Domingo, 4 de Diciembre del 2016


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Papa desciende al infierno carcelario boliviano

Publicado el 09/07/15

Santa Cruz de la Sierra, Bolivia, jul. 09. Unos 120 niños viven con sus padres presos en el penal de Palmasola, el infierno carcelario de Bolivia, donde hace dos años un violento choque entre reos dejó 35 muertos y que el viernes será visitado por el papa Francisco.

El penal fue construido a finales de la década de 1970 en Santa Cruz, capital económica en el este de Bolivia, para albergar a unos 600 presos, aunque hoy cobija a unos 4.800 en situación de hacinamiento por retrasos de la justicia. Un 85% de los detenidos aún aguarda sanción.
En agosto de 2013, un pleito entre reos por pugna de poder dejó 35 muertos, entre ellos un menor, precisamente hijo de un preso.
 
Debido a que el padre o la madre están en prisión, los pequeños no tienen otro lugar donde vivir. La Ley prohíbe que éstos se queden con sus padres, pero el Estado es incapaz de resolver el problema. Hay niños y niñas menores de 6 años que viven en un ambiente hostil para su crecimiento.
– Integridad en riesgo –
“Hemos dicho que la cárcel de Palmasola no es un sitio que ofrezca condiciones para el desarrollo de un niño o niña, porque usted tiene más de 4.800 personas con diferentes delitos y quienes están por delitos de violación son alrededor de 30%”, explicó a la AFP el delegado de la Defensoría del Pueblo, Hernán Cabrera.
La ONG Asamblea Permanente de Derechos Humanos de Bolivia (APDHB) coincide con el diagnóstico sobre la prisión de Santa Cruz.
“Las cárceles son pueblos pobres, dominados por grupos de poder y de represión física que afectan significativamente la vida de una persona”, dijo a la AFP su presidenta, Yolanda Herrera.
“Tenemos niños, niñas y adolescentes que viven en alto nivel de riesgo de ser abusados sexualmente, de vivir en un entorno de agresión y detención permanente”, agregó.
Según una investigación hecha años atrás por la Asamblea Permanente de Derechos Humanos en otra cárcel boliviana, los niños suelen asumir la prisión como propia.
Los propios menores se expresan como procesados y dicen que ‘su abogado no les está atendiendo en sus casos’, que ‘nuestra causa sigue pendiente’, o que ‘seguimos presos, porque el abogado no ha actuado’, indicó Herrera.
Cuando el padre o la madre ha salido libre, el niño o la niña que se ha acostumbrado al clima carcelario, le dice: “Volvamos a casa”, en alusión a la prisión, refirió.
– El papa en el infierno –
El papa Francisco visitará Palmasola el viernes, en una misión pastoral que lo llevó primero por Ecuador y lo trasladará luego a Paraguay.
“Es un hecho significativo, un elemento muy expresivo de la visión que tiene el papa sobre su ministerio, de su atención a todos los componentes de la sociedad, a los que sufren, a los que están en situaciones difíciles”, ha dicho el portavoz del Vaticano, Federico Lombardi.
La anunciada presencia del pontífice provocó un sismo en la justicia boliviana, que a marchas forzadas trabajó en procesos de aceleración de sentencias. También dio un aire de esperanza a los presos y a instancias que velan por los derechos humanos, clamando justicia.
Jimmy Condori, dirigente de los internos, dijo recientemente que esperan que el papa intervenga para obtener “igualdad jurídica, mejora en la alimentación, en la salud y programas de verdadera rehabilitación”.
“Ojalá que el papa venga todos los años para generar cambios en el sistema penitenciario”, expresó por su parte el delegado Cabrera, de la Defensoría.
– Palmasola, una de tantas –
Palmasola es un ejemplo de lo que se vive en todas las cárceles del país.
Según la Defensoría, Bolivia tiene la mayor cantidad de presos sin sentencia en toda Latinoamérica, con 84%, seguido de Paraguay que tiene 71% en esta situación.
Además, la capacidad carcelaria de Bolivia es de 5.000 personas, pero distribuye 15.000 presos en todos sus penales, aunque el gobierno aclara que esta cifra bajó por recientes indultos.
El presidente Evo Morales aplicó varios decretos de absolución de presos tratando de beneficiar a madres con niños, ancianos y personas con enfermedades terminales, pero el infierno sigue allí.