actividad extractiva, pero olvidan que responde a una demanda social en favor de la mejora de los niveles de calidad de vida. El incremento de los precios de los metales, en la década pasada, respondió principalmente a que más de 600 millones de personas dejaron su condición de extrema pobreza y pobreza en la China; y, hoy demandan con legitimidad poder adquirir una vivienda, implementarla, comprarse un vehículo, etc. Pero aún resta en dicho país otros 750 millones que tienen una expectativa similar.

En simultáneo, los hindúes, con 1,250 millones de habitantes, presentan el mismo fenómeno. La evolución de ambos países y el crecimiento de las denominadas economías emergentes, así como la recuperación de las recesadas economías del primer mundo, incrementan el consumo de metales y América Latina ha sido partícipe de este proceso. Tanto Chile, como el principal productor de cobre del mundo; como el Perú, en su condición de país polimetálico y mayor productor de oro de Latinoamérica; disminuyeron significativamente las condiciones de pobreza de su población gracias a su industria extractiva y a los encadenamientos productivos que se generaron en función a dicha actividad.

El bienestar que están alcanzando estos también hijos de Dios, quienes representan un tercio de la población mundial (China e India), ha trastocado la economía mundial. Como en pocas oportunidades en la historia universal, los términos de intercambio favorecieron a los países procesadores y proveedores de metales y nos permitió elevar nuestra productividad. El Perú es uno de ellos y hubiese sido injusto privarnos de la oportunidad que representa el disponer de ingentes cantidades de estos recursos para financiar nuestro desarrollo.

Sin lugar a dudas, los habitantes del entorno a las operaciones mineras son importantes, merecen y tienen un tratamiento privilegiado por los estados y las respectivas empresas. Pese a ello, siempre habrá quienes manifiesten oposición a las actividades extractivas. Al respecto, cabe preguntarse si resulta razonable que la decisión de un grupo numéricamente menor sea impuesta a la voluntad, a las visiones de desarrollo de sus respectivas colectividades nacionales.

Dios nos hizo a su imagen y semejanza, con capacidad de raciocinio y entendimiento. En concordancia, indicó a Moisés en el segundo mandamiento “Ama a tu prójimo como a ti mismo”, no significa que una de las partes deba renunciar a su identidad para sojuzgarse en favor del otro. Dios quiere que nos afirmemos en el servicio al prójimo, en el entendimiento con el prójimo. La reflexión basada en la inspiración divina siempre nos conducirá hacia la verdad.

En la industria extractiva acudimos a los procesos de diálogo con la firme convicción de actuar de buena fe. Con la finalidad de hallar puntos de encuentro que generen beneficios para ambas partes. Ciertamente, estos procesos son difíciles y complejos porque también implican renunciamientos y concesiones mutuas.

Como parte de los procesos de diálogo y entendimiento, se ha instaurado la Consulta Previa, así como la Participación Ciudadana y el diálogo en diferentes momentos entre los estados, las poblaciones y las empresas quienes deben actuar como fuerzas centrípetas en favor del desarrollo conjunto.

En ese sentido, la Consulta Previa resulta un proceso democratizador porque fortalecerá el Estado Nacional, pero devendrá en perniciosa si es empleada para establecer una tiranía donde una ínfima minoría busque imponer su voluntad. Por ese motivo es que hacemos un llamado a quienes dicen buscan el diálogo y en simultáneo implementan estrategias centrífugas.

En nuestros procesos de reflexión, de búsqueda de la verdad, también debemos tener presente estas contingencias.

Muchas gracias por leerme. Se autoriza su reproducción (siempre que se respete la autoría del mismo) para que más peruanos seamos conscientes de la importancia de la minería en el proceso de desarrollo y generación de bienestar en el Perú.